Israel adora un becerro de oro
(32:7) Entonces Jehová dijo á Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto se ha corrompido: (32:8) Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y han sacrificado á él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. (32:9) Dijo más Jehová á Moisés: Yo he visto á este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz: (32:10) Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma: y á ti yo te pondré sobre gran gente.
Moisés intercede por Israel
(32:15) Y volvióse Moisés, y descendió del monte trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de una parte y de otra estaban escritas. (32:16) Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. (32:17) Y oyendo Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo á Moisés: Alarido de pelea hay en el campo. (32:18) Y él respondió: No es eco de algazara de fuertes, ni eco de alaridos de flacos: algazara de cantar oigo yo.
(32:19) Y aconteció, que como llegó él al campo, y vió el becerro y las danzas, enardeciósele la ira á Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte. (32:20) Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta reducirlo á polvo, que esparció sobre las aguas, y diólo á beber á los hijos de Israel. (32:21) Y dijo Moisés á Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? (32:22) Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces el pueblo, que es inclinado á mal. (32:23) Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, que á este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido. (32:24) Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y diéronmelo, y echélo en el fuego, y salió este becerro.
Celo de los levitas
(32:30) Y aconteció que el día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado: mas yo subiré ahora á Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. (32:31) Entonces volvió Moisés á Jehová, y dijo: Ruégote, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, (32:32) Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. (32:33) Y Jehová respondió á Moisés: Al que pecare contra mí, á éste raeré yo de mi libro. (32:34) Ve pues ahora, lleva á este pueblo donde te he dicho: he aquí mi ángel irá delante de ti; que en el día de mi visitación yo visitaré en ellos su pecado. (32:35) Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón”. Éxodo 32:1–35
“Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande”.
¡Qué gran oferta para Moisés! Ya habiendo sido probado el pueblo, aun antes de recibir la ley y las tablas con los diez mandamientos, se ve que gravemente violaron la ley, adorando al becerro que hizo Aarón. Y ahora Jehová ofrecía a Moisés esta gran oferta, de consumir el pueblo de Israel y hacer de la familia de Moisés una grande nación.
Pero no, Moisés no iba a aceptar tal oferta, quizás en parte porque él sabía que su familia tampoco hubiera podido caminar en obediencia, pero más bien, estoy seguro, porque el de verdad amaba el pueblo de Israel a pesar de todos sus defectos. Escuchamos sus palabras tan impresionantes de intercesión por el pueblo desobediente y rebelde. “Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre”.
Moisés no podía interceder hablando del pueblo, pues ellos se habían mostrado como sin esperanza de mejorarse. No, Moisés intercedía a través de dos temas; uno, por medio de la fama de Jehová para con los egipcios, y otro, por las promesas y juramentos que Dios hizo a Abraham, Isaac, y Israel. Conociendo Moisés la fidelidad de Dios a sus promesas, sabía que estaba en terreno seguro orando e intercediendo por Israel de esta forma. No nos sorprende entonces que dice después “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo”.
Pero por la maldad del pueblo, Moisés no iba a entrar en el campamento con las tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios. “Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte”. Además, tenía que haber el gobierno de Dios sobre los rebeldes. “Se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví”. Hace unos dos cientos años Israel, al morir, pronunciaba una maldición sobre Leví por su violencia. “Simeón y Leví son hermanos; armas de iniquidad sus armas. Maldito su furor, que fue fiero; y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel”.
Pero ahora, los hijos de Leví que no participaron en la idolatría de adoración al becerro, toman su lugar al lado de Jehová y Moisés, apartándose de identificación con los culpables. Antes había Leví usado su espada junto con su hermano Simeón en una forma vergonzosa, supuestamente manteniendo el honor de su hermana, pero en verdad no obraba por el honor de Jehová. Engañaron a Hamor y Siquem con fin de matarles y llevar el despojo de la ciudad, mientras pretendían que era un celo por su hermana Dina (léase Génesis 34 para la historia completa.) Pero en esta oportunidad, vemos a la tribu de Leví en verdad usando la espada en la defensa de la honra de Jehová. Moisés “les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres”. Así Leví, una vez maldita de su padre, ahora se ha sido cambiado a una posición de ser servible a Jehová. “El que dijo á su padre y á su madre: Nunca los vi: Ni conoció á sus hermanos, ni conoció á sus hijos: Por lo cual ellos guardarán tus palabras, y observarán tu pacto. Ellos enseñarán tus juicios á Jacob, y tu ley á Israel; pondrán el perfume delante de ti, y el holocausto sobre tu altar. Bendice, oh Jehová, lo que hicieren, y recibe con agrado la obra de sus manos: Hiere los lomos de sus enemigos, y de los que le aborrecieren; para que nunca se levanten”. Deuteronomio 33:9-11 Hay una lección en esto por nosotros; ni los errores de nuestros padres, ni necesariamente su fe tiene que afectarnos. Es una bendición tener padres creyente; ojalá si nuestros padres sean personas de fe en Cristo, seguimos en sus pisadas. Pero si no, no estamos condenados a una vida de inutilidad. Cada uno tiene que tener su propia fe.
Terminamos este estudio con el versículo en Hechos 2:41 que leímos con C., A., B., Á., y E. a noche en Mission, Tejas. “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. ¡Que testimonio de la diferencia entre la ley y la gracia! Tres mil salvos en vez de tres mil muertos.
18 enero de 2016