Josué sucede a Moisés
(27:18) Y Jehová dijo á Moisés: Toma á Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; (27:19) Y ponerlo has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación; y le darás órdenes en presencia de ellos. (27:20) Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezcan. (27:21) Y él estará delante de Eleazar el sacerdote, y á él preguntará por el juicio del Urim delante de Jehová: por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él, y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación. (27:22) Y Moisés hizo como Jehová le había mandado; que tomó á Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote, y de toda la congregación: (27:23) Y puso sobre él sus manos, y dióle órdenes, como Jehová había mandado por mano de Moisés”. Números 27:12–23
Hemos estado estudiando la vida de Moisés por más que un año. Posiblemente consideremos algunos puntos en el libro de Deuteronomio, el libro de recordatorio del peregrinaje por el desierto antes de cerrar nuestro estudio de Moisés y su vida. Por ahora, reflexionamos sobre el líder del pueblo que iba a seguir a Moisés.
“Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. Y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos”. Indudablemente esta memoria dolía a Moisés y se arrepentía mucho de lo que había hecho aquel día cuando en su enojo y frustración pegaba la roca en vez de hablar a la roca como Jehová lo había dicho. Pero no escuchamos de su boca ninguna palabra de queja sobre el gobierno de Dios. Ademas, vemos la gracia de Dios mostrado en las palabras “Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel”. El corazón de Moisés siempre había sido por el pueblo y podemos estar seguros que sus últimos pensamientos eran de agradecimiento a Jehová por la grandeza de sus dones al pueblo rebelde y desobediente, dándoles la tierra prometida a pesar de todo su comportamiento por los años en el desierto. No olvidamos tampoco que Moisés era uno de los dos que estaban en el monte de la transfiguración con el Señor Jesús. “Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalén”. Lucas 9:30-31.
Escuchamos ahora las palabras humildes y significantes hablado por Moisés al escuchar de la cercanía de su partida. “Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor”. No había en Moisés el egoísmo tan común entre los seres humanos. Podemos decir que era este pueblo que le costó la entrada en la tierra. “También le irritaron en las aguas de Meriba; y le fue mal a Moisés por causa de ellos, porque hicieron rebelar a su espíritu, y habló precipitadamente con sus labios”. Un hombre egoísta hubiera dicho “Son culpables de la pérdida de la herencia mía. ¡Que tengan un líder según su deber”! Pero no, no fue así. Moisés quería que tuviesen un varón pastor que se cuidaría del pueblo de Dios. ¡Que buen ejemplo por nosotros de la humildad y el secreto a una vida feliz!
Ayer estaba conversando con un hermano acerca de las relaciones matrimoniales, como tanto depende de este espíritu de Moisés. El mundo nos enseña que el secreto de la felicidad consiste en amarse y creerse, o sea, el egoísmo. Pero la aplicación de tal principio siempre resulta en el caos en un matrimonio y en todas las relaciones en general. El mejor ejemplo, por supuesto, tenemos en el Señor Jesús. “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí”. Romanos 15:1-3 Moisés buscaba el bienestar y futuro del pueblo a pesar de lo que había pasado, mostrando “el Espíritu de Cristo” aunque no conocía ni hubiera podido conocer a Cristo como nosotros lo conocemos. “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”. 1 Pedro 1:10-12
En Josué halló Moisés la persona que buscaba, que no es una gran sorpresa, dado el testimonio de aquel hombre a través de los años en el desierto, que él y Caleb sufrían cuando el pueblo no quiso entrar en la tierra. “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca”. Josué no era igual a Moisés en su cercanía a Jehová; en verdad, no había otro hasta el mismo Señor Jesús que era ejemplo de un hombre cuya vida honraba a Dios y caminaba con Dios como Moisés. Pero su dignidad se puso sobre Josué, para que el pueblo le rindiera semejante honra como a Moisés.
23 octubre de 2016