MEDITACIONES

de     P. F.

Josué y los gigantes, hijos de Anac  *

Josué 11:21–23*

“(11:21) También en el mismo tiempo vino Josué y destruyó los Anaceos de los montes, de Hebrón, de Debir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó á ellos y á sus ciudades.  (11:22) Ninguno de los Anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gath, y en Asdod.  (11:23) Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme á todo lo que Jehová había dicho á Moisés; y entrególa Josué á los Israelitas por herencia, conforme á sus repartimientos de sus tribus: y la tierra reposó de guerra”.   Josué 11:21–23


“Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat. Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto”.  Aquí en Números 13:21-22 somos introducidos a los hijos de Anac, a través de las primeras espías enviadas por Moisés.  Vivian en la ciudad que llegó a ser llamado Hebrón, que quiere decir “comunión”.  Abraham habitaba anteriormente en este lugar y andaba en comunión con Jehová.  Satanás siempre pone obstáculo al ser humano tener comunión con su Dios y así vemos como las espías veían a los hijos de Anac como un obstáculo insuperable.  “Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac”.

Según estas espías, diez de las cuales carecían totalmente de la fe en Jehová su protector, los hijos de aquel gigante, aunque solo eran tres, eran capaces de conquistar los ejércitos del Dios viviente y todopoderoso.  “Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”.

Con estas palabras de incredulidad, causaron a los hijos de Israel rebelar con Moisés, Josué, y Caleb y producía resultados demasiado tristes.  En aquel tiempo, Josué con Caleb intentaron persuadir el pueblo que Jehová era más potente.  “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. Entonces toda la multitud habló de apedrearlos”.

“Nosotros los comeremos como pan” dijo Josué en aquel entonces.  En nuestro capítulo leemos “También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los anaceos de los montes de Hebrón, de Debir, de Anab, de todos los montes de Judá y de todos los montes de Israel; Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod”.  Eran “pan” para Josué confiando en Jehová.  Muchos años después, un joven llamado David, salió en fe contra otro hijo de Anac que quedaba en Gaza, el filisteo Goliat, cuando todo Israel y su rey Saúl temblaron con miedo.  La victoria era suya y conocemos el resto de la historia.

Hay gigantes, o grandes obstáculos en este mundo para que nosotros, cristianos en el día de la gracia, no caminemos en Hebrón, o sea, comunión con nuestro Dios.  Puede ser relaciones familiares, puede ser la carne personal y algunos hábitos malos, puede ser los trajines de la vida.  ¡Que el Señor Jesús nos conceda la victoria por fe como tenía Josué sobre los hijos de Anac!

FELIPE FOURNIER
28 agosto de 2017