El pueblo promete obedecer
(24:3) Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todos los derechos: y todo el pueblo respondió á una voz, y dijeron: Ejecutaremos todas las palabras que Jehová ha dicho. (24:4) Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. (24:5) Y envió á los mancebos de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y sacrificaron pacíficos á Jehová, becerros. (24:6) Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y púsola en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. (24:7) Y tomó el libro de la alianza, y leyó á oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. (24:8) Entonces Moisés tomó la sangre, y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre de la alianza que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.
(24:9) Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; (24:10) Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. (24:11) Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel: y vieron á Dios, y comieron y bebieron.
(24:12) Entonces Jehová dijo á Moisés: Sube á mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarlos. (24:13) Y levantóse Moisés, y Josué su ministro; y Moisés subió al monte de Dios. (24:14) Y dijo á los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos á vosotros: y he aquí Aarón y Hur están con vosotros: el que tuviere negocios, lléguese á ellos”. Éxodo 24:1–14
Con varios viajes y la visita de mi familia y la conferencia en Los Ángeles, me ha sido difícil escribir un estudio semanal este diciembre, pero hoy día pienso continuar con nuestro estudio de Moisés. Hace dos semanas notamos como Moisés tenía el privilegio de ser intermediador entre el pueblo y Dios, así llegando a ser cierto prototipo de Cristo.
“Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos. Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él”. No era que Moisés era más digno o más santo que los demás; eso era la gracia de Dios que había escogido a Moisés como su mediador. Hay que notar quien más le acompañaba a cenar en la presencia de Jehová, Dios de Israel. Era Aarón y dos de sus hijos y los setenta líderes de las tribus de Israel. ¿Se acuerda de estos dos hijos mayores de Aarón, Nadab y Abiú? Primero leeremos algo más de los grandes privilegios que tenían.
“Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron”.
¿Cuántos desde aquel tiempo han tenido semejante experiencia? Solo podemos imaginar la gloria de esta escena, y la comunión que disfrutaron, cenando y bebiendo en la misma presencia de Dios. Uno pensaría que la vista de tal gloria tendría un efecto que nunca se puede borrar. Pero leemos en Levítico 10: “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová”. El fuego extraño era fuego que no era de altar de bronce, el altar donde ofrecían los sacrificios por el pecado. Habiendo estado estos varones en la misma presencia de Dios tres veces santo, uno hubiera pensado que nunca se atreviesen acercarse a Jehová afuera del modo que les había sido enseñado. Pero no, lo que vieron con sus ojos no era suficiente para perseverarles. Así la Biblia nos enseña “sin fe es imposible agradar a Dios”. Hebreos 11:6
Recién un hermano nuevo en la fe me dijo “yo quiero que Dios me enseñe su presencia o que me hable en una forma milagrosa”. Entiendo su deseo de “ver”, pues a ninguno de nosotros nos agrada vivir solo por fe; ¡queremos ver! Pero tenemos tantos ejemplos en la Biblia de los que vieron cosas extraordinarias y fenomenales pero eso no era suficiente para provocar en ellos la fe. El ejemplo de Nadab y Abiú debe ser otra prueba que solo podemos vivir por fe.
Pero volviendo atrás en nuestro capítulo, veremos algo más de la locura del pueblo después de escuchar una buena parte de los requisitos de la ley. “Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho ... Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. ¡Que triste ignorancia de sus corazones y la debilidad de la carne para obedecer! Ellos volvieron a prometer después de saber algo más de tan rígido y difícil iba a ser cumplir con toda la ley (que era mucho más que los diez mandamientos.)
Notamos el carácter de los sacrificios que hizo Moisés. Eran sacrificios de paz, no por el pecado pues todavía la ley no se había dado oficialmente y así faltaba todavía “la trasgresión”. “Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresión“. Romanos 4:15 Además, había sangre rociado, pero no era sangre propiciatoria. “Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo”. Hebreos 9 nos explica un poco más. “Porque habiendo leído Moisés todos los mandamientos de la ley á todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, y lana de grana, é hisopo, roció al mismo libro, y también á todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado”. Esta sangre, no siendo de un sacrificio por el pecado, era más bien una marca del testamento, o sea, el acuerdo que habían hecho para ser obediente. Era para hacerles recordar que la falta de obediencia iba a tener por su consecuencia … LA MUERTE. Así la sangre aquí se habla no de salvación, sino del juicio. ¿Por qué entonces hay cristianos hoy en día que quieren ponerse debajo de la ley? Otra vez, Romanos 4:15 dice “Porque la ley obra ira”.
3 enero de 2016