Ley de los votos
(30:3) (30:4) Mas la mujer, cuando hiciere voto á Jehová, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su mocedad; (30:4) (30:5) Si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare á ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. (30:5) (30:6) Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones, con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y Jehová la perdonará, por cuanto su padre le vedó.
(30:6) (30:7) Empero si fuére casada, é hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma; (30:7) (30:8) Si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare á ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será. (30:8) (30:9) Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y Jehová lo perdonará”. Números 30:1–8
Otra vez he tardo en escribir estudio por motivo de una visita a la pequeña asamblea en Mexicali, donde pasamos un tiempo grato con los pocos hermanos allá, congregados al nombre del Señor. Pero mientras viajamos yo con el hermano Douglas J., le hice la pregunta según estos versículos de los votos en Números 30, pues estaba leyendo allí con fin de aprender algo más sobre los últimos momentos de la vida de Moisés. Creo que vale la pena meditar lo que el hermano me mencionaba, algo que había escuchado antes pero se me fue de la mente.
“Habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado. Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca. Mas la mujer, cuando hiciere voto a Jehová, … si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será. 8 Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y Jehová la perdonará”.
Israel había hecho un voto, voto solemne y fuerte, aunque ignorante de sus consecuencias. Este voto era “Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos”. Hemos visto en muchos estudios como este voto para nada podían guardar o cumplir. En cierto sentido el pueblo de Israel hizo otro voto cuando Cristo estaba sobre la cruz. “Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”. Mateo 27:25 Pero Cristo en la cruz, escuchando su voto, lo hizo nulo. “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Lucas 23:34 Nosotros también participamos de los gloriosos resultados de este dicho, pues aunque no éramos judíos, éramos también lejos de Dios, lejos de cumplir nuestra responsabilidad para con Dios nuestro creador. Hablando precisamente de la nación de Israel, es muy importante ver como Dios es más grande de su fracaso.
El hermano Douglas añadió algo que antes no creo haber escuchado y les escribo lo mismo. En el libro de Mateo leemos como los líderes judíos vinieron a Jesús diciendo “¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera”. Mateo 19:3-9
Leemos en Ezequiel 16:30-32 “¡Cuán inconstante es tu corazón, dice Jehová el Señor, habiendo hecho todas estas cosas, obras de una ramera desvergonzada, edificando tus lugares altos en toda cabeza de camino, y haciendo tus altares en todas las plazas”! La idolatría de Israel lo hizo como la mujer adúltera. Pero Dios no es Dios “de duro corazón” como Jesús dijo que eran ellos y así sabemos que viene el día cuando la nación ha de ser restaurado como el pueblo terrenal, escogido de Dios, por supuesto sobre la misma base que nosotros; la sangre preciosa del Cordero de Dios, derramada en la cruz por mano de ambos gentiles y judíos. Somos también culpables de su muerte, y somos también recipientes de su infinita gracia, nuestros pecados perdonados todos. “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Efesios 2:1-9
¡Gloria a su nombre!
19 noviembre de 2016