Jacob ante Faraón
(47:5) Entonces Faraón habló á José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido á ti; (47:6) La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar á tu padre y á tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres eficaces, ponlos por mayorales del ganado mío.
(47:7) Y José introdujo á su padre, y presentólo delante de Faraón; y Jacob bendijo á Faraón. (47:8) Y dijo Faraón á Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? (47:9) Y Jacob respondió á Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado á los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. (47:10) Y Jacob bendijo á Faraón, y salióse de delante de Faraón.
(47:11) Así José hizo habitar á su padre y á sus hermanos, y dióles posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Rameses como mandó Faraón. (47:12) Y alimentaba José á su padre y á sus hermanos, y á toda la casa de su padre, de pan, hasta la boca del niño.
(47:13) Y no había pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave; por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán. (47:14) Y recogió José todo el dinero que se halló en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón. (47:15) Y acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto á José diciendo: Danos pan: ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero? (47:16) Y José dijo: Dad vuestros ganados, y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero. (47:17) Y ellos trajeron sus ganados á José; y José les dió alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos: y sustentólos de pan por todos sus ganados aquel año. (47:18) Y acabado aquel año, vinieron á él el segundo año, y le dijeron: No encubriremos á nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra. (47:19) ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos á nosotros y á nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón: y danos simiente para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra. (47:20) Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los Egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos: y la tierra vino á ser de Faraón. (47:21) Y al pueblo hízolo pasar á las ciudades desde el un cabo del término de Egipto hasta el otro cabo.
(47:22) Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían su ración que Faraón les daba: por eso no vendieron su tierra. (47:23) Y José dijo al pueblo: He aquí os he hoy comprado y á vuestra tierra para Faraón: ved aquí simiente, y sembraréis la tierra. (47:24) Y será que de los frutos daréis el quinto á Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños. (47:25) Y ellos respondieron: La vida nos has dado: hallemos gracia en ojos de mi señor, y seamos siervos de Faraón. (47:26) Entonces José lo puso por fuero hasta hoy sobre la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto; excepto sólo la tierra de los sacerdotes, que no fué de Faraón.
(47:27) Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y aposesionáronse en ella, y se aumentaron, y multiplicaron en gran manera. (47:28) Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años: y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. (47:29) Y llegáronse los días de Israel para morir, y llamó á José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, ruégote que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad; ruégote que no me entierres en Egipto; (47:30) Mas cuando durmiere con mis padres, llevarme has de Egipto, y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y él respondió: Yo haré como tú dices. (47:31) Y él dijo: Júramelo. Y él le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama”. (Génesis 47:1-31)
“Y los hombres son pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos: y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían. Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿cuál es vuestro oficio? Entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra mocedad hasta ahora, nosotros y nuestros padres; á fin que moréis en la tierra de Gosén, porque los Egipcios abominan todo pastor de ovejas”. Gen 46:32-34
Ha habido algunas sugerencias porque los egipcios abominaban los pastores. Es posible que era por su carácter de vagabundos, pues los pastores siempre estaban moviéndose de lugar a lugar, buscando pasto para sus animales. Los pueblos nómadas han sido a menudo menospreciados por las épocas en varias culturas. Han sufrido sospechas de parte de los pueblos que viven en ciudades como acusados de ser ladrones y malvados. Sabemos que los patriarcas eran nómadas. “Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa: Porque esperaba ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios”. Hebreos 11:9-10
Veo, quizás, un doble aspecto de la decisión de José poner a sus hermanos apartado de los egipcios. Sobre todo, creo que José reconocía el peligro para su familia de abandonar su carácter como peregrinos. ¿No había abandonado su tío Lot el carácter de peregrino, para vivir en una ciudad y ser rodeado con hombres pecadores? Las consecuencias habían sido graves para Lot. José quería que su familia mantuviese su carácter como nómadas y extranjeros en Egipto, siempre esperando el día cuando iban a poder regresar a la tierra prometida, la tierra que Jehová les iba a dar.
Además, creo que José no quería tampoco que los egipcios sintiesen que venía su familia con designios para invadir y conquistar. Podemos acordar como los hermanos Levi y Simeón habían sido muy agresivos antes, y con astucia y violencia habían eliminado una familia completa. “Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad, por cuanto habían amancillado a su hermana. Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo, y todos sus bienes; llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que había en casa. Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa”. Génesis 34:27-30
Así vemos que había una división entre los hebreos en Egipto y los demás egipcios. Esta división quedaba por muchos años, aun cuando fueron esclavizados después de la muerte de José. Hay una lección en esto también por nosotros, me parece, siendo que también somos extranjeros en este mundo. “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”. 1 Pedro 2:11-12 Indudablemente podemos ver también que “los egipcios abominan a todo pastor”. El que rehúsa al mundo como su hogar tampoco va a conocer el amor del mundo. Como Noé, condenamos al mundo por no querer hacerlo nuestro hogar permanente. “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”. Hebreos 11:7 Dijo el Señor Jesús a sus discípulos “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”.
Una cosa más se me ocurre acerca de la abominación de los pastores. Pablo hablaba de la falta de pastores, que nombra padres en 1 Corintios. “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres … Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”. 1 Corintios 4:15-17 Pedro también, habiendo conocido personalmente al Buen Pastor, habla a sus lectores así “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”. 1 Pedro 5:2-4 Me parece que el don de pastor muchas veces es menospreciado, hasta entre los hermanos en Cristo, pero la promesa a tales personas es la corona incorruptible de gloria. No es algo que recibe mucho reconocimiento, y a veces el pastor aguanta muchas críticas, pues tiene que acercarse a personas necesitadas y con sabiduría mostrarles amor mientras no niega su conducta que puede ser mala. Pero es algo que el mismo Señor Jesús, el Príncipe de los pastores, mostraba en perfección, pues “el buen pastor su vida da por las ovejas”. Juan 10:11
23 noviembre de 2014