Herencia de las hijas
(27:6) Y Jehová respondió á Moisés, diciendo: (27:7) Bien dicen las hijas de Salphaad: has de darles posesión de heredad entre los hermanos de su padre; y traspasarás la heredad de su padre á ellas. (27:8) Y á los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia á su hija: (27:9) Y si no tuviere hija, daréis su herencia á sus hermanos: (27:10) Y si no tuviere hermanos, daréis su herencia á los hermanos de su padre. (27:11) Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia á su pariente más cercano de su linaje, el cual la poseerá: y será á los hijos de Israel por estatuto de derecho, como Jehová mandó á Moisés”. Números 27:1–11
Es con ánimo que leemos estos versículos de unas mujeres de fe que no quisieron perder su herencia a través de los fracasos y debilidades de sus antecedentes. “Vinieron las hijas de Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa; y se presentaron delante de Moisés y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo de reunión, y dijeron: Nuestro padre murió en el desierto; y él no estuvo en la compañía de los que se juntaron contra Jehová en el grupo de Coré, sino que en su propio pecado murió, y no tuvo hijos. ¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre”.
Después de tanto rebeldía y fracaso que hemos leído en nuestros estudios sobre la vida de Moisés, que bueno es ver en estos cinco hermanas, cuyos nombres todos son recordados en la santa palabra, que en una fe refrescante y excelente vinieron a buscar su herencia de la tierra prometida. Hemos visto ya como algunos hace 38 años habiendo buscado otro capitán para volver a Egipto; hemos visto muchas quejas que Moisés aguantaba con oraciones fervientes a Jehová para no destruir al pueblo. Hemos visto pecados graves de personas de Core que quisieron el sacerdocio y no respetaron al liderazgo establecido por Jehová. ¡Que refrigerio tenemos ahora para ver cinco mujeres, respetando el liderazgo pero atrevidas en su fe que buscaron todo lo que Dios había prometido y no querían perder por ser mujeres! Nos hace pensar de varias otras mujeres en las Escrituras, que enseñaron la misma fe y nunca fueron decepcionadas: Ana, la mama de Samuel, 1 Samuel 1; Rahab, la ramera de Jericó, Josué 2; Rut, la moabita; Maria, la madre de Jesús; Elizabeth, la madre de Juan Bautista; la mujer cananea que pidió que su hija fuera curada del demonio, Mateo 15:21-28. Hay más, indudablemente, pero esta lista es suficiente para ver como Dios recompensa la fe, sea en gentil o judío.
Y así es ahora entre el pueblo de Dios, que anima al alma ver a jóvenes o mayores que no están satisfechos de simplemente saber que son salvos, pero quieren ejercitarse en la senda de la fe. Ellos enseñan el gran deseo de leer la palabra de Dios por ellos mismos, de meditarla, y compartir con otros. Son fervientes en la oración, buscando el bienestar y bendición de otros en vez de ser siempre ocupados con si mismo. Desean asistir las reuniones y escuchar, compartir, y disfrutar la herencia de la fe, sea recibida por padres o por otros. Y nosotros padres y abuelos, ¿tenemos este mismo gran deseo de compartir nuestra fe con nuestros hijos? No sabemos nada de Zelofehad, pero tengo pensado que aunque era pecador y “en su propio pecado murió” estoy seguro que compartía con sus hijas un vivo deseo de entrar y heredar la tierra. Aunque el mismo no iba a entrar, animaba a sus hijas de anhelar aquella tierra de herencia.
Moisés, indudablemente animado por la petición, quedó por el momento confundido, pues tal situación no se le había sido presentada antes, pero sabía a donde ir para buscar la solución. “Y Moisés llevó su causa delante de Jehová”. ¡Que sencillo se presenta la respuesta a su dificultad! Que nosotros tengamos el mismo refugio cuando algo se nos presenta, que nos acerquemos al trono de gracia para obtener la sabiduría. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:16
La respuesta de Jehová era preciosa. “Jehová respondió a Moisés, diciendo: Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas”. Dios nunca será deudor a nadie que le busca a través de la fe. Es una cuenta bancaria que siempre tiene fondos y no se puede sobre gastar con esta cuenta.
Dios mediante, la semana que viene consideremos lo que sigue acerca de las condiciones de la herencia que fue puesta como responsabilidad sobre estas hermanas, pero no creo que lo tomaron mal.
10 octubre de 2016