Dios prociama su Nombre
(34:4) Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y levantóse por la mañana, y subió al monte de Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.
(34:5) Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. (34:6) Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; (34:7) Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos. (34:8) Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y encorvóse; (34:9) Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque este es pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y poséenos.
(34:10) Y él dijo: He aquí, yo hago concierto delante de todo tu pueblo: haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna; y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque ha de ser cosa terrible la que yo haré contigo. (34:11) Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al Amorrheo, y al Cananeo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo. (34:12) Guárdate que no hagas alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, porque no sean por tropezadero en medio de ti: (34:13) Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques: (34:14) Porque no te has de inclinar á dios ajeno; que Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. (34:15) Por tanto no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y sacrificarán á sus dioses, y te llamarán, y comerás de sus sacrificios; (34:16) O tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán también fornicar á tus hijos en pos de los dioses de ellas. (34:17) No harás dioses de fundición para ti.
Las fiestas anuales
(21) Seis días trabajarás, mas en el séptimo día cesarás: cesarás aun en la arada y en la siega.
(22) Y te harás la fiesta de las semanas á los principios de la siega del trigo: y la fiesta de la cosecha á la vuelta del año.
(23) Tres veces en el año será visto todo varón tuyo delante del Señoreador Jehová, Dios de Israel. (34:24) Porque yo arrojaré las gentes de tu presencia, y ensancharé tu término: y ninguno codiciará tu tierra, cuando tú subieres para ser visto delante de Jehová tu Dios tres veces en el año. (34:25) No ofrecerás con leudo la sangre de mi sacrificio; ni quedará de la noche para la mañana el sacrificio de la fiesta de la pascua. (34:26) La primicia de los primeros frutos de tu tierra meterás en la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
El rostro de Moisés resplandece
(29) Y aconteció, que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, no sabía él que la tez de su rostro resplandecía, después que hubo con El hablado. (34:30) Y miró Aarón y todos los hijos de Israel á Moisés, y he aquí la tez de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de llegarse á él. (34:31) Y llamólos Moisés; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron á él, y Moisés les habló. (34:32) Y después se llegaron todos los hijos de Israel, á los cuales mandó todas las cosas que Jehová le había dicho en el monte de Sinaí. (34:33) Y cuando hubo acabado Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. (34:34) Y cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, quitábase el velo hasta que salía; y saliendo, hablaba con los hijos de Israel lo que le era mandado; (34:35) Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés, que la tez de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés á poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba á hablar con El”. Éxodo 34:1–35
“Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte”.
Moisés volvió al monte de Sinaí para recibir los mandamientos de nuevo, pero al recibirlos, iba a ser bajo el pacto de la mezcla de la gracia con la ley. Jehová así se presenta al pueblo en un nuevo carácter. “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”. Fácilmente podemos ver que este no es la posición cristiana, “aceptos en el amado” Efesios 1:3-9 pero añadía al pacto de la ley lo que era necesario para que continuara el pueblo en la posición de ser “pueblo de Jehová”. Estaban en esta nueva posición a través de la intercesión y su intermedio Moisés. Era su posición delante de Jehová, que es muy diferente de conocer a Dios como Padre por medio de Jesucristo. “Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. Gálatas 3:26
Vemos como la revelación de Jehová de esta forma afectaba a Moisés, como antes había afectado a Abraham; “Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad”. Primero, su corazón sale en la adoración a Jehová, y después se identifica con el fracaso del pueblo. “Nuestra iniquidad, nuestro pecado”. Vemos lo mismo en Daniel y Nehemías. “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido …”. Daniel 9:4-6 “Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo”. Nehemías 1:5-7
Así vemos a Moisés, Daniel, y Nehemías, todos siervos fieles de Jehová en tiempos de ruina y el fracaso del pueblo de Dios, podían eficazmente interceder por el pueblo por identificarse con su fracaso y su pecado. Nosotros, en el día de hoy, igualmente somos parte de la ruina del testimonio de la iglesia como un solo cuerpo de Cristo. Si vamos a ser siervos fieles del Señor Jesucristo, tenemos que también confesar que somos parte del fracaso y no pretender un poder o una santidad más que los demás. Aun así, nos toca obedecer lo que Pablo enseña en 2 Timoteo 2:20-22 “En una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro: y asimismo unos para honra, y otros para deshonra. Así que, si alguno se limpiare de estas cosas, será vaso para honra, santificado, y útil para los usos del Señor, y aparejado para toda buena obra. Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón”.
Jehová volvió a decirle a Moisés los principios importantes que le había dicho antes, pero en este capítulo hace un resumen de su posición bajo la redención del primogénito, la necesidad de santidad visto en la fiesta de panes sin levadura, guardar el sábado, y las fiestas importantes de Pentecostés y los Tabernáculos. (Son temas de mucho interés pero no tocan al momento nuestro estudio de Moisés.) Después de estos otros 40 días en el monte, Moisés descendió con las tablas nuevas y vemos el resultado de su estadía en la presencia de Jehová. “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él … Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios”.
Es un gran contraste a nuestra posición en Cristo. La cara de Moisés reflejaba en cierto sentido el conocimiento de un Dios de misericordia mezclado con la ley. Su resultado en Aarón y los demás del pueblo era miedo, pues temían la santidad de Jehová. Pero nosotros como salvos por gracia sin cualquier porción de la ley, tenemos otra vista. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 Corintios 3:18 Acaso la semana que viene podemos considerar los demás versículos en 2 Corintios 3 que describen muy bien la diferencia entre Israel bajo lo que Pablo llama “el ministerio de condenación”. En cambio, nosotros disfrutamos y gozamos del “ministerio de la justificación”.
7 febrero de 2016