Alianza de Jabín contra Israel
Completa victoria de Israel
(11:10) Y tornándose Josué, tomó en el mismo tiempo á Hasor, é hirió á cuchillo á su rey: la cual Hasor había sido antes cabeza de todos estos reinos. (11:11) E hirieron á cuchillo todo cuanto en ella había vivo, destruyendo y no dejando cosa con vida; y á Asor pusieron á fuego. (11:12) Asi mismo tomó Josué todas las ciudades de aquestos reyes, y á todos los reyes de ellas, y los metió á cuchillo, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado. (11:13) Empero todas las ciudades que estaban en sus cabezos, no las quemó Israel, sacando á sola Asor, la cual quemó Josué. (11:14) Y los hijos de Israel tomaron para sí todos los despojos y bestias de aquestas ciudades: pero á todos los hombres metieron á cuchillo hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida.
(11:15) De la manera que Jehová lo había mandado á Moisés su siervo, así Moisés lo mandó á Josué: y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado á Moisés.
Josué toma toda la tierra
(11:21) También en el mismo tiempo vino Josué y destruyó los Anaceos de los montes, de Hebrón, de Debir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó á ellos y á sus ciudades. (11:22) Ninguno de los Anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gath, y en Asdod. (11:23) Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme á todo lo que Jehová había dicho á Moisés; y entrególa Josué á los Israelitas por herencia, conforme á sus repartimientos de sus tribus: y la tierra reposó de guerra”.  Josué 11:1–23
Efesios 6:10–20
Cómo ser victoriosos
Hemos visto como Josué, mandado por Jehová, hizo una destrucción total de los cinco reyes del sur de Israel, incluso los reyes de Jerusalén y Hebrón, lugares que más tarde iban a ser importantes en la historia de Israel. Ahora en nuestro capítulo vemos Josué e Israel combatiendo con los reyes del norte de Israel. Y son unos enemigos muy potentes; “Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, mucha gente, como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra. Todos estos reyes se unieron, y vinieron y acamparon unidos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel”. Israel no tenía “muchos caballos” y ni siquiera un “carro de guerra”. ¿Cómo iban a pelear con estos enemigos tan fuertes, siendo ellos nada más unos simples soldados? “Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel …”.
Hay algo aquí que se nota acerca de estos caballos de guerra. “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria”. Así dice Salmo 20:7 y nos hace recordar que lo que se ve acerca de la fuerza humana no cuenta en las batallas con el enemigo nuestro, Satanás. Los caballos a menudo hablan de la fuerza humana y Jehová no quiso que Josué usara los caballos, pues fuera necesario que se confiara en Jehová, y no en sus armas. “desjarretarás sus caballos, y sus carros quemarás a fuego” dijo Jehová y aunque nos parece cruel así hacer a los caballos inocentes cojos, tiene su lección espiritual, pues siempre en el ser humano, aun el pueblo de Dios, hay la tendencia de no caminar por fe sino por vista. El caballo hasta la segunda guerra mundial era un animal de mucho servicio militar e Israel, como vemos después en Salomón, tenía la tendencia de confiar en “el brazo de carne” en vez de Jehová su Dios. “Con él es el brazo de carne, mas con nosotros Jehová nuestro Dios para ayudarnos, y pelear nuestras batallas” dijo Ezechîas, rey de Judá en otro día, cuando no podía confiar en caballos ni carros de guerra, pues no los tenía. Lo que decía Moisés en Deuteronomio 17 acerca del rey que iban a tener después de heredar la tierra era “Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino”. Pero ¿Qué hizo Salomón? “Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes…Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y lienzos. Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento cincuenta”. Conocemos la tristeza de Salomón, el rey con tantas bendiciones, apartando de Jehová y adorando a ídolos. Su desobediencia a la palabra de Dios revelado por Moisés era lo que le conducía en parte a su caída.
Como cristianos en el día de la gracia, nuestras batallas no son del carácter de las batallas de Josué e Israel, pero podemos ver como la obediencia a la voz de Jehová garantizaba a Josué la victoria complete sobre sus enemigos, aunque eran enemigos como mucho equipo mejor que Josué tenia. ¿Cuál es nuestra batalla y cuáles son sus armas? Esto nos enseña Efesios 6. “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Estos huestes espirituales no vemos y están en lugares celestiales; eso no quiero decir que están en el tercer cielo donde mora Dios, pero están en el aire y tienen a veces entrada a la presencia de Dios como vemos en 1 Reyes 22:19 “Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? Él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; vé, pues, y hazlo así”. En esta ocasión, los espíritus demonios eran siervos voluntarios para hacer caer al rey demasiado malo Acab. Pero son los mismos que tratan de tropezarnos a nosotros los cristianos; lo bueno es que Dios es por nosotros y el Señor Jesucristo hace intercesión por nosotros para guardarnos de caer.
Las armas vemos detalladamente en Efesios 6; “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.
Acaso la semana que viene haremos algunos comentarios sobre estos versículos.
21 agosto de 2017