Me encuentro otra vez viajando, pero si sea posible quiero continuar nuestro estudio de Pablo, cuya vida está por terminar según lo que sabemos. Hemos hablado como estaba suelto de la prisión en Roma, donde lo dejamos al fin del libro de los Hechos, por un tiempo, durante el cual escribió los libros de 1 Timoteo y Tito. Pero ahora, leyendo el libro de 2 Timoteo, entendemos muy bien que fue encarcelado de nuevo. De las circunstancias y por qué no sabemos nada pero supongamos que era por su testimonio de Cristo que ofendió el pagano emperador Romano Nero.
Entre las dos cartas de 1 y 2 Timoteo, no había muchos años pero si había cambios bastante grandes. En la primera carta, vemos la casa de Dios en su orden; en la segunda carta, la casa de Dios está en desorden. Vemos esto en el primer capítulo; “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo”. Se sabe por este versículo que otras si habían avergonzado del hombre encarcelado y de su testimonio del Señor Jesús. “Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.” No dice que abandonaron al Señor Jesús, sino al apóstol Pablo. Y así vemos en el día de hoy; los principios que Pablo enseñaba son poco apreciados entre los cristianos de hoy en día. Los principios que hemos meditado en otros estudios, como por ejemplo el llamamiento celestial, el silencio de las mujeres en la asamblea, y el lugar fuera del campamento, son cosas que han sido puestos a un lado en la profesión cristiana en el día de hoy. Así esta carta nos da instrucción para tal día, como el día de hoy.
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” ¿Hay mucho poder mostrado entre los cristianos en el día de hoy? No, no hay pues en el día de ruina, la marca es una marca de debilidad, y no de poder. ¿No es Dios igual que siempre? Sí, claro, y este versículo nos enseña que individualmente todavía tenemos el espíritu, no de cobardía, sino de poder, amor, y dominio propio. Puede haber poder individual sobre Satanás, sobre la carne, sobre este mundo, otorgado por Dios mismo. ¿Y amor, no hay amor? Si hay amor, pero como el Señor Jesús dijo “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” Pero no es por nosotros usar esto por pretexto de no amar a nuestros hermanos o al mundo muriendo en sus pecados, pues Dios nos ha dado individualmente el espíritu de amor. ¿Hay dominio propio en el mundo? No, no hay, y hasta entre cristianos los principios de comportarse como cristianos han caído mucho. Pero puede haber dominio propio entre los que caminan por fe, como hacia Timoteo. “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti.”
Es posible que Timoteo se sintiera muy solo, porque tantos habían abandonado al apóstol y por eso, a él le habían abandonado también. Quizás por eso Pablo le hace recordar que no todos eran del mismo ánimo. “Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día.” No dudo que fue muy difícil por Onesiforo encontrar a Pablo en la prisión. No es probable que hubiera una lista con direcciones para que los amigos encontraren sus conocidos en aquel penal oscuro y frío. Pero con diligencia le buscaba, con el deseo de consolar y animar al apóstol en aquel lugar solitario. Indudablemente Pablo apreciaba mucho el sacrificio que Onesiforo hizo para descubrirle. Estas noticias deberían haber también animado a Timoteo, que a pesar de que muchos habían abandonado al apóstol, no fue todos. Timoteo caminaba con pocos, pero había algunos. Así también es por nosotros. Son pocos los congregados al nombre de Cristo, pero son algunos.
Continuamos con este libro tan bonito la semana que entra, Dios mediante.