MEDITACIONES

de     P. F.

El Canto de Moisés, parte 3  *

Deuteronomio 32:26–52*

“(32:26) Dije: Echaríalos yo del mundo,
            Haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,
(32:27) Si no temiese la ira del enemigo,
            No sea que se envanezcan sus adversarios,
            No sea que digan: Nuestra mano alta
            Ha hecho todo esto, no Jehová.
(32:28) Porque son gente de perdidos consejos,
            Y no hay en ellos entendimiento.
(32:29) Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto,
            Y entendieran su postrimería!
(32:30) ¿Cómo podría perseguir uno á mil,
            Y dos harían huir á diez mil,
            Si su Roca no los hubiese vendido,
            Y Jehová no los hubiera entregado?
(32:31) Que la roca de ellos no es como nuestra Roca:
            Y nuestros enemigos sean de ello jueces.
(32:32) Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos,
            Y de los sarmientos de Gomorra:
            Las uvas de ellos son uvas ponzoñosas,
            Racimos muy amargos tienen.
(32:33) Veneno de dragones es su vino,
            Y ponzoña cruel de áspides.
(32:34) ¿No tengo yo esto guardado,
            Sellado en mis tesoros?
(32:35) Mía es la venganza y el pago,
            Al tiempo que su pie vacilará;
            Porque el día de su aflicción está cercano,
            Y lo que les está preparado se apresura.
(32:36) Porque Jehová juzgará á su pueblo,
            Y por amor de sus siervos se arrepentirá,
            Cuando viere que la fuerza pereció,
            Y que no hay guardado, mas desamparado.
(32:37) Y dirá: ¿Dónde están sus dioses,
            La roca en que se guarecían;
(32:38) Que comían el sebo de sus sacrificios,
            Bebían el vino de sus libaciones?
            Levántense, que os ayuden
            Y os defiendan.
(32:39) Ved ahora que yo, yo soy,
            Y no hay dioses conmigo:
            Yo hago morir, y yo hago vivir:
            Yo hiero, y yo curo:
            Y no hay quien pueda librar de mi mano.
(32:40) Cuando yo alzaré á los cielos mi mano,
            Y diré: Vivo yo para siempre,
(32:41) Si afilare mi reluciente espada,
            Y mi mano arrebatare el juicio,
            Yo volveré la venganza á mis enemigos,
            Y daré el pago á los que me aborrecen.
(32:42) Embriagaré de sangre mis saetas,
            Y mi espada devorará carne:
            En la sangre de los muertos y de los cautivos,
            De las cabezas, con venganzas de enemigo.
(32:43) Alabad, gentes, á su pueblo,
            Porque él vengará la sangre de sus siervos,
            Y volverá la venganza á sus enemigos,
            Y expiará su tierra, á su pueblo.

La ley fuente de vida

(32:44) Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico á oídos del pueblo, él, y Josué hijo de Nun.  (32:45) Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras á todo Israel;  (32:46) Y díjoles: Poned vuestro corazón á todas las palabras que yo os protesto hoy, para que las mandéis á vuestros hijos, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley.  (32:47) Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por ellas haréis prolongar los días sobre la tierra, para poseer la cual pasáis el Jordán.

Moisés contempla a Canaán

(32:48) Y habló Jehová á Moisés aquel mismo día, diciendo:  (32:49) Sube á este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, que está en derecho de Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad á los hijos de Israel;  (32:50) Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido á tus pueblos; al modo que murió Aarón tu hermano en el monte de Hor, y fué reunido á sus pueblos:  (32:51) Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.  (32:52) Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, á la tierra que doy á los hijos de Israel”.  Deuteronomio 32:1–52


Consideramos unas cuantas cosas más en este capítulo tan bello pero a la vez solemne de lo que esperaba a Israel después de la muerte de Moisés, la cual Jehová anuncia otra vez a Moisés al fin de este capítulo.

“Yo había dicho que los esparciría lejos, que haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos, de no haber temido la provocación del enemigo, no sea que se envanezcan sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano poderosa ha hecho todo esto, y no Jehová”.  Moisés aquí está hablando por Jehová, diciéndonos sus pensamientos acerca de su propia gloria, que al castigar a Israel en su disciplina por su idolatría, tampoco iba a dejar que las naciones se jactasen.  Moisés antes había orado a Dios así, en la época cuando volvieron las espías de espiar la tierra y trajeron su incrédulo y triste reporte de la tierra de promesa.  “Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra…hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto”.

“Porque son nación privada de consejos, y no hay en ellos entendimiento. ¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera! ¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado? Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, y aun nuestros enemigos son de ello jueces”.  Lo que Moisés dijo aquí es de sobremanera probado a través de Rahab, cuando los espías entraron en su casa.  “Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra”.  ¡No había en ellos la misma falta de entendimiento que había en Israel, pues se dieron cuenta del poder de su Dios, Jehová!  Pero a la vez entendemos que lo que Rahab dijo era por fe “Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra”.

“Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano”.  Aquí tenemos un dicho universal de quien es Dios.  “Yo soy”, el que siempre existe.  “Hago morir...hago vivir”.  El hombre en su ciencia está tratando de meterse en el territorio de Dios pero la vida está todavía en la mano de Dios, como dijeron los hechiceros de Faraón en los tiempos de las plagas “Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste”. Éxodo 8:19  El Señor Jesucristo dijo a los fariseos “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”. Juan 8:58  Otra vez, al presentarse a los que vinieron a prenderle; “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy”.  Juan 18:4-5

Moisés termina su canto con la seguridad que al fin, Jehová a de redimir su pueblo arrepentido.  “Alabad, naciones, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, y tomará venganza de sus enemigos, y hará expiación por la tierra de su pueblo”.  Como decimos la semana pasada, esto es seguro para el futuro.  Dios no va a ser frustrado en sus propósitos para su nación y su pueblo.

“Acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel; y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley. Porque no os es cosa vana; es vuestra vida y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella”.

“Es vuestra vida” son palabras profundas.  Dijo el rey Ezequías después de que Dios extendió su vida otros 15 años; “Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva”. Isaías 38:16  Meditemos bien en esto.  La historia del rico cuya tierra prosperaba y le hizo orgulloso e independiente de Dios “porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.  1 Timoteo 6:17-19 nos instruye “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”.

FELIPE FOURNIER
29 enero de 2017