Agua brota de la Roca
(17:5) Y Jehová dijo á Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y ve: (17:6) He aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. (17:7) Y llamó el nombre de aquel lugar Massah y Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron á Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, ó no”? Éxodo 17:1–7
“Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados”?
Acaso pensaríamos, si no conociéramos nuestros propios corazones, que después de haber visto la provisión de Jehová constantemente mostrado hasta ahora en sus viajes, que el pueblo de Israel nunca iba a quejar más. Jehová les había abierto la mar y destruido a sus enemigos. Les había mandado el maná del cielo y los codornices para su sustento. La columna de fuego de noche y la nube de día eran y recordatorio constante del cuidado de Jehová. Aun así, dicen a Moisés “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados”? ¿A matarles? ¿Tan pronto habían olvidado del tratamiento de Faraón? ¿De su esclavitud y la matanza de sus niños? Vemos la angustia de Moisés, sabiendo que aunque le acusaron a el que en el fondo sus quejas eran contra Jehová y que lo que hacían era tentar a Jehová.
Pero Moisés sabía a donde ir en su angustia pues era un hombre de fe. “Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán”. No pienso que Moisés estuviera exagerando cuando decía esto, pues nos enseña claramente la calidad del enojo del pueblo, tan lejos estaba de caminar por fe. A pesar de todas las pruebas de Jehová hubiera sido necesaria la fe para confiar en Dios por esta nueva circunstancia, la falta de agua. Como otro alguien ha dicho, la memoria no es la fe. El recuerdo de eventos pasados, de la provisión de Dios en el pasado es bueno, pero no es un sustituto para la fe de hoy en día.
Pero qué maravilla de la gracia de Dios, mostrado en lo que sigue; “Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo”. Y por si acaso no fuera suficiente claro lo que indica la roca, 1 Corintios 10:4 nos dice que es. “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”. Salmo 105 explica aún más. “Abrió la peña, y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como un río”.
¿Quedamos en duda del significado de la roca pegada para que el pueblo bebiera? Creo que no. Isaías 53:5 nos dice. “Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Aún más “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. 1 Pedro 2:24 El agua salió de la roca herida para un pueblo desobediente, rebelde e inmerecido. Cristo fue herido en la cruz por la santa vara de Dios, herido por nuestros pecados, y la bendición sale hasta el día de hoy por cualquier pecador que quiere beber del agua de la vida. “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Juan 7:37-38 Así nos explica también el significado del agua en el verso que sigue. “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.
A pesar de la gracia así mostrado, Moisés también hizo un monumento a la incredulidad del pueblo. “Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no”? Así vemos la que a la raíz de su problema era la duda del amor de Dios. “¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no”? O amados, que tengamos siempre delante de nosotros la promesa del Señor Jesús “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Hebreos 13:5-6
25 octubre de 2015