Estoy aqui en Tijuana durante la conferencia donde estudiamos con mucho provecho Romanos 8. Algunos de ustedes no podian recibir el estudio de la semana a traves de las fotos que adjunte. Asi que, esta semana vuelvo a enviar un estudio que hice hace varios anos pues me recorde despues del primer estudio Biblico aca donde hablamos sobre la lectura de la palabra de Dios como un habito de la vida. Al fin, adjunto el estudio otra vez de la semana pasada para los que no lo recibieron.
“Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová”. Génesis 13:1-4
Vemos en el viaje a Egipto una senda de desgracia para Abram y su familia. Fue hecho por que supuestamente no había suficiente comida en la tierra de Palestina, el lugar donde Jehová había llevado a Abram. Pero no había mandato de Jehová que Abram fuera a Egipto; esto fue nada más algo que brotó en su mente como algo recomendable por las circunstancias. Así la jornada en Egipto fue a través de la vista y no por la fe y resultaba en consecuencias graves. Todo el tiempo en Egipto, no se nota que había un altar a Jehová. Además, Abram había llevado a su sobrino Lot, quien nunca recuperó de la visita a Egipto. Se le pegaba en la mente de Lot que agradable era no depender de la lluvia para la vida. El agua del rio Nilo y del rio Jordan le parecía mucho más confiable. Para decirlo así, Lot en Egipto perdió el deseo de vivir por la fe.
Pero estoy desviando un poco de mi tema, y eso es el altar familiar. Vemos como Abram, regresado de Egipto, volvió a su altar e invocó al nombre de Jehová nuevamente. Otra vez en el capítulo 13 vemos como Jehová renovó su promesa a Abram, lo cual resultó en la construcción de otro altar. “Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré. Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová”.
Para mí, el altar habla de un lugar o sea un tiempo constante y repetitivo en la familia de leer la palabra de Dios y orar juntos. Es una cosa difícil hacer, pues siempre hay obstáculos en nuestras vidas agitadas, pero es una cosa de suma importancia. Si pensamos que una hora el día domingo es suficiente para mantener nuestras almas en comunión con el Señor, estamos muy equivocados. Abram en Egipto no tenía altar, pero prosperaba económicamente. Hay algunos que creen que la prosperidad económica es una reflexión de la prosperidad espiritual, pero no fue así con Abram y tampoco con Lot. Abram fue restaurado a Jehová después de volver de Egipto. Reestableció su relación con Jehová con el altar. Pero Lot, miembro de su familia, nunca fue restaurado.
La fe tiene que ser alimentada diariamente por la lectura de la Biblia y comunión con el Señor. Si no, llegamos a ser como Lot, que veía las cosas a través de sus ojos naturales y no lograba caminar en el lugar de separación del mundo. En verdad, Lot fue tragado por el mundo y perdió todo, llegando a ser padre de Ammón y Moab, enemigos hasta el día de hoy de los descendientes del hijo Isaac de Abram. Que el Señor nos ayude, hermanos y hermanas, mantener el altar familiar y el lugar de acercamiento al Señor. Si usted no es cabeza de una familia, aún debe haber el altar familiar aunque no sea nada más que usted mismo. Será de bendición para usted, y también para sus hermanos que van a observar los resultados de una vida practicada en la presencia del Señor.
Del hermano Jesús G. de Mission, Tejas: En el tiempo de Moisés, los esclavos no traían zapatos; solo los amos, y que lo que el Señor quería enseñarle a Moisés es que des de este momento él iba a ser un siervo de Dios. No dudo que esto tiene su valor, recordando que lo que Jehová compartió con Moisés en el principio de sus mandamiento era la historia en Éxodo 21 del siervo perfecto, profecía del mismo Señor Jesús: “Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre … su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre”.
Del hermano Josué C. de Lima: “Pero veamos que propósito tiene el calzado: Éste sirve para proteger los pies del contacto con la tierra, polvo, lodo, piedras, etc. En el encuentro, Dios le pidió a Moisés que se quitara esta protección porque quería que tuviera los pies en la tierra, en todos los sentidos. Los zapatos representan el “caminar propio”, y en esta ocasión Dios le pidió a Moisés, en cierta forma, que dejara atrás sus propios planes para asumir el rol que Dios estaba por encargarle.
Sigue: El Señor le ordena a Josué “Quita el calzado de tus pies”, el calzado es figura de nuestro andar. Recordemos que Jesús lavó los pies a sus discípulos. Aunque seguimos a Jesús, a veces nuestros pies se ensucian en éste peregrinar terrenal, y debemos ir al Señor para que éstos sean limpiados y ejercitarnos en el Espíritu y en Su Palabra para andar por el camino de la santidad. «Quita el calzado» Esta fue una orden (imperativo). Quitarse las sandalias era una señal de respeto, apertura o adoración. ¡Josué estaba muy familiarizado con este relato!
Del hermano Stan F. de Walla Walla, WA, EU: En ambos casos (Moisés y Josué) la tierra o el lugar que es santo se menciona. Esto parece corresponder a la idea de un cristiano que toma temas sagrados, como la persona y obra de nuestro Señor Jesucristo. Cuando una persona que está acostumbrada a usar los zapatos y los quita para caminar en el suelo natural, la ternura de sus pies requiere que se camine muy cuidadosamente, mientras que con los zapatos puestos, uno puede pisar sin tener mucho cuidado y casi no se nota la superficie en que uno anda. Cuando hablamos de cosas que se refieren a la persona y la obra de Cristo, también necesitamos “quitarnos los zapatos” para recordarnos a nosotros mismos que estamos en “Tierra Santa” y tener mucho cuidado de no ir más allá o distorsionar la revelación que tenemos en las escrituras en cuanto a Quién es él o Qué ha hecho. Necesitamos ser sensibles a lo importante que es de ninguna manera disminuirle. Si llegamos a pensar que él es menos de lo que nuestras Biblias le revelan que sea, y tal vez guíe a otros en esa dirección, y nos estaremos dirigiendo al error de la naturaleza más grave. Que el Señor nos mantenga de hablar a la ligera palabra de aquél de quien se dijo: “por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:35
Del hermano Lon H. de Los Angeles, California: Todo creyente en Cristo sabe que este mundo está arruinado por el pecado. El pecado está en todas partes. El creyente, purificado de sus pecados, lavado como en Juan 13:10, necesita tener sus pies lavados debido a la profanación. “Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis ... ”. Ahora, pues, los santos del Antiguo Testamento no fueron traídos a este lugar. Sin importar la bendición, hubo una distancia entre ellos y su Dios. Aún así, Jehová era santo.
La sandalia, una para cada pie, era un artículo de ropa usada para proteger los pies. La sandalia fue siempre en contacto con este mundo y así fue ensuciada o contaminada por ella.
En el primer caso en que Jehová habló a Moisés y le dijo: “No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”. Los zapatos profanados de Moisés no podían estar en el suelo sagrado donde estaba Jehová. Moisés tuvo que mostrar reverencia y probablemente quitó sus sandalias apresuradamente. La ley aún no se había dado.
Esta ocurrencia era similar con Josué, en la tierra prometida; era después de que la ley fue dada a los hijos de Israel. Así que vemos todavía la misma distancia. La ley no cambió esto (no acercaba el hombre a la santidad de Dios). El privilegio cristiano (de acercarse a la presencia de Dios Santo) tuvo que esperar la venida del hijo de Dios como hombre. “Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió á Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo. Y Josué lo hizo así”.
Así que, si sea Moisés, antes de guiar a los israelitas fuera de Egipto, o Josué, llevándolos a tomar la tierra del enemigo, de pie en la presencia de Jehová tuvo que aprender de su santidad de Jehová y que las sandalias usadas en este mundo tuvieron que ser quitadas. No hubo cambio en las sandalias.
El hermano Lon continuaba con algo bonito de las sandalias de la esposa en Cantares, hablando proféticamente de la nación de Israel en un día venidero cuando será hecho santa para el Rey, el Señor Jesús. Pero confieso que la parte que más me impresionaba era eso acerca del Señor Jesús, el único que andaba en este mundo sin ser contaminado, ni aun por sus sandalias tocando esta tierra contaminada.
Del hermano Lon: Ahora el último que quiero comentar es la indignidad que Juan el Bautista se sentía con respecto a ese humilde lugar de desatar las sandalias de Jesús. Véase Juan 1:26 y 27; “Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado”. Aquí había uno que no tenía que quitar su sandalia y Juan el Bautista sintió que era indigno de hacerlo. Este fue su testimonio a los sacerdotes y levitas de Jerusalén que fueron enviados por los judíos.
17 septíembre de 2017