Aarón y María critican a Moisés
(12:10) Y la nube se apartó del tabernáculo: y he aquí que María era leprosa como la nieve; y miró Aarón á María, y he aquí que estaba leprosa.
Moisés oro por María
(12:14) Respondió Jehová á Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su cara, ¿no se avergonzaría por siete días?: sea echada fuera del real por siete días, y después se reunirá. (12:15) Así María fué echada del real siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se le reunió María. (12:16)(13:1) Y DESPUÉS movió el pueblo de Haseroth, y asentaron el campo en el desierto de Parán”. Números 12:1-16
Avanzamos ahora a una triste época en la vida de Moisés. Leemos en este capítulo “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”. Eso quiere decir que no se ofendía fácilmente. Era algo muy importante, dado la grande carga que llevaba siempre con el pueblo de Israel, que no pensaron dos veces antes de acusarle a Moisés; “el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados”? Éxodo 17:3 ¡Que palabras tan fuertes, acusando a Moisés de ser un hombre como malas intenciones contra el pueblo que él amaba con todo su corazón! Pero Moisés lo había aguantado una y otra vez del pueblo de Israel, y no cambiaba nada su amor hacia el pueblo. Esta vez, el problema venia de su misma familia, los que habían sido los testigos más cercanos de su paciencia, su mansedumbre, y su cercanía a Jehová, Dios de Israel.
“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros”? Es solemne pensar que después de tantas manifestaciones al pueblo que Moisés era el líder escogido por Jehová mismo, sus mismos hermanos empezarían hablar contra él. Jehová no los dejaba en ignorancia acerca de que pensaba de sus palabras. “Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés”?
Yo espero que prestemos atención a la cosa seria que era, hablar en contra nuestros hermanos. Este capítulo debe causarnos meditar con más cuidado antes de decir cosas negativas. Acá parece que era envidia que motivaba las quejas del hermano y la hermana de Moisés. Pienso que quizás Maria lideraba en el asunto pues el castigo de Dios cayó sobre ella. “Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve”. Aarón de una vez se puso muy arrepentido al ver la condición de Maria. “Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne”.
Moisés, siendo el hombre manso que era, oraba que Jehová le curase de una vez. ¡Qué bueno es ver que Moisés no guardaba rencor contra sus hermanos! Y después de tanta carga del pueblo de Israel, esto hubiera sido algo muy gravoso. Pero no había en Moisés para nada el espíritu de decírselo a Aarón “¡¿Cómo que voy a orar que se curase Jehová a Maria, después de tratarme tan mal”?! No, en cambio, oro exactamente como Aarón pidió. “Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora”. Aunque Jehová no lo hizo así como los dos hermanos quisieron, indudablemente Moisés cosechaba en su corazón el premio de no haber guardado rencor contra su familia. El consejo del nuevo testamento a nosotros cristianos es muy claro; “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. Romanos 12:20-21
Tomamos la lección practica de esta historia, no olvidando a la vez que también tiene su significado dispensacional. Moisés fue rechazado de su pueblo en Egipto y salió al desierto y se casó con la mujer cusita. Así el Señor Jesús, Mesías de Israel, fue rechazado por su pueblo terrenal y ahora está formando la iglesia, su novia primeramente compuesta de los pueblos gentiles. Las palabras de Aarón y Maria nos hacen pensar de la actitud de los judíos cuando escucharon que el evangelio de la gracia iba a salir a los gentiles. Les ponía locos con furia en el libro de Hechos cada vez que se notaba que la gracia salía a los gentiles. Maria con la lepra ilustra la condición de Israel en el día de hoy. Romanos 11 nos explica los privilegios “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración”? Como Maria fue restaurada después de siete días, así vendrá el día cuando Dios tratará de nuevo con su pueblo terrenal. Hay muchas malas enseñanzas entre el cristianismo en el día de hoy que niegan esta verdad, pero es muy importante meditar el capítulo 11 de Romanos y otras escrituras que ensenan claramente que Dios no va a cancelar las promesas ancianas que hizo a Abraham. ¡Han de ser cumplidos todos!
1 mayo de 2016