Israel destruye al rey Arad
Simbólica serplente de bronce
(21:7) Entonces el pueblo vino á Moisés, y dijeron: Pecado hemos por haber hablado contra Jehová, y contra ti: ruega á Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. (21:8) Y Jehová dijo á Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre la bandera: y será que cualquiera que fuere mordido y mirare á ella, vivirá. (21:9) Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera, y fué, que cuando alguna serpiente mordía á alguno, miraba á la serpiente de metal, y vivía.
(21:10) Y partieron los hijos de Israel, y asentaron campo en Oboth. (21:11) Y partidos de Oboth, asentaron en Ije-abarim, en el desierto que está delante de Moab, al nacimiento del sol.
(21:12) Partidos de allí, asentaron en la arroyada de Zared. (21:13) De allí movieron, y asentaron de la otra parte de Arnón, que está en el desierto, y que sale del término del Amorrheo; porque Arnón es término de Moab, entre Moab y el Amorrheo.
(21:14) Por tanto se dice en el libro de las batallas de Jehová:
| Lo que hizo en el mar Bermejo, | |
| Y en los arroyos de Arnón: |
| (21:15) | Y á la corriente de los arroyos | Que va á parar en Ar, | Y descansa en el término de Moab. |
| (21:17) | Entonces cantó Israel esta canción: | Sube, oh pozo; á él cantad: |
| (21:18) | Pozo, el cual cavaron los señores; | Caváronlo los príncipes del pueblo, | Y el legislador, con sus bordones. |
(21:19) Y de Mathana á Nahaliel: y de Nahaliel á Bamoth: (21:20) Y de Bamoth al valle que está en los campos de Moab, y á la cumbre de Pisga, que mira á Jesimón.
Israel derrots a los amorreos
| (21:27) | Por tanto, dicen los proverbistas: | Venid á Hesbón, | Edifíquese y repárese la ciudad de Sehón: |
| (21:28) | Que fuego salió de Hesbón, | Y llama de la ciudad de Sehón, Y consumió á Ar de Moab, | A los señores de los altos de Arnón. |
| (21:29) | ¡Ay de ti, Moab! | Perecido has, pueblo de Chêmos: | Puso sus hijos en huída, | Y sus hijas en cautividad, | Por Sehón rey de los Amorrheos. |
| (21:30) | Mas devastamos el reino de ellos; pereció Hesbón hasta Dibón, | Y destruimos hasta Nopha y Medeba. |
(21:33) Y volvieron, y subieron camino de Basán, y salió contra ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei. (21:34) Entonces Jehová dijo á Moisés: No le tengas miedo, que en tu mano lo he dado, á el y á todo su pueblo, y á su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón, rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón. (21:35) E hirieron á él, y á sus hijos, y á toda su gente, sin que le quedara uno, y poseyeron su tierra. Números 21:1–35
Maria muerta, Aarón ya “reunido con su pueblo”, Moisés sigue solo con la carga del pueblo de Israel, sabiendo que el mismo no va a poder entrar en la tierra; se puede imaginar que su ánimo pudiera haber sido muy bajo. Pero sus problemas con el pueblo rebelde no habían cambiado. “Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”.
¿No hemos sentido nosotros algo semejante, viendo las dificultades del camino? Anoche leí con mi esposa en nuestra lectura de la noche Juan 16. El último versículo me era de ánimo reflexionar. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33 Hay algunos que predican que el que sigue Jesús tendrá riqueza y salud, pero las escrituras no apoyan tal enseñanza. “En el mundo tendréis aflicción” es lo que dijo Jesús a sus discípulos y es algo que todavía se aplica. Pero además “en mi tengáis paz” y “confiad, yo he vencido al mundo” son también verdades que nos anima y nos da la fuerza de continuar en la senda a pesar de las grandes dificultades que puede haber.
Hay algo en lo que dijeron los Israelitas que me pega muy fuerte; “Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”. Había pan, pero ya se cansaron del pan que caía del cielo seis días de la semana, tanto que dijeron “no hay pan”. Lo que en el principio “su sabor como de hojuelas con miel” (Éxodo 16:31) ya era “pan tan liviano”. El mana era prototipo del Señor Jesús en su humildad y gracia, visto en su vida aquí en el mundo en los cuatro evangelios, Mateo, Marcos, Lucas, y Juan. Es la comida para el desierto, algo que necesitamos mucho en el día de hoy. ¿Estamos cansados de la lectura de los evangelios? Dijo Jesús “Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre ... ”. Juan 6:50-51 ¡O amados amigos, que nunca llegue el día cuando para mi este mana sea “pan tan liviano”! “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30 Así debe de ser el amado Señor Jesús siempre a nuestras almas. Es el enemigo que quiere hacernos menospreciar “las hojuelas con miel” para que sean “este pan tan liviano”.
No nos sorprende lo que sigue, ni imagino que sorprendió a Moisés. “Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel”. La serpiente astuta había engañado a la primera mujer en el principio. Las varas de los magos de Egipto habían transformado a ser serpientes, demostraciones del poder de Satanás. Y ahora, las serpientes ardientes causan la muerte de muchos Israelitas rebeldes. Dijo Jesús “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Es el carácter de Satanás matar, destruir y robar. Dios a veces lo usa para ejecutar su juicio sobre el hombre, y así era en nuestro capitulo.
Pero hay algo hermoso que viene después de esta rebeldía. “Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes”. La desobediencia y rebeldía resulta en el juicio de Jehová. Pero como hemos visto una y otra vez, el pueblo de Israel, a pesar de haberse pedido y sometido a la ley, nunca estaba cien por ciento debajo de la ley pues se mezclaba con la gracia. El arrepentimiento visto aquí, a rara vez hemos notado pero aquí parece que era sincero y profundo y Jehová contestaba con una seña tan maravillosa y bella. “Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía”.
¡Como hemos gozado de la profundidad de este prototipo de Cristo en la cruz! El nuevo testamento nos aclara su prototipo en una forma tan clara que nadie puede equivocar de su sentimiento y verdad. “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Las serpientes mordían al pueblo y la serpiente en el asta era el remedio. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”.
Creo que vale la pena meditar sobre esta escena un poco más, quizás la semana que viene.
7 agosto de 2016