Pase un tiempo alegre con mis hermanos en Lima, Peru, y también con Eduardo, Maricel, L., y P. en la ciudad de Mexico esta semana pasada y me siento como el Señor Jesús mostraba su misericordia en todo mi viaje. Ya estoy en casa de nuevo y quiero repartir algo de la pregunta que me hizo la hermana Maricel en cuanto los pies descalzados. Había cuatro hermanos diferentes que me contestaron, dos en inglés y dos en español, cada uno con un punto de vista un poco diferente pero cada uno con algo de valor, me parece, y voy a tratar de hacer resumen de sus pensamientos, sin repetir todo lo que escribieron.
Del hermano Jesús G. de Mission, Tejas: En el tiempo de Moisés, los esclavos no traían zapatos; solo los amos, y que lo que el Señor quería enseñarle a Moisés es que des de este momento él iba a ser un siervo de Dios. No dudo que esto tiene su valor, recordando que lo que Jehová compartió con Moisés en el principio de sus mandamiento era la historia en Éxodo 21 del siervo perfecto, profecía del mismo Señor Jesús: “Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre … su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre”.
Del hermano Josué C. de Lima: “Pero veamos que propósito tiene el calzado: Éste sirve para proteger los pies del contacto con la tierra, polvo, lodo, piedras, etc. En el encuentro, Dios le pidió a Moisés que se quitara esta protección porque quería que tuviera los pies en la tierra, en todos los sentidos. Los zapatos representan el “caminar propio”, y en esta ocasión Dios le pidió a Moisés, en cierta forma, que dejara atrás sus propios planes para asumir el rol que Dios estaba por encargarle.
Sigue: El Señor le ordena a Josué “Quita el calzado de tus pies”, el calzado es figura de nuestro andar. Recordemos que Jesús lavó los pies a sus discípulos. Aunque seguimos a Jesús, a veces nuestros pies se ensucian en éste peregrinar terrenal, y debemos ir al Señor para que éstos sean limpiados y ejercitarnos en el Espíritu y en Su Palabra para andar por el camino de la santidad. «Quita el calzado» Esta fue una orden (imperativo). Quitarse las sandalias era una señal de respeto, apertura o adoración. ¡Josué estaba muy familiarizado con este relato!
Del hermano Stan F. de Walla Walla, WA, EU: En ambos casos (Moisés y Josué) la tierra o el lugar que es santo se menciona. Esto parece corresponder a la idea de un cristiano que toma temas sagrados, como la persona y obra de nuestro Señor Jesucristo. Cuando una persona que está acostumbrada a usar los zapatos y los quita para caminar en el suelo natural, la ternura de sus pies requiere que se camine muy cuidadosamente, mientras que con los zapatos puestos, uno puede pisar sin tener mucho cuidado y casi no se nota la superficie en que uno anda. Cuando hablamos de cosas que se refieren a la persona y la obra de Cristo, también necesitamos “quitarnos los zapatos” para recordarnos a nosotros mismos que estamos en “Tierra Santa” y tener mucho cuidado de no ir más allá o distorsionar la revelación que tenemos en las escrituras en cuanto a Quién es él o Qué ha hecho. Necesitamos ser sensibles a lo importante que es de ninguna manera disminuirle. Si llegamos a pensar que él es menos de lo que nuestras Biblias le revelan que sea, y tal vez guíe a otros en esa dirección, y nos estaremos dirigiendo al error de la naturaleza más grave. Que el Señor nos mantenga de hablar a la ligera palabra de aquél de quien se dijo: “por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:35
Del hermano Lon H. de Los Angeles, California: Todo creyente en Cristo sabe que este mundo está arruinado por el pecado. El pecado está en todas partes. El creyente, purificado de sus pecados, lavado como en Juan 13:10, necesita tener sus pies lavados debido a la profanación. “Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis ... ”. Ahora, pues, los santos del Antiguo Testamento no fueron traídos a este lugar. Sin importar la bendición, hubo una distancia entre ellos y su Dios. Aún así, Jehová era santo.
La sandalia, una para cada pie, era un artículo de ropa usada para proteger los pies. La sandalia fue siempre en contacto con este mundo y así fue ensuciada o contaminada por ella.
En el primer caso en que Jehová habló a Moisés y le dijo: “No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”. Los zapatos profanados de Moisés no podían estar en el suelo sagrado donde estaba Jehová. Moisés tuvo que mostrar reverencia y probablemente quitó sus sandalias apresuradamente. La ley aún no se había dado.
Esta ocurrencia era similar con Josué, en la tierra prometida; era después de que la ley fue dada a los hijos de Israel. Así que vemos todavía la misma distancia. La ley no cambió esto (no acercaba el hombre a la santidad de Dios). El privilegio cristiano (de acercarse a la presencia de Dios Santo) tuvo que esperar la venida del hijo de Dios como hombre. “Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió á Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo. Y Josué lo hizo así”.
Así que, si sea Moisés, antes de guiar a los israelitas fuera de Egipto, o Josué, llevándolos a tomar la tierra del enemigo, de pie en la presencia de Jehová tuvo que aprender de su santidad de Jehová y que las sandalias usadas en este mundo tuvieron que ser quitadas. No hubo cambio en las sandalias.
El hermano Lon continuaba con algo bonito de las sandalias de la esposa en Cantares, hablando proféticamente de la nación de Israel en un día venidero cuando será hecho santa para el Rey, el Señor Jesús. Pero confieso que la parte que más me impresionaba era eso acerca del Señor Jesús, el único que andaba en este mundo sin ser contaminado, ni aun por sus sandalias tocando esta tierra contaminada.
Del hermano Lon: Ahora el último que quiero comentar es la indignidad que Juan el Bautista se sentía con respecto a ese humilde lugar de desatar las sandalias de Jesús. Véase Juan 1:26 y 27; “Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado”. Aquí había uno que no tenía que quitar su sandalia y Juan el Bautista sintió que era indigno de hacerlo. Este fue su testimonio a los sacerdotes y levitas de Jerusalén que fueron enviados por los judíos.
Espero que ustedes mis queridos amigos puedan disfrutar estos pensamientos compartidos de otros hermanos. ... .
10 septíembre de 2017