El rey de Moab Llama a Balaam
(22:5) Por tanto envió mensajeros á Balaam hijo de Beor, á Pethor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la haz de la tierra, y habita delante de mí: (22:6) Ven pues ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo: quizá podré yo herirlo, y echarlo de la tierra: que yo sé que el que tú bendijeres, será bendito, y el que tú maldijeres, será maldito. (22:7) Y fueron los ancianos de Moab, y los ancianos de Madián, con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron á Balaam, y le dijeron las palabras de Balac. (22:8) Y él les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os referiré las palabras, como Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam. (22:9) Y vino Dios á Balaam, y díjole: ¿Qué varones son estos que están contigo? (22:10) Y Balaam respondió á Dios: Balac hijo de Zippor, rey de Moab, ha enviado á mí diciendo: (22:11) He aquí este pueblo que ha salido de Egipto, cubre la haz de la tierra: ven pues ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear con él, y echarlo. (22:12) Entonces dijo Dios á Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque es bendito. (22:13) Así Balaam se levantó por la mañana, y dijo á los príncipes de Balac: Volveos á vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. (22:14) Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron á Balac, y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.
(22:15) Y tornó Balac á enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros. (22:16) Los cuales vinieron á Balaam, y dijéronle: Así dice Balac, hijo de Zippor: Ruégote que no dejes de venir á mí: (22:17) Porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me dijeres: ven pues ahora, maldíceme á este pueblo. (22:18) Y Balaam respondió, y dijo á los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios, para hacer cosa chica ni grande. (22:19) Ruégoos por tanto ahora, que reposeis aquí esta noche, para que yo sepa que me vuelve á decir Jehová. (22:20) Y vino Dios á Balaam de noche, y díjole: Si vinieren á llamarte hombres, levántate y ve con ellos: empero harás lo que yo te dijere.
Un ángel detiene el asna de Balaam
(22:22) Y el furor de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos mozos suyos. (22:23) Y el asna vió al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y apartóse el asna del camino, é iba por el campo. Entonces hirió Balaam al asna para hacerla volver al camino. ( 22:24) Mas el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared de una parte y pared de otra. (22:25) Y viendo el asna al ángel de Jehová, pegóse á la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam: y él volvió á herirla. (22:26) Y el ángel de Jehová pasó más allá, y púsose en una angostura, donde no había camino para apartarse ni á diestra ni á siniestra. ( 22:27) Y viendo el asna al ángel de Jehová, echóse debajo de Balaam: y enojóse Balaam, é hirió al asna con el palo.
(22:28) Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo á Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has herido estas tres veces? (22:29) Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí: ¡Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! (22:30) Y el asna dijo á Balaam: ¿No soy yo tu asna? sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado á hacerlo así contigo? Y él respondió: No.
(22:31) Entonces Jehová abrió los ojos á Balaam, y vió al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, é inclinóse sobre su rostro. (22:32) Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? he aquí yo he salido para contrarrestarte, porque tu camino es perverso delante de mí: (22:33) El asna me ha visto, y hase apartado luego de delante de mí estas tres veces: y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría á ti, y á ella dejaría viva. (22:34) Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino: mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. (22:35) Y el ángel de Jehová dijo á Balaam: Ve con esos hombres: empero la palabra que yo te dijere, esa hablarás. Así Balaam fué con los príncipes de Balac.
(22:36) Y oyendo Balac que Balaam venía, salió á recibirlo á la ciudad de Moab, que está junto al término de Arnón, que es el cabo de los confines. (22:37) Y Balac dijo á Balaam: ¿No envié yo á ti á llamarte? ¿por qué no has venido á mí? ¿no puedo yo honrarte? (22:38) Y Balaam respondió á Balac: He aquí yo he venido á ti: mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré. (22:39) Y fué Balaam con Balac, y vinieron á la ciudad de Husoth. (22:40) Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió á Balaam, y á los príncipes que estaban con él. (22:41) Y el día siguiente Balac tomó á Balaam, é hízolo subir á los altos de Baal, y desde allí vió la extremidad del pueblo. Números 22:1–41
La semana pasada mencionamos las tres citas en el nuevo testamento que nos hablan de Balaam. En los primeros dos, note lo que dice acerca de la raíz de su camino y error.
“Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta”. 2 Pedro 2:15-16
“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. Judas 1:11
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Mateo 6:24
“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. 1 Timoteo 6:6-10
Mientras consideramos estos versículos, pensamos de Moisés. Había sido criado en un ambiente de lujo y riquezas sin comparación. Tenía todo lo que un hombre piensa que quiere. Pero vino el momento cuando tenía que escoger. Escogía bien, pues “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”.
Moisés, en otras palabras, escogía servir a Dios y no a las riquezas. Balaam escogía servir a las riquezas, mientras pretendía servir a Dios. Moisés sufría con el pueblo de Dios, no solo en Egipto sino los cuarenta años en el desierto, pero hemos visto su galardón; “los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén”. Lucas 9:30-31
¿Quién de los dos tenía la vida más feliz y su fin bendito? Moisés moraba en una tienda por todo el tiempo del peregrinaje por el desierto; imagino que Balaam vivía en una casa de lujo, la ganancia de su injusticia pues sus tratos con demonios habían resultado en éxito económico. Dijo Balac, rey de Moab “pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito”. Exclamó Balaam en su primera profecía “¡Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya”! Números 23:10 Moisés murió y fue “reunido con su pueblo” esperando el día de la resurrección, como el pobre Lázaro en Lucas 16:22 esta ahora “en el seno de Abraham”. ¿Pero Balaam? “Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también a Balaam hijo de Beor mataron a espada”. Números 31:7-8 Así Balaam, aunque quería morir la muerte de los rectos, no quiso tener o vivir la vida de los rectos. Acaso ganó por fin el premio de Balac, pues le enseñaba como conquistar a Israel cuando no podía traer sobre ellos la maldición. “Tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”. Apocalipsis 2:14 Pero no disfrutaba de lo que había ganado, pues murió por la espada muy poco tiempo después y recibió la maldición de sus hechos, y ahora está sufriendo igual como aquel rico en Lucas 16 “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos … ”.
Podemos mencionar también a Judas, discípulo del Señor Jesús, que amaba también a las riquezas. “Dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres: sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella”. Juan 12:6. En Mateo 13:22 leemos del “engaño de las riquezas” que tiene su fuerza por “el amor del dinero”. Somos todos, ricos o pobres, susceptibles al engaño de las riquezas. Vale la pena escuchar la voz de Dios que nos habla a través de lo que pasó con Balaam y Moisés y apreciar con Moisés “el galardón”.
Continuaremos la semana que viene, Dios mediante, sobre qué otras cosas podemos aprender sobre esta historia tan interesante. “dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es”. ¿No somos nosotros mucho más benditos que ellos? “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Romanos 8:15-17
28 agosto de 2016