Israel se desalienta y se rebela
(14:6) Y Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos; (14:7) Y hablaron á toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. (14:8) Si Jehová se agradare de nosotros, él nos meterá en esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. (14:9) Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de aquesta tierra, porque nuestro pan son: su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová: no los temáis.
Enojo de Dios, intercesión de Moisés
(14:11) Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos?. (14:12) Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré, y á ti te pondré sobre gente grande y más fuerte que ellos.
(14:13) Y Moisés respondió á Jehová: Oiránlo luego los Egipcios, porque de en medio de ellos sacaste á este pueblo con tu fortaleza: (14:14) Y lo dirán á los habitadores de esta tierra; los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que ojo á ojo aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego: (14:15) Y que has hecho morir á este pueblo como á un hombre: y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: (14:16) Porque no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto. (14:17) Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo: (14:18) Jehová, tardo de ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, y absolviendo no absolverá al culpado; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. (14:19) Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado á este pueblo desde Egipto hasta aquí.
Dios perdona y castiga a Israel
(14:26) Y Jehová habló á Moisés y á Aarón, diciendo: (14:27) ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? (14:28) Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado á mis oídos, así haré yo con vosotros: (14:29) En este desierto caerán vuestros cuerpos; todos vuestros contados según toda vuestra cuenta, de veinte años arriba, los cuales habéis murmurado contra mí; (14:30) Vosotros á la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano de haceros habitar en ella; exceptuando á Caleb hijo de Jephone, y á Josué hijo de Nun. (14:31) Mas vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. (14:32) Y en cuanto á vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. (14:33) Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras fornicaciones, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. (14:34) Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. (14:35) Yo Jehová he hablado; así haré á toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán. (14:36) Y los varones que Moisés envió á reconocer la tierra, y vueltos habían hecho murmurar contra él á toda la congregación, desacreditando aquel país, (14:37) Aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová. (14:38) Mas Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, quedaron con vida de entre aquellos hombres que habían ido á reconocer la tierra.
Israel derrotado en Horma
(14:40) Y levantáronse por la mañana, y subieron á la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado. (14:41) Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el dicho de Jehová? Esto tampoco os sucederá bien. (14:42) No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos. (14:43) Porque el Amalecita y el Cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis á cuchillo: pues por cuanto os habéis retraído de seguir á Jehová, por eso no será Jehová con vosotros. (14:44) Sin embargo, se obstinaron en subir á la cima del monte: mas el arca de la alianza de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campo. (14:45) Y descendieron el Amalecita y el Cananeo, que habitaban en aquel monte, é hiriéronlos y derrotáronlos, persiguiéndolos hasta Horma”. Números 14:1-45
La semana pasado notamos como los diez espías concordaron a desanimar el pueblo de Israel, para que no subiesen a la tierra buena que Dios había prometido. Vemos la reacción de la incredulidad que había en el corazón del pueblo, visto una y otra vez pero ahora en una forma aún más fuerte. “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto”?
¿Temblamos nosotros a escuchar estas palabras de incredulidad? Si no fuera que conozcamos nuestros propios corazones que por naturaleza tampoco somos confiados … .
Veamos la reacción de Moisés y Aarón. “Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel”. Aunque no dice, sabemos que estos dos hermanos estaban implorando a Jehová que hacer, en vista de tal incredulidad. ¿De veras habían olvidado la dura servidumbre de Egipto? ¿Pensaron que fuera mejor servir a los egipcios que servir a Jehová en la tierra buena que les había prometido? No tiene sentido pues la incredulidad nunca lo tiene. Juzga todo a la vista de los ojos. Están rechazando el liderazgo del hombre apuntado de Jehová, a Moisés, pero Moisés no parece sentir ofendido por eso; no, él solo lamenta que no tienen la confianza en su Dios. Y esta vez, no está solo en su deseo para la bendición del pueblo. “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra”.
Yo pienso que Moisés apreciaba mucho que entre las voces de incredulidad, hay dos voces que confían totalmente en la palabra de Jehová. “Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará”. ¡Cuantas veces Jehová había probado su amor por el pueblo de Israel! Caleb y Josué no dudaban que Jehová se agradaba de ellos. Conocían su poder y no dudaban su amor. Eso es lo que daba confianza a estos dos hombres, y es muy buen ejemplo por nosotros. Pero Moisés también amaba al pueblo de Israel. No por primera vez, Jehová ofrecía hacer de la familia de Moisés un pueblo. “Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos”.
Pero vemos otra vez como Moisés había aprendido interceder por el pueblo, basado en las promesas de Dios y su celo por su nombre Jehová. “Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová … . y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto … Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí”.
La oración de Moisés fue eficaz, como siempre había sido en tiempos pasados. Jehová pronuncio el castigo al pueblo rebelde, que no iban a entrar en la tierra, sino que iban a morir en el desierto menos los fieles Josué y Caleb. (Parece que los Levitas también fueron la acepción pues no había espía de parte de ellos.) Los diez hombres incrédulos que desaminaron al pueblo con sus quejas y exageraciones murieron delante de Jehová. Y después, el pueblo intentaba cambiar de parecer y dijeron “Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho. Y se levantaron por la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado”. Querían escapar el gobierno de Dios por lo que habían dicho, pero no, fue demasiado tarde para tal arrepentimiento. El luto fue bueno, pero deberían haber aceptado el gobierno de Dios. Pero en su rebeldía, pensaron subir a la tierra sin la presencia de Dios, aunque Moisés prohibía que se fueran. “Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos… pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros”.
Como siempre, pusieron oídos sordos a Moisés. “Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento”. Por supuesto, fueron derrotados delante de sus enemigos pues de verdad, sin la presencia de Jehová eran como “langostas” como los espías dijeron en su incredulidad. Así nosotros también, y así Pablo dijo a Timoteo “Hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”. 2 Timoteo 2:1
15 mayo de 2016