MEDITACIONES

de     P. F.

La primera profecía de Balaam  *

Números 22:36–41; 23:1–12*

“(22:36) Y oyendo Balac que Balaam venía, salió á recibirlo á la ciudad de Moab, que está junto al término de Arnón, que es el cabo de los confines.  (22:37) Y Balac dijo á Balaam: ¿No envié yo á ti á llamarte? ¿por qué no has venido á mí? ¿no puedo yo honrarte?  (22:38) Y Balaam respondió á Balac: He aquí yo he venido á ti: mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré.  (22:39) Y fué Balaam con Balac, y vinieron á la ciudad de Husoth.  (22:40) Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió á Balaam, y á los príncipes que estaban con él.  (22:41) Y el día siguiente Balac tomó á Balaam, é hízolo subir á los altos de Baal, y desde allí vió la extremidad del pueblo”.  Números 22:36–41


Balaam bendice a Israel

“(23:1) Y BALAAM dijo á Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros.  (23:2) Y Balac hizo como le dijo Balaam: y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar.  (23:3) Y Balaam dijo á Balac: Ponte junto á tu holocausto, y yo iré: quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te la noticiaré. Y así se fué solo.  (23:4) Y vino Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero.  (23:5) Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y díjole: Vuelve á Balac, y has de hablar así.  (23:6) Y volvió á él, y he aquí estaba él junto á su holocausto, él y todos los príncipes de Moab.  
(23:7) Y él tomó su parábola, y dijo:
            De Aram me trajo Balac,
            Rey de Moab, de los montes del oriente:
            Ven, maldíceme á Jacob;
            Y ven, execra á Israel.  
(23:8) ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?
            ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?
(23:9) Porque de la cumbre de las peñas lo veré,
            Y desde los collados lo miraré:
            He aquí un pueblo que habitará confiado,
            Y no será contado entre las gentes.
(23:10) ¿Quién contará el polvo de Jacob,
            O el número de la cuarta parte de Israel?
            Muera mi persona de la muerte de los rectos,
            Y mi postrimería sea como la suya.
(23:11) Entonces Balac dijo á Balaam: ¿Qué me has hecho? hete tomado para que maldigas á mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones.  (23:12) Y él respondió, y dijo: ¿No observaré yo lo que Jehová pusiere en mi boca para decirlo”?  Números 23:1–12


Aunque aquí desviamos del tema de la vida de Moisés, no dudo que Moisés, que le fue dado por el Espíritu de Dios un entendimiento de todo lo que pasó entre Balac y Balaam, iba entendiendo algo de grande significado; Jehová amaba a su pueblo con un amor irreversible e incambiable.  Su bendición era basada en el carácter y propósitos de Dios y no en su comportamiento.  ¿No entendemos nosotros que tan importante es este punto para el creyente en Cristo en el día de hoy?  Nuestro estado fluctúa día tras día.  Escuchamos la voz del tentador y caímos bajo su influencia, tal como pasó a los hijos de Israel tantas veces en el desierto, y el gobierno de Dios tenía que tratar con su desobediencia, y la nuestra también.  Pero su posición (¡y la nuestra!) en los ojos y propósitos de Jehová era y es sin cambio.  “Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es”.  ¡Bendito es!  ¡Ya!  De este punto Dios no iba a cambiar, y Balaam tenía que aprender esta lección.  “Toda tú eres hermosa, amiga mía y en ti no hay mancha”. Cantares 4:7  Así dijo el amante a su esposa en los Cantares a pesar del dicho de la esposa “Morena soy, oh hijas de Jerusalén”. Cantares 1:5  Así en estos profecías Moisés iba entendiendo cosas profundas y preciosas acerca del amor eterno que Jehová tenia para su pueblo, y se le fue dado la capacidad de tener el punto de vista de Dios en cuanto Israel.  Era un punto de vista difícil de entender, indudablemente, dado todo lo que Moisés había visto entre los muchos años en el desierto, pero a la vez, magnifico y elevado.

Vemos que era la intención de Balaam ganar “las dádivas de adivinación” e intentaba con sus sacrificios invocar la ayuda del diablo para hacerlo y así maldecir el pueblo de Israel, tal como Balac quiso.  Pero no fue eficaz, pues “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”. 1 Juan 4:4  O como dijo Elías a su siervo espantado por los ejércitos de los Sirios “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos”. 2 Reyes 6:16  Israel estaba ignorante de ambos el enemigo buscando su ruina y Jehová obrando para protegerles y bendecirles, pero así era.

“Y Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros…Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así … Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, rey de Moab, de los montes del oriente; Ven, maldíceme a Jacob, y ven, execra a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los collados lo miraré; He aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones. ¿Quién contará el polvo de Jacob, o el número de la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya”.

“Porque de la cumbre de las peñas lo veré”  ¡Que revelación hubiera sido a Moisés, al ver el pueblo de este punto de vista tan elevado!  De verles por en medio, como él siempre había hecho, casi nada había menos murmuraciones y quejas terribles.  Pero del punto de vista de Jehová, de la cumbre de las peñas, era otro asunto total.  De este punto era un pueblo muy especial, separado y santificado para Jehová, confiado, y sin número en abundancia.  Quizás vemos muy poca semejanza comparando los pensamientos de Dios con la realidad del pueblo, pero al enemigo nada se revela acerca de su desobediencia.  Eso era algo privado, como un padre disciplina a sus hijos pero nunca a la vista de otros.

Me acuerdo de un hermano que antes asistía en la asamblea de Hemet, que su mudo después a otro lugar, pero a menudo decía “debemos mirar a nuestros hermanos de la cumbre de las peñas”.  Era un punto muy importante y de mucho valor.  Somos muy capaces de ver las fallas y defectos de cada cual; pero ¿podemos ver a nuestros hermanos del punto de vista de Dios?  “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él … para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”. Efesios 1:4-6  Este es el punto de vista de Dios.  ¡Que nos dé a nosotros la capacidad de así ver a nuestros hermanos, los aceptados en el Amado!

FELIPE FOURNIER
4 septíembre de 2016