MEDITACIONES

de     P. F.

Moisés y las aguas amargas  *

Éxodo 15:22–27*

Canto triunfal de slabanza

“(15:1) ENTONCES cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron:
      Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente,
              Echando en la mar al caballo y al que en él subía.
(15:2)    Jehová es mi fortaleza, y mi canción,
            Y hame sido por salud:
            Este es mi Dios, y á éste engrandeceré;
            Dios de mi padre, y á éste ensalzaré.
(15:3)    Jehová, varón de guerra;
            Jehová es su nombre.
(15:4)    Los carros de Faraón y á su ejército echó en la mar;
            Y sus escogidos príncipes fueron hundidos en el mar Bermejo.
(15:5)    Los abismos los cubrieron;
            Como piedra descendieron á los profundos.
(15:6)    Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en fortaleza;
            Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.
(15:7)    Y con la grandeza de tu poder has trastornado á los que se levantaron contra ti:
            Enviaste tu furor; los tragó como á hojarasca.
(15:8)    Con el soplo de tus narices se amontonaron las aguas;
            Paráronse las corrientes como en un montón;
            Los abismos se cuajaron en medio de la mar.
(15:9)    El enemigo dijo:
            Perseguiré, prenderé, repartiré despojos;
            Mi alma se henchirá de ellos;
            Sacaré mi espada, destruirlos ha mi mano.
(15:10)  Soplaste con tu viento, cubriólos la mar:
            Hundiéronse como plomo en las impetuosas aguas.
(15:11)  ¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses?
            ¿Quién como tú, magnífico en santidad,
            Terrible en loores, hacedor de maravillas?
(15:12)  Extendiste tu diestra;
            La tierra los tragó.
(15:13)  Condujiste en tu misericordia á este pueblo, al cual salvaste;
            Llevástelo con tu fortaleza á la habitación de tu santuario.
(15:14)  Oiránlo los pueblos, y temblarán;
            Apoderarse ha dolor de los moradores de Palestina.
(15:15)  Entonces los príncipes de Edom se turbarán;
            A los robustos de Moab los ocupará temblor;
            Abatirse han todos los moradores de Canaán.
(15:16)  Caiga sobre ellos temblor y espanto;
            A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra;
            Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová,
            Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.
(15:17)  Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad,
            En el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh Jehová;
            En el santuario del Señor, que han afirmado tus manos.
(15:18)   Jehová reinará por los siglos de los siglos.  (15:19) Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de á caballo en la mar, y Jehová volvió á traer las aguas de la mar sobre ellos; mas los hijos de Israel fueron en seco por medio de la mar.  
(15:20)   Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas.  
(15:21)  Y María les respondía:
            Cantad á Jehová; porque en extremo se ha engrandecido,
            Echando en la mar al caballo, y al que en él subía.

Moisés endulza las aguas amargas

(15:22) E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.  
(15:23) Y llegaron á Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.  (15:24) Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?  (15:25) Y Moisés clamó á Jehová; y Jehová le mostró un árbol, el cual metídolo que hubo dentro de las aguas, las aguas se endulzaron. Allí les dió estatutos y ordenanzas, y allí los probó;  (15:26) Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, é hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído á sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié á los Egipcios te enviaré á ti; porque yo soy Jehová tu Sanador.  (15:27) Y llegaron á Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmas; y asentaron allí junto á las aguas”.   Éxodo 15:1–27


Moisés con los hijos de Israel acabaron de cantar del poder y gloria de Jehová, como vimos la semana pasada.  Anticiparon en verdad un día aun venidero, lo que llamamos el milenio.  “Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh Jehová; En el santuario del Señor, que han afirmado tus manos. Jehová reinará por los siglos de los siglos”. Éxodo 15:17-18  Acaso Moisés anticipaba un viaje de varios días y de una vez entrar en aquella tierra donde el (Moisés) iba a poder renunciar su liderazgo para que Jehová reinara sobre su pueblo.  Pero como sabemos, así no era.  Dios tenía un plan muy largo que Moisés no hubiera podido anticipar, que incluía hasta su Hijo venir y morir por los pecados de la raza humana, mucho más allá que su plan de bendición para el pueblo de Israel.

Hace tiempo cuando Jehová recién apareció a Moisés, se le dijo “He descendido para librarlos de mano de los Egipcios, y sacarlos de aquella tierra á una tierra buena y ancha, á tierra que fluye leche y miel, á los lugares del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, del Pherezeo, del Heveo, y del Jebuseo”. Exodo 3:8  Jehová no le había dicho a Moisés que entre el salir de Egipto y el entrar en la tierra que fluia de leche y miel, iba a haber un desierto largo con muchas lecciones y tribulaciones.  Alguien ha dicho que el desierto no formaba parte de los propósitos de Dios; su propósito era “sacarlos … a una tierra buena y ancha”.  Pero el desierto si viene en los caminos de Dios, para enseñarle al hombre como es el hombre y también como es Dios.

La primera cosa era que tenían que aprender prácticamente de la muerte.  Habían pasado el mar Bermejo pero ahora, encuentran que el mundo es un desierto.  “E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua”.  ¿Esperamos encontrar algo que nos va a satisfacer en este mundo, después de conocer al Señor Jesús y aprender que somos ciudadanos del cielo?  Vamos a ser decepcionados, como era quizás Moisés cuanto no encontramos agua en este desierto.

Pero ya que les faltaron agua, si encontraron agua que no era potable.  “Y llegaron á Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara”.  ¿Cómo sabían que eran amargas?  Imagino que les probaron primero, anticipando algo bueno después de tres días sin agua.  Y así es este mundo; siempre una decepción, pues el agua a la vista sin duda se veía bien, pero no era.  Satanás desde los tiempos de Caín que construía su ciudad, y sus descendientes que introdujeron la música, los negocios, y la construcción, ha tratado de hacer al mundo un lugar de distracciones y placeres.  Claro que participamos en este mundo, por obligación, pero si esperamos encontrar algo aquí para satisfacernos, encontraremos que las aguas son amargas.

Pero, ¿que fue la reacción del pueblo?  Algo que Moisés iba a encontrar una y otra vez durante la jornada a través del desierto.  “Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber”?  La posición que llevaba Moisés era de mucho privilegio, pues tenía la comunicación con Jehová como alguien que habla con su amigo, pero llevaba también la carga de un pueblo demasiado listo para culparle a él de sus desgracias.  Pero Moisés sabía a donde ir.  “Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron”.  ¿No nos habla aquel árbol de otro árbol muchos años después?  “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. Gálatas 6:14  Solo acordando que el mundo es culpable aun de la muerte de nuestro Señor podemos considerar su beneficios en la luz y usarlo según la voluntad del Señor, para gustar de la dulcera de Cristo mientras pasemos por el mundo que lo aborrece.

Notamos que aun Israel no estaba debajo de la ley.  Jehová trataba con ellos en esta época en gracia, así aunque menciona la cuestión de su obediencia en este capítulo, no vemos que ni Moisés ni Jehová les reprendía por sus quejas.  Y de una vez después, encuentran un lugar “Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas”.  Acaso era un recordatorio que Dios iba a ser fiel, y le podían confiar por todo.  ¿Doce fuentes?  Una para cada mes.  ¿Setenta palmeras?  Una para cada año de su vida.  “Si fuéremos infieles, él permanece fiel”.  2 Timoteo 2:13

FELIPE FOURNIER
4 octubre de 2015