En busca de esposa para Isaac
(24:7) Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú tomarás de allá mujer para mi hijo. (24:8) Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá á mi hijo. (24:9) Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y juróle sobre este negocio.
(24:10) Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fuése, pues tenía á su disposición todos los bienes de su señor: y puesto en camino, llegó á Mesopotamia, á la ciudad de Nachôr. (24:11) E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto á un pozo de agua, á la hora de la tarde, á la hora en que salen las mozas por agua. (24:12) Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. (24:13) He aquí yo estoy junto á la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua: (24:14) Sea, pues, que la moza á quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber á tus camellos: que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
(24:15) Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido á Bethuel, hijo de Milca, mujer de Nachôr hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. (24:16) Y la moza era de muy hermoso aspecto, virgen, á la que varón no había conocido; la cual descendió á la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. (24:17) Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Ruégote que me des á beber un poco de agua de tu cántaro. (24:18) Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa á bajar su cántaro sobre su mano, y le dió á beber. (24:19) Y cuando acabó de darle á beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. (24:20) Y dióse prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos (24:21) Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado ó no su viaje. (24:22) Y fué que como los camellos acabaron de beber, presentóle el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez: (24:23) Y dijo: ¿De quién eres hija? Ruégote me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos? (24:24) Y ella respondió: Soy hija de Bethuel, hijo de Milca, el cual parió ella á Nachôr. (24:25) Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. (24:26) El hombre entonces se inclinó, y adoró á Jehová. (24:27) Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó su misericordia y su verdad de mi amo, guiándome Jehová en el camino á casa de los hermanos de mi amo. (24:28) Y la moza corrió, é hizo saber en casa de su madre estas cosas.
(24:29) Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera al hombre, á la fuente; (24:30) Y fué que como vió el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía, Así me habló aquel hombre; vino á él: y he aquí que estaba junto á los camellos á la fuente. (24:31) Y díjole: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos.
(24:32) Entonces el hombre vino á casa, y Labán desató los camellos; y dióles paja y forraje, y agua para lavar los piés de él, y los piés de los hombres que con él venían. (24:33) Y pusiéronle delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla. (24:34) Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham; (24:35) Y Jehová ha bendecido mucho á mi amo, y él se ha engrandecido: y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. (24:36) Y Sara, mujer de mi amo, parió en su vejez un hijo á mi señor, quien le ha dado todo cuanto tiene. (24:37) Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, en cuya tierra habito; (24:38) Sino que irás á la casa de mi padre, y á mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo. (24:39) Y yo dije: Quizás la mujer no querrá seguirme. (24:40) Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás mujer para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre: (24:41) Entonces serás libre de mi juramento, cuando hubieres llegado á mi linaje; y si no te la dieren, serás libre de mi juramento. (24:42) Llegué, pues, hoy á la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando; (24:43) He aquí yo estoy junto á la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que saliere por agua, á la cual dijere: Dame á beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro; (24:44) Y ella me respondiere, Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua: ésta sea la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor. (24:45) Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió á la fuente, y sacó agua; y le dije: Ruégote que me des á beber. (24:46) Y prestamente bajó su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también á tus camellos daré á beber. Y bebí, y dió también de beber á mis camellos. (24:47) Entonces preguntéle, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Bethuel, hijo de Nachôr, que le parió Milca. Entonces púsele un pendiente sobre su nariz, y brazaletes sobre sus manos: (24:48) E inclinéme, y adoré á Jehová, y bendije á Jehová, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo. (24:49) Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y echaré á la diestra ó á la siniestra.
(24:50) Entonces Labán y Bethuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. (24:51) He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová. (24:52) Y fué, que como el criado de Abraham oyó sus palabras, inclinóse á tierra á Jehová. (24:53) Y sacó el criado vasos de plata y vasos de oro y vestidos, y dió á Rebeca: también dió cosas preciosas á su hermano y á su madre. (24:54) Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme á mi señor. (24:55) Entonces respondió su hermano y su madre: Espere la moza con nosotros á lo menos diez días, y después irá. (24:56) Y él les dijo: No me detengáis, pues que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya á mi señor. (24:57) Ellos respondieron entonces: Llamemos la moza y preguntémosle. (24:58) Y llamaron á Rebeca, y dijéronle: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. (24:59) Entonces dejaron ir á Rebeca su hermana, y á su nodriza, y al criado de Abraham y á sus hombres. (24:60) Y bendijeron á Rebeca, y dijéronle: Nuestra hermana eres; seas en millares de millares, y tu generación posea la puerta de sus enemigos.
(24:61) Levantóse entonces Rebeca y sus mozas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó á Rebeca, y fuése. (24:62) Y venía Isaac del pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del Mediodía; (24:63) Y había salido Isaac á orar al campo, á la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. (24:64) Rebeca también alzó sus ojos, y vió á Isaac, y descendió del camello; (24:65) Porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y cubrióse. (24:66) Entonces el criado contó á Isaac todo lo que había hecho. (24:67) E introdújola Isaac á la tienda de su madre Sara, y tomó á Rebeca por mujer; y amóla: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre”. (Génesis 24:1-67)
Continuamos con la historia tan interesante que empezamos la semana pasada, del siervo en busca de una novia para Isaac. “Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían. Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje”.
Es muy interesante reflexionar sobre la prisa de este siervo fiel de Abraham. No dudo que estaba muy hambriento y cansado. Había viajado alrededor de 1,500 kms en espalda de camello y caminando. Imagino que había sido un viaje de cuatro meses, con todas las incomodidades de tal viaje. Esta era probablemente la primera vez en cuatro meses que había tenido la oportunidad de relajar y disfrutar una comida en una casa. Pero no, no iba a comer hasta que hubiera contado toda la historia de porque había llegado al lugar.
Para mí esto nos hace pensar de la obra del Espíritu Santo en el día de hoy, proclamando al hombre que no demore, sino que acepte a Cristo hoy, ahora mismo, y no mañana. Vemos como la familia de Rebeca, aunque estaban bien impresionados con la historia del siervo, no creían que era de mucha prisa. Pero el siervo, al día siguiente, quiso empezar otra vez un viaje cansadísimo, en vez de relajar y descansar algunos días. “Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor. Entonces respondieron su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá. Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor. Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle. Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré”.
Es común que se leyera estos versículos en bodas aquí en los Estados Unidos y quizás en Latín América también. Pero dudo que haya habido respuestas hechas con tan poca información, para tomar un viaje lleno de tanto riesgo y tan lejos, para casarse con un hombre totalmente desconocido fuera del testimonio de un siervo desconocido. Después de esto, no había mucho en la vida de Rebeca que llega a ser de ejemplo bueno para nosotros. Pero en esto, la tenemos que admirar. Aquí ella enseña una fe tremenda y verdadera. Puso toda su confianza en Jehová, en cuyo nombre vino el siervo. El siervo había dicho “y me incliné y adoré a Jehová, y bendije a Jehová Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo”. No quiso tampoco quedar más tiempo reflexionando y decidiendo que si o que no. “Si, iré” eran sus palabras sencillas.
Del viaje largo, leemos muy poco. Cuáles eran sus trajines y dificultades, no sabemos. Pero yo imagino que era algo semejante al viaje de la pareja yendo a Emaús en compañía con el Señor Jesús resucitado. “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. Imagino que el siervo pasaba el tiempo de día tras día diciendo a Rebeca la vida de Isaac, el hijo de la vejez de Abraham y Sara. Quizás la explicaba acerca del monte donde el carnero fue sacrificado en lugar de Isaac, y como regresaron el padre y el hijo como si fuera de la muerte. Sea como sea, cuando llegaron al lugar, vemos como Rebeca se comportaba al ver a Isaac. “Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev. Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió”.
¡Cuántas cosas podemos decir sobre estos versículos! Vemos un ejemplo de un matrimonio donde lo más importante era la guía de Jehová. Rebeca salió por fe e Isaac encontró a su esposa cuando está meditando, o, a lo mejor, orando. El siervo, aunque era siervo de Abraham, dijo de Isaac “Este es mi señor” haciéndonos recordar que “Yo y el Padre una cosa somos”. Juan 10:30
Vimos en Génesis 22 la primera mención del amor en la Biblia: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”. Aquí vemos la segunda mención del amor en la Biblia: “Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó: … ”. El amor preeminente en la Biblia es el amor del Padre para el Hijo. ¿Y el amor que viene justo después? ¡El amor del Hijo para su esposa!
16 febrero de 2014