MEDITACIONES

de     P. F.

La muerte de Jose  *

Génesis 50:21–26*

“(50:21)  Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré á vosotros y á vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.  
(50:22) Y estuvo José en Egipto, él y la casa de su padre: y vivió José ciento diez años.  (50:23) Y vió José los hijos de Ephraim hasta la tercera generación: también los hijos de Machîr, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José.  (50:24) Y José dijo á sus hermanos: Yo me muero; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de aquesta tierra á la tierra que juró á Abraham, á Isaac, y á Jacob.  (50:25) Y conjuró José á los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.  (50:26) Y murió José de edad de ciento diez años; y embalsamáronlo, y fué puesto en un ataúd en Egipto”.  (Génesis 50:1-26)


“Así los consoló, y les habló al corazón”.  Estas palabras leemos la semana pasada acerca de la desconfianza que los hermanos de José expresaron, creyendo después de todo que José iba a recompensarlos por la maldad que habían cometido.  Pero estaban equivocados acerca de su persona y les habló con lágrimas acerca de los planes de Dios y su propósito de salvarles la vida y no solo a ellos sino también las vidas de los egipcios.  Así fueron consolados y unidos con José y parece que nunca más dudaron de su corazón de amor hacia ellos.

Ahora leemos de la muerte de aquel hombre fiel, después de haber podido criar a sus nietos, sin duda en la senda de fe en Jehová, el único Dios verdadero.  “Y habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y vivió José ciento diez años. Y vio José los hijos de Efraín hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados sobre las rodillas de José.  Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.  E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto”.

“Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos”. Hebreos 11:22

Pero seguramente estos nietos estaban demasiado acostumbrados a la vida en Egipto.  Nunca habían conocido la tierra de promesa.  De salir de Egipto acaso no les hubiera llegado a la mente, pues Egipto era el único hogar que ellos habían conocido.  Pero José, siempre el hombre que caminaba por fe, reconocía que Egipto no era su lugar de descanso, a pesar de la verdad que desde la edad de diecisiete años, no había visto a Palestina, la tierra prometida.  Y así nosotros, aunque siempre hemos vivido en este mundo, confesamos que no es nuestro descanso aquí.  “Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente” fue dicho por el profeta Miqueas y puede estar escrito sobre este mundo como advertencia a nosotros.  Así nos enseña Filipenses 3:20-22; “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

¿Qué fin tenía la gloria de Egipto para José?  “Fue puesto en un ataúd en Egipto”.  El mundo es un lugar que siempre termina en la muerte.  Pero José anticipaba que Egipto no iba a ser el hogar permanente de los hijos de Israel.  “E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos”.  Sus huesos solo iban a tener su lugar temporario en Egipto.  Por fe José ve que aunque el muriese, Dios vive.  Podemos decir que exigiendo que sus huesos fuesen llevados a la tierra prometida, anticipaba la resurrección.

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”.

Así dejamos la vida de este hombre, tan amplio y profundo prototipo del Señor Jesucristo.  No hay otro más completo en toda la Biblia.

Acaso la semana que viene empezaremos una meditación sobre la vida de otro hombre de fe, Moisés.

“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”. Hebreos 11:23-26

FELIPE FOURNIER
8 marzo de 2015