Josué reúne y allenta a Israel
(8:35) ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?
| (8:36) | Como está escrito: | |
| Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: | ||
| Somos estimados como ovejas de matadero. |
(8:37) Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. (8:38) Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, (8:39) Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romans 8:31-39
Ayer fui a Mexicali a visitar la pequeña asamblea del Ejido Independencia Económica y no tuve tiempo de escribir, pero hoy estoy esperando un vuelo en el aeropuerto y quería compartir algo que conversé con un hermano en la ida. Me parece que se puede relacionar con nuestro estudio de Josué y lo que informaba a los líderes de Israel cuando estaba a punto de morir. Se nota como habla de la tierra; “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado”.
Se explica que las naciones paganas fueron botadas de la tierra por su idolatría. Pero si Israel fuera desobediente también, juntándose con los mismos ídolos de las naciones, la promesa de Dios era “perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado”. En Oseas 9:1-3 leemos “No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo. La era y el lagar no los mantendrán, y les fallará el mosto. No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda”. Muy importante es darse cuenta de que la tierra era y es la tierra de Jehová. Israel custodiaba o era mayordomo de la tierra, pero no era su dueño. Perdieron el mayordomeo por su desobediencia e idolatría.
Justo hoy día leí como los palestinos están haciendo protestas porque el presidente de los EU ha declarado que se reconoce a Jerusalén como la capital de Israel. Los palestinos han declarado “Jerusalén es nuestra desde la eternidad”. Pero en el año 1967 el ejército de Israel ganó en la batalla contra los soldados de Jordan y tomaron la posesión de toda la ciudad y lo que se llama el banco oeste del Jordan. En tantas palabras, podemos decir que Israel tiene posesión, pero no tiene título. Ellos dicen que sí, y los EU prácticamente ha declarado lo mismo. Nosotros como cristianos y estudiantes de la palabra de Dios, sabemos que ellos en verdad no pueden tener el título a la tierra sin reconocer el rey, su Mesías, nuestro Señor Jesucristo. Solo por medio de él van a obtener el título en verdad.
¿Cómo se relaciona esto con nosotros, cristianos en el día de la gracia? Eso es lo que el hermano que me acompañaba a Mexicali me explicaba ayer. Este versículo en Romanos 8 siempre me ha confundido; “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. ¿Cómo podemos ser “más que vencedores”? En Cristo no solo hemos ganado, sino hemos recibido el título. “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”. Romanos 8:15-17 “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. Efesios 1:11 “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios”. 1 Pedro 1:3-5
Así somos garantizadas una herencia celestial y somos “más que vencedores” porque ya tenemos el título. “Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”. Efesios 1:13-14. Podemos decir que el Espíritu Santo morando en nosotros es nuestro título a la herencia celestial que pronto vamos a tener por medio de “la redención de la posesión adquirida” o sea, la venida del Señor Jesús por los suyos.
11 diciembre de 2017