Sacrificios expiatorios
(1:10) Y si su ofrenda para holocausto fuere de ovejas, de los corderos, ó de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá. (1:11) Y ha de degollarlo al lado septentrional del altar delante de Jehová: y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar alrededor (1:12) Y lo dividirá en sus piezas, con su cabeza y su redaño; y el sacerdote las acomodará sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar; (1:13) Y lavará sus entrañas y sus piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y harálo arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor suave á Jehová.
(1:14) Y si el holocausto se hubiere de ofrecer á Jehová de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, ó de palominos. (1:15) Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y ha de quitarle la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar. (1:16) Y le ha de quitar el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas. (1:17) Y la henderá por sus alas, mas no la dividirá en dos: y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor suave á Jehová”. Levítico 1:1–17
“Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda”.
La semana pasada notamos como Moisés edificaba el tabernáculo según el modelo que Jehová le había enseñado en el monte, y de eso meditamos como es también nuestra responsabilidad buscar en la Biblia, la palabra de Dios, para nuestros modelos y patrones para la adoración y la obediencia a la palabra. Siendo que nuestro tema es Moisés y su vida, no es mi intención hablar mucho sobre estos capítulos en Levítico, donde nos habla de los sacrificios y la forma de adoración. Pero notamos aquí como la voz de Dios ha cambiado porque está hablando ahora con Moisés “desde el tabernáculo de reunión” y ya no del monte Sinaí. Moisés había intercedido por el pueblo cuando Jehová dijo que ya no iba a irse con el pueblo de Israel por su gran desobediencia. Jehová entonces haba concedido irse con el pueblo. “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”. Éxodo 25:8 La voz de Jehová del monte Sinaí fue de otra clase. “Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció desde el monte de Parán, y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha”. Deuteronomio 33:2
Pero la voz que ahora habla con Moisés no es “la ley de fuego”, una ley que tarde o temprano iba a consumir al pueblo pecaminoso y desobediente. No, esta voz habla de la forma como el pueblo podía acercarse a Dios, a pesar de sus muchos pecados. Era a través de los sacrificios que eran para Dios “un olor suave” pues anticipaban el sacrificio de otros cordero, el Cordero de Dios, un sacrificio perfecto, sin mancha, y adecuado para todos los reclamos de Dios contra el pecado. “Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer … El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo”. Juan 1:19-30
“Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados … En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”. Hebreos 10:1-12
Brevemente mencionamos los cinco tipos de sacrificios: Primero, el holocausto, que era ofrenda de voluntad propia, o sea que no era obligatoria, sino hecho de corazón lleno de apreciación por Jehová. “Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová”. Este aspecto de la obra de Cristo no se medita ni entiende mucho, pues tiene que ver con el amor y obediencia del Hijo al Padre, y no tanto con nuestro beneficio a través del perdón de nuestros pecados, algo que se ve en las otras ofrendas (las ofrendas en los capítulos 4 y adelante), las ofrendas para el pecado y transgresión. Tenemos la tendencia de siempre meditar en nuestro beneficio del sacrificio de Cristo, y de verdad es maravilloso tema. Pero qué bueno si Dios nos da la actitud de reflexionar sobre Cristo, obediente a su Padre hasta la muerte, y muerte de cruz. “Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre … toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:5-12
¿Dónde, en estos versículos de Filipenses 2, menciona nuestros pecados o la redención que recibimos a través de la muerte de Cristo? No se menciona, pues no es el tema. El tema es la gloria de Dios, a través de la vida y muerte de Cristo. Me atrevo mencionar algo que los hermanos mayores me enseñaron que en años pasados no entendía y me ofendía algo, pero ahora lo veo de otra forma con quizás más madurez cristiana. “Dios hubiera sido glorificado en la muerte de Cristo, aunque ni siquiera un pecador fuera salvado”. Lo dejo para su meditación como me era necesario meditar pues una vez no me gustaba pero ahora creo que si lo aprecio.
Las ofrendas que siguen son preciosas cada una en su lugar. La ofrenda de flor de harina en Levítico 2 habla de la vida perfecta de Cristo. No era para propiciación de pecado, pero de todos modos se dice “ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová ... es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová”. La vida perfecta de Jesucristo no hacía nada para salvarnos en este sentido pero glorificaba a Dios en todo aspecto. Sigue la ofrenda de paz en el capítulo 3 donde vemos la comunión del adorador con Dios, y de esta ofrenda “Y la grosura la hará arder el sacerdote en el altar, más el pecho será de Aarón y de sus hijos”. Levítico 7:31 El holocausto fue quemado en total a Jehová; del holocausto no comían nada pues era cien por ciento para Dios.
Las otras ofrendas notamos ya, en los capítulos 4 y adelante, hablan de la ofrenda por el pecado general y de ciertas transgresiones específicas. De ellas no dice que eran olor suave a Jehová, ni eran voluntarias, sino obligatorias para perseverarlos de la muerte. Hay mucho que meditar y por ustedes que quieren estudiarlo más, recomiendo las meditaciones sobre Levítico por C. H. M., que son disponibles en español e inglés.
De qué nivel captaba Moisés el significado de los muchos detalles de las ofrendas, no sabemos con seguridad, pero podemos decir que no entendía mucho acerca del Cordero de Dios, Jesucristo. Es por nosotros, miembros de la iglesia, salvados por su gracia e inteligentes a las revelaciones de Dios a través de toda la palabra de Dios apreciar el significado de estas ofrendas en la persona y obra del Señor Jesucristo. Volveremos a la vida y experiencias de Moisés la semana que viene, si Dios quiere.
6 marzo de 2016