El pueblo se atemoriza
(20:22) Y Jehová dijo á Moisés: Así dirás á los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros. (20:23) No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.
(20:24) Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus pacíficos, tus ovejas y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré á ti, y te bendeciré. (20:25) Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares tu pico sobre él, tú lo profanarás. (20:26) Y no subirás por gradas á mi altar, porque tu desnudez no sea junto á él descubierta”. Éxodo 20:18–26
Leyes acerca de los esclavos y la libertad
Hemos dejado a Moisés tres semanas atrás en el lugar difícil de decirle a Dios la promesa inútil y vano “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos”. Vemos de una vez que el pueblo siente su distanciamiento del Dios que siempre antes les había tratado con poder, amor, y gracia. “Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios”.
Es una escena muy triste, al ver como el pueblo quejón y rebelde nunca antes había sentido tan distante. A la vez, que bueno es ver como Moisés llega a ser su intercesor y mediador. Así Moisés, aunque conocido por haber dado la ley al pueblo de Israel, también llega a ser prototipo de Cristo. “Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; El cual se dió á sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos”. 1 Timoteo 2:5-6 Veremos si Dios permite en un estudio futuro como Moisés en un tiempo de rebeldía insoportable del pueblo se ofrece a si mismo como “precio del rescate” por el pueblo. Pero no, no fue posible, pues Moisés, a pesar de todos sus atributos buenos era mero hombre y hombre pecador. Tenía que haber un cordero santo, adecuado a la santidad de Dios, que solo se encuentra en “Jesucristo hombre”.
No vamos a considerar los diez mandamientos que Jehová entregó por mano de Moisés, siendo que Moisés es nuestro tema. Solo mencionamos que son diez, cuatro hacia Dios y seis hacia los hombres. Son prohibiciones hacia los hombres, todos negativos… “No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás … ”. No eran y no son los principios de obediencia para el creyente. Si dudamos que sea cierto debemos leer con cuidado el libro de Gálatas. “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe”; Gálatas 3:11-12 La ley demandaba que el hombre amaba a Dios con todo su corazón. Pero no había en el corazón del hombre amar a Dios. Al contrario, como el pueblo de Israel ante Moisés, confesó que le tenía miedo de Dios. ¡Qué bueno es por nosotros conocer la verdad del evangelio! “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. 1 Juan 4:10
Pienso pasar adelante sobre pasando la ley, el tabernáculo y todo lo que Jehová daba a Moisés en el monte para que enfoquemos en la vida de Moisés. Pero quiero mencionar que no es por nada, después de dar a Moisés el fundamento de la ley, los diez mandamientos, que sigue capítulo 21 de Éxodo y el bello prototipo de Jesucristo en la ley del siervo hebreo. “Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre”. Para mí, es como Dios, conociendo de antemano que este pueblo de Israel iba a ser un siervo totalmente infiel, quería hablar de una vez del siervo fiel hasta la muerte, y muerte de cruz. ¿Cuál era el principio en que el siervo decía “no saldré libre”? Ahhh, pues, el amor, ¡por supuesto! Este pobre pueblo de Israel había escogido tratar de pararse delante de Dios sobre el fundamento de sus obras; tenía que resultar en un fracaso total. Dios no fue sorprendido. La ley era para que se mostrara al hombre la inutilidad de sus esfuerzos. Pero me da gozo pensar como Dios, que no podía revelar su amor a este pueblo, aun así revela el secreto en prototipo; el siervo fiel que amaba a su amo, su esposa, y sus hijos, sirviendo para siempre. ¡Bendito Jesús! ¡No saliste libre! ¡Fuiste a la cruz y llevaras para siempre las marcas en tus manos, tus pies, y tu costado! ¡Que seas siempre el objeto de nuestra adoración!
19 diciembre de 2015