MEDITACIONES

de     P. F.

Rama fructífera es José  *

Génesis 49:22-26, Juan 4:1-19*

(49:22)  Ramo fructífero José,
            Ramo fructífero junto á fuente,
            Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.
(49:23)  Y causáronle amargura,
            Y asaeteáronle,
            Y aborreciéronle los archeros:
(49:24)  Mas su arco quedó en fortaleza,
            Y los brazos de sus manos se corroboraron
            Por las manos del Fuerte de Jacob,
            (De allí el pastor, y la piedra de Israel,)
(49:25)  Del Dios de tu padre, el cual te ayudará,
            Y del Omnipotente, el cual te bendecirá
            Con bendiciones de los cielos de arriba,
            Con bendiciones del abismo que está abajo,
            Con bendiciones del seno y de la matriz.
(49:26)  Las bendiciones de tu padre
            Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores:
            Hasta el término de los collados eternos
            Serán sobre la cabeza de José,
            Y sobre la mollera del Nazareo de sus hermanos”.  (Génesis 49:22-26)

Jesús y la samaritans

(4:1) DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,  (4:2) (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),  (4:3) Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.  (4:4) Y era menester que pasase por Samaria.  (4:5) Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.  (4:6) Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.  (4:7) Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.  (4:8) (Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)  (4:9) Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.  (4:10) Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.  (4:11) La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?  (4:12) ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?  

Jesús, el agua de la vida

(4:13) Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;  (4:14) Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.  ( 4:15) La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacar la.  (4:16) Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.  (4:17) Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;  (4:18) Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.  (4:19) Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta”.  (Juan 4:1-19)


Por fin hemos llegado a las palabras de Israel para con el hijo amado, José.  No nos debe ser de sorpresa que están tan llenas de palabras bonitas de bendiciones.  Son palabras tan claras que parece que no se necesita mucha explicación, pero quizás podemos compartir algunos pensamientos.

“Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros; Mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre. Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores; Hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos”.

“Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta”. Juan 4:4-6

No es posible que Jacob supiera del futuro de sus descendientes, los Israelitas, y como iban a ser distanciados de todos los demás, los gentiles.  Pero aun así, profetiza aquí acerca de José, como árbol fructífero cuyos ramos extenderían sobre la pared.“La pared” significaba el muro entre judío y gentil, que fue derribado por fin por la muerte de Cristo en la cruz del Calvario.  “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación”. Efesios 2:13,14  ¿No vemos un bello ejemplo antes del Señor Jesús junto al pozo de Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José?  Allí el Señor descansaba, después de caminar acaso 45 kilómetros.  Iba a aquel lugar precisamente con el fin de encontrar la señora samaritana, menospreciada por los judíos y por su propio pueblo, pero valorada por el Señor Jesús, que la quería dar el agua que satisface, la vida eterna.

Hemos escrito antes acerca de la maravilla, medio inexplicable, de cuan diferente era José de sus hermanos, un hombre que vivía en la presencia de Dios, mientras sus hermanos andaban muy corruptos.  Jacob nos da la explicación en nuestra porción.  “le aborrecieron los arqueros; Mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob”.  Así el Fuerte de Jacob, Jehová, mantenía a José en la senda de justicia a pesar del odio de sus hermanos (los arqueros).  ¿Y no es interesante que el hombre que antes era de engaño (pero ahora Israel) llamaría a Jehová Dios “el Fuerte de Jacob”?  Además, confiesa que a través de su hijo José, ha recibido más bendiciones que su papa Isaac y su abuelo Abraham.  “Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores”.  A Faraón, aquellos años antes, había contestado que su vida había sido un desastre.  “Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación”.  Pero ahora, diez y siete años después del gozo de vivir con José y conocer sus hijos, confiesa que ha sido bendito más que sus progenitores.

“Hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos”.  La referencia aquí a los collados eternos nos lleva hasta el milenio cuando el Señor Jesús, el que también fue “apartado de entre sus hermanos” no solo para sufrir aislamiento de su discípulos sino también una muerte cruel en una cruz.

Así terminamos con la vida de Jacob, o Israel, un hombre ahora triunfante.  Acaso la semana que viene veremos cómo los mismos egipcios lloraron por la muerte de aquel hombre una vez odiado por sus familiares y vecinos por su mala conducta engañosa.

FELIPE FOURNIER
15 febrero de 2015