MEDITACIONES

de     P. F.

Moisés y el canto de la redención  *

Éxodo 14:30–31, Éxodo 15*

(14:30) Así salvó Jehová aquel día á Israel de mano de los Egipcios; é Israel vió á los Egipcios muertos á la orilla de la mar.  (14:31) Y vió Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los Egipcios: y el pueblo temió á Jehová, y creyeron á Jehová y á Moisés su siervo”.   Éxodo 14:30–31


Canto triunfal de slabanza

“(15:1) ENTONCES cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron:
      Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente,
              Echando en la mar al caballo y al que en él subía.
(15:2)    Jehová es mi fortaleza, y mi canción,
            Y hame sido por salud:
            Este es mi Dios, y á éste engrandeceré;
            Dios de mi padre, y á éste ensalzaré.
(15:3)    Jehová, varón de guerra;
            Jehová es su nombre.
(15:4)    Los carros de Faraón y á su ejército echó en la mar;
            Y sus escogidos príncipes fueron hundidos en el mar Bermejo.
(15:5)    Los abismos los cubrieron;
            Como piedra descendieron á los profundos.
(15:6)    Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en fortaleza;
            Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.
(15:7)    Y con la grandeza de tu poder has trastornado á los que se levantaron contra ti:
            Enviaste tu furor; los tragó como á hojarasca.
(15:8)    Con el soplo de tus narices se amontonaron las aguas;
            Paráronse las corrientes como en un montón;
            Los abismos se cuajaron en medio de la mar.
(15:9)    El enemigo dijo:
            Perseguiré, prenderé, repartiré despojos;
            Mi alma se henchirá de ellos;
            Sacaré mi espada, destruirlos ha mi mano.
(15:10)  Soplaste con tu viento, cubriólos la mar:
            Hundiéronse como plomo en las impetuosas aguas.
(15:11)  ¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses?
            ¿Quién como tú, magnífico en santidad,
            Terrible en loores, hacedor de maravillas?
(15:12)  Extendiste tu diestra;
            La tierra los tragó.
(15:13)  Condujiste en tu misericordia á este pueblo, al cual salvaste;
            Llevástelo con tu fortaleza á la habitación de tu santuario.
(15:14)  Oiránlo los pueblos, y temblarán;
            Apoderarse ha dolor de los moradores de Palestina.
(15:15)  Entonces los príncipes de Edom se turbarán;
            A los robustos de Moab los ocupará temblor;
            Abatirse han todos los moradores de Canaán.
(15:16)  Caiga sobre ellos temblor y espanto;
            A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra;
            Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová,
            Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.
(15:17)  Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad,
            En el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh Jehová;
            En el santuario del Señor, que han afirmado tus manos.
(15:18)   Jehová reinará por los siglos de los siglos.  (15:19) Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de á caballo en la mar, y Jehová volvió á traer las aguas de la mar sobre ellos; mas los hijos de Israel fueron en seco por medio de la mar.  
(15:20)   Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas.  
(15:21)  Y María les respondía:
            Cantad á Jehová; porque en extremo se ha engrandecido,
            Echando en la mar al caballo, y al que en él subía.

Moisés endulza las aguas amargas

(15:22) E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.  
(15:23) Y llegaron á Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.  (15:24) Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?  (15:25) Y Moisés clamó á Jehová; y Jehová le mostró un árbol, el cual metídolo que hubo dentro de las aguas, las aguas se endulzaron. Allí les dió estatutos y ordenanzas, y allí los probó;  (15:26) Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, é hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído á sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié á los Egipcios te enviaré á ti; porque yo soy Jehová tu Sanador.  (15:27) Y llegaron á Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmas; y asentaron allí junto á las aguas”.   Éxodo 15:1–27


“Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo”.

Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación”.

No es por nada que vemos por primera vez el cantar mencionado en la Biblia acá en Éxodo 15. La canción de redención pertenece solamente a los redimidos o no a ningún otro. Vemos en Apocalipsis 5 que los ángeles no cantan sino “decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder … ” Igual cuando nació recién el Señor Jesús en Belén, “apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”! Lucas 2:13, 14.

Nosotros, igual con los Israelitas de aquel día, tenemos el privilegio de cantar la canción de los redimidos. Y hay que notar que no cantaron al ser rescatados de Egipto y protegidos con la sangre, sino cuando vieron a sus enemigos muertos en la orilla del mar. Estaban en el lado de la resurrección de Cristo, para decirlo así, y en este lado podían cantar. ¿Fuera posible que Faraón levantara de nuevo para esclavizarlos? ¡Imposible! ¿Es posible que Satanás, después de que hemos sido salvados por la muerte y resurrección de Cristo, vuelva a esclavizarnos y retornarnos a la perdición? También imposible, pues Cristo pagó todo el precio, hasta la última gota agotaba el juicio de Dios contra nosotros, y tenemos la prueba de la obra consumada por la resurrección de Cristo de entre los muertos.

Así podemos adorar y cantar, cosa que fuera imposible si estuviéramos en miedo de la caída de juicio encima de nuestras cabezas. Los que desconocen la seguridad de la salvación realmente no pueden cantar o adorar, pues ¿en qué forma voy a adorar a un Dios que acaso pasado mañana me va a echar en el infierno?

Moisés era su líder en la canción. Su hermana María, llamado aquí “profetiza” lideraba a las mujeres en una canción que quizás era refrán del himno que cantaban “Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete”. Ella una vez hace muchos años había velado sobre la pequeña arca que guardaba a su hermanito en las aguas del rio Nilo. Le había visto llevado a vivir como hijo de la hija de Faraón. Acaso no creía que algún día tendría ella el gozo de ver a su hermano en la posición de liderazgo sobre todo el pueblo de Israel, guiándolos en la canción de redención de los mismos egipcios. Es bien bonito considerar como Dios usaba esta familia para su gloria y honra, cada uno en su lugar, y saber que es su deseo en el día de hoy también.

Hay que notar que la canción habla expresamente de lo que Jehová había hecho, y no habla nada del pueblo de Israel menos su beneficio a través de la obra de Jehová. “Ha sido mi salvación” y “este pueblo que redimiste”. Ellos conocieron a Dios como Jehova, su salvador. Nosotros conocemos (benditos mil veces más) a Jesús, cuyo nombre quiere decir “Jehová el Salvador”. “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Una cosa más notamos acerca del carácter de su canción. “Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado”. Acaso parecía que habían sido introducidos en el desierto, un lugar donde no había nada pero nada para sostenerles. Pero era, a la vez, “el lugar de tu morada”. Fuera de Egipto, Dios iba a establecer su presencia entre ellos como nunca antes. Separados de Egipto, tipo del mundo, sobre el terreno de la redención, podían disfrutar de la presencia de Jehová. ¿No hay una gran voz por nosotros en esto? Más tarde ellos deseaban retornar a Egipto, pero por el momento estaban sumamente contentos de cantar con su líder Moisés en pleno gozo.

FELIPE FOURNIER
27 septíembre de 2015