Faraón persigue a Israel
(14:5) Y fué dado aviso al rey de Egipto cómo el pueblo se huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir á Israel, para que no nos sirva? (14:6) Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; (14:7) y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos. (14:8) Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió á los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. (14:9) Siguiéndolos, pues, los Egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de á caballo, y todo su ejército, alcanzáronlos asentando el campo junto á la mar, al lado de Pihahiroth, delante de Baalzephón.
(14:10) Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los Egipcios que venían tras ellos; por lo que temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel á Jehová. (14:11) Y dijeron á Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? (14:12) ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir á los Egipcios? Que mejor nos fuera servir á los Egipcios, que morir nosotros en el desierto.
(14:13) Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. (14:14) Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos.
Israel cruza el mar Rojo
(14:19) Y el ángel de Dios que iba delante del campo de Israel, se apartó, é iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos, se apartó, y púsose á sus espaldas: (14:20) E iba entre el campo de los Egipcios y el campo de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba á Israel de noche: y en toda aquella noche nunca llegaron los unos á los otros.
(14:21) Y extendió Moisés su mano sobre la mar, é hizo Jehová que la mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y tornó la mar en seco, y las aguas quedaron divididas. (14:22) Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas como muro á su diestra y á su siniestra:
Dios destruye a los egipcios
(14:26) Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano sobre la mar, para que las aguas vuelvan sobre los Egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. (14:27) Y Moisés extendió su mano sobre la mar, y la mar se volvió en su fuerza cuando amanecía; y los Egipcios iban hacia ella: y Jehová derribó á los Egipcios en medio de la mar. (14:28) Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en la mar; no quedó de ellos ni uno. (14:29) Y los hijos de Israel fueron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas por muro á su diestra y á su siniestra. (14:30) Así salvó Jehová aquel día á Israel de mano de los Egipcios; é Israel vió á los Egipcios muertos á la orilla de la mar. (14:31) Y vió Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los Egipcios: y el pueblo temió á Jehová, y creyeron á Jehová y á Moisés su siervo”. Éxodo 14:1–31
“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová”.
Acaso estamos confundidos para ver en estos versículos que Jehová iba a endurecer de nuevo el corazón de Faraón, pues, ¿no había aprendido bien su lección, cuando perdió su primogénito y botaba al pueblo de Israel, rogándoles que se fueran? Pero no, había necesidad que indudablemente Moisés entendía muy bien, como Jehová se iba a manifestar al pueblo de Israel, y también al corazón rebelde de Faraón.
Pienso yo que en la gloria vamos a ver situaciones semejantes en nuestras vidas. Moisés estaba enterrado de antemano lo que Jehová iba a ser; al ver los ejércitos de Faraón siguiéndoles, no estaba para nada sorprendido ni asustado y descansaba en fe en la palabra de Dios. El pueblo, no teniendo la cercanía a Dios que tenía Moisés, no disfrutaban de lo mismo, sino quedaron asustados y miedosos. ¿Cuántas veces en nuestras vidas hemos querido preguntar a Dios, porque, porque? Pero Jehová tenía su plan para mostrar su poder y para eliminar para siempre jamás el enemigo de Israel. ¡Qué bueno si podemos confiarle como confiaba Moisés! Pero temo que es más común que reaccionemos como el pueblo de Israel.
“Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pihahirot, delante de Baal-zefón”. Acaso pensamos que algún día el mundo no será tan malo como es ahora. Pero Egipto y Faraón no habían cambiado, al ver la mano poderosa de Dios en juicio contra ellos. No, de una vez al ver que habían perdido sus esclavos, se les olvide de la miseria y el juicio de Dios que les había caído y lamentan haber dejado irse a los hijos de Israel. Deciden que les van a hacer regresar a Egipto por fuerza y con esta intención se van y encuentra a Israel, aparentemente sin salida o esperanza. Encerrados por el desierto a los lados, por el mar enfrente, y Faraón y sus ejércitos atrás, ¿Cómo iban a escapar su mano? Así eran los pensamientos del pueblo de Israel también, pues les faltaba la fe de Moisés.
“Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto”.
¡Qué palabras tan duras y llenas de incredulidad! Sus preguntas llegan a ser acusaciones contra Moisés y por extensión, insultos a su Dios. Así vemos como el corazón y carácter del mundo visto en ejemplo en Egipto y Faraón no mejoran, así tampoco la carne no cambia ni mejora, sea en el cristiano o en el inconverso. Nos maravillamos que Moisés podía contestarles con tanta paciencia y ternura, pero vemos como Moisés tenía tanta confianza en Jehová en este momento que nada podía perturbar su paz. ¡Qué bueno si por fe sigamos nosotros su ejemplo!
“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. En tiempos aun venideros Moisés iba a quejar del pueblo y su incredulidad y terquedad. Pero aquí, solo había una respuesta llena de confianza y consuelo para este pueblo que tan pronto olvidaba el poder de Dios. “No temáis; estad firmes”. Que buena amonestación por nosotros en el día de hoy cuando aparentemente hay mucho para darnos miedo y mucho para hacernos desmayar en vez de estar firme. Dios mediante, veremos como Jehová iba, no solo librarles de Faraón, sino ensenarles cantar himnos de gratitud por saber que su enemigo nunca iba a poder levantar de nuevo para perseguirles y esclavizarles.
6 septíembre de 2015