Canaán distribuida por suertes
Caleb pide y recibe a Hebrón
“Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón …”
Tengo que pensar que los pensamientos de Josué volvieron a recordar aquel tiempo hace tantos años cuando él y Caleb se encontraron con tanta incredulidad en contra. Sus hermanos los otros espías habían dicho “Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac”. Números 13:22-33 Pero Caleb, al hablar estos 45 años después a Josué, dice con toda la confianza de una fe que no había disminuido “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas”.
El monte era el lugar llamado Hebrón. La palabra quiere decir “comunión”. Era una ciudad muy vieja con una historia larga que tiene mucho que ver con Abraham y sus descendientes. “Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto”. Números 13:22 Era el lugar donde Abraham edificó un altar después de apartarse de Lot. “Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová”. Génesis 13:18 Era el lugar de la muerte y sepultura de Sara. “Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla”. Génesis 23:2 Era el lugar donde había salido Jose a buscar sus hermanos. “E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem”. Génesis 37:14 Y ahora, en los días de Josué y Caleb, era la residencia de los temidos anaceos.
Vemos tan claramente en estas ilustraciones como podemos entender y participar de la comunión con Dios y con su hijo Jesucristo. Entendemos por el ejemplo de Abraham que Hebron es el lugar de adoración, relacionado con la separación del amor del mundo, el mundo que Lot amaba que le costaba su comunión con Dios. La muerte y sepultura de Sara nos hace pensar de algo similar, que este mundo es un lugar de muerte que nos quiere separar eternamente de la comunión con el Padre y el Hijo. Del lugar santísimo de comunión con su padre en la eternidad pasado salió el Hijo, el Señor Jesucristo, como José salió para ir a ver a sus hermanos. Es este lugar que Caleb, el hombre que cumplió siguiendo a Jehová. “Mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios”.
En cierto sentido podemos decir que Caleb, desde el momento 45 años antes, nunca había olvidado de aquel lugar de Hebrón donde el notaba, no los enemigos que allí estaban, sino las uvas abundantes que había en aquel lugar. Así Caleb tenia su espíritu renovado día tras día por todo el tiempo en el desierto con la memoria de aquel lugar y la promesa de Dios que iba a darle aquel mismo lugar. Muchos obstáculos, si había. Pero valia la pena seguir a Jehová hasta tener el objeto. ¡Que animo por nosotros pensar de aquel lugar de comunión que es accesible a nosotros también, si queremos compartir con nuestro Dios todos sus pensamientos según su hijo! ¿Hay obstáculos? Claro que sí, pues todo en el mundo es en contra. “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. 1 Juan 2:15-17 No es aquí la salvación del alma de que se trata, sino de la comunión en la vida diaria que se nos describe en el capítulo 1 de 1 Juan. “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido”. Podemos decir, dentro de la capacidad que había en el antiguo testamento, que Caleb disfrutaba de “gozo completo”.
Indudablemente el corazón de Josué se llenaba de gozo, viendo a su viejo compañero todavía fuerte para recibir y disfrutar de la herencia tanto tiempo esperado. “Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel”.
8 octubre de 2017