Jetro visita a Moisés
(18:7) Y Moisés salió á recibir á su suegro, é inclinóse, y besólo: y preguntáronse el uno al otro cómo estaban, y vinieron á la tienda. (18:8) Y Moisés contó á su suegro todas las cosas que Jehová había hecho á Faraón y á los Egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. (18:9) Y alegróse Jetro de todo el bien que Jehová había hecho á Israel, que lo había librado de mano de los Egipcios. (18:10) Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los Egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los Egipcios. (18:11) Ahora conozco que Jehová es grande más que todos los dioses; hasta en lo que se ensoberbecieron contra ellos. (18:12) Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios: y vino Aarón y todos los ancianos de Israel á comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.
Moisés nombra jueces
(18:27) Y despidió Moisés á su suegro, y fuése á su tierra”. Éxodo 18:1–27
La semana pasada vimos como el encuentro con el suegro de Moises anticipa el milenio. Esta semana veremos como el consejo de Jetro no era de todo la mente de Dios.
“Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde”?
Parece aquí que Jetro se interesaba mucho en el bienestar de su yerno. Veía la dedicación de Moisés para sentarse a escuchar las quejas y desacuerdos del pueblo todo el día y le parecía demasiado. Pensaba que Moisés debía simpatizar de si mismo y buscar ayuda. En cierto sentido podemos decir que muchas veces es bueno dividir el trabajo entre varios. El Señor Jesús, por ejemplo, usaba todos los discípulos para distribuir los panes y peces para alimentar a los cinco mil. Pero por otro lado, suena como Jetro estaba hablando con Moisés en la misma forma que Pedro hablaba con el Señor Jesús en Mateo 16:22 “Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca”. Jetro, en tantas palabras, decía a su yerno que tuviera compasión de sí mismo. “Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo”.
Pero el cuidado del pueblo era un trabajo que Jehová le había dado a Moisés. Si Dios da un trabajo, también provee la fuerza para hacerlo. Más tarde Moisés iba a escribir las mismas palabras “como tus días tu fortaleza”. Deuteronomio 33:25 En nuestro capítulo Jetro hizo la sugerencia de poner muchos capitanes para gobernar el pueblo. Moisés hacia según la sugerencia de Jetro, y tenemos que decir que los principios de lo que califica a uno capaz de liderar eran muy buenos. “Escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia”. Pero aparentemente las cosas no cambiaron mucho. Moisés seguía avisando al pueblo acerca de sus preguntas, pues algún tiempo después (no sabemos con seguridad cuanto tiempo) Moisés se quejaba a Jehová acerca de la carga del pueblo, usando casi las mismas palabra de Jetro. “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía”. Números 11:14
Vemos mejor en Números lo que Jehová hizo después de las quejas de Moisés; “Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo”. Números 11:16-17 Un hermano lo explicaba así: Había más maquinaria pero no había más poder. Jehová tomaba el espíritu que estaba en Moisés y lo dividía entre los setenta ancianos.
Así vemos como no hay nadie que puede decirnos cuál es la senda correcta por nosotros, sino a través de la palabra inspirada de Dios, la Biblia. Jetro decía lo que parecía buena según la sabiduría humana, pero Dios le había dado a Moisés el espíritu y sabiduría suficiente para sostener el pueblo. Era el trabajo que Jehová le había entregado, un trabajo si acordamos que Moisés estaba muy lento al principio de aceptar, dando siete excusas porque no podía. Pero ya que había entregado todo a Jehová y que había visto su poder tan obviamente mostrado, Moisés confiaba y recibía el espíritu suficiente para obedecer. Los consejos del suegro, humanamente hablando, eran buenos consejos, pero no eran las instrucciones de Jehová. Tengamos cuidado, hermanos, antes de avisar a nuestros hermanos, que lo que decimos sea según la palabra de Dios, y que se les concede siempre que viva cada uno por su fe y ejercicio personal. “¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su señor está en pie, ó cae: mas se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle”. Romanos 14:4
22 noviembre de 2015