| “(49:8) | Judá, alabarte han tus hermanos: | |||||||||||||||||||||||||||||
| Tu mano en la cerviz de tus enemigos: | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Los hijos de tu padre se inclinarán á ti. | ||||||||||||||||||||||||||||||
| (49:9) | Cachorro de león Judá: | De la presa subiste, hijo mío: |
| Encorvóse, echóse como león, | ||
| Así como león viejo; ¿quién lo despertará? |
| (49:10) | No será quitado el cetro de Judá, | Y el legislador de entre sus piés, |
| Hasta que venga Shiloh; | ||
| Y á él se congregarán los pueblos. |
| (49:11) | Atando á la vid su pollino, | Y á la cepa el hijo de su asna, |
| Lavó en el vino su vestido, | ||
| Y en la sangre de uvas su manto: |
| (49:12) | Sus ojos bermejos del vino, | Y los dientes blancos de la leche”. (Génesis 49:8-12) |
Disculpe primero la perdida de dos semanas sin estudios. He estado muy ocupado con la conferencia en Burbank y además con las visitas de mis hijos y nietos, y también otros hermanos visitando.
“Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos. Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto”.
Hay mucho en el párrafo arriba que yo no puedo exponer. Pero creo que no puede haber duda que es de todo positivo, un gran cambio de los tres primeros hijos de Jacob, Rubén, Simeón, y Levi. Y no es que Judá era sin culpa. Si leemos acerca de la vida de Judá, notamos primero que fue su idea vender a su hermano José como esclavo, buscando con este acto entregarle a muerte a través de las manos de otros, mientras aprovechar económicamente. Segundo, vemos a Judá en el capítulo 38 de Génesis como un hombre corrupto, que después de la muerte de su esposa, no veía nada de malo entrando a una señora que él pensaba que fuera ramera. (No era; resultó que era su nuera, dos veces una viuda quien estaba molesta porque Judá no había cumplido su promesa de darle su tercer hijo como marido.)
¿Qué pues? ¿Por qué tan grande diferencia entre las palabras de Israel en cuanto Judá comparados con sus palabras acerca de la corrupción de Rubén? Yo creo que encontramos la respuesta en el capítulo 44 de Génesis. “Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío, te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor……Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre; te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre”.
Aquí vemos un arrepentimiento profundo y completo. Se ve en las palabras de Judá que no solo había aceptado que “Dios ha hallado la maldad de tus siervos” pero que también estaba totalmente dispuesto de sacrificar a sí mismo para perseverar a su padre de la miseria y perdida que había pasado cuando José desapareció hacia aquellos muchos años. Es una cosa confesar con palabras; eso hacían en el principio, la primera vez cuando llegaron a comprar comida de aquel hombre desconocido y aparentemente duro. “Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia”. Génesis 42:21 Pero hace poco en aquella época, habían dicho delante de José “somos hombres honrados”. ¿Eran hombres honrados? ¡Para nada!
Judá, entre sus otros pecados, era hipócrita. “Fue dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y ciertamente está encinta a causa de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada”. Génesis 38:24 No sé qué quería decir exactamente cuando decía “sea quemada”, si fuera una marca que la iba a poner como adultera o si fuera algo más severo, pero sea como sea, Judá estaba todo dispuesto de ejecutar un castigo grande a su nuera. Era una hipocresía muy grande siendo que Judá era el mismo que la embarazó. Temo que nosotros los hombres tenemos una idea equivocada que hay pecados que el hombre puede cometer pero son prohibidos para la mujer, hasta el día de hoy. Vemos como los Fariseos y escribas en Juan 8 trajeron a la mujer “esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando”. Juan 8:4 Pero adulterio es algo que implica dos personas. ¿Dónde estaba el hombre? ¿Por qué trajeron nada más la mujer?
Pero tengo pensado que tal vez en Judá en este momento empezaba un proceso de arrepentimiento. “Pero ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta. También dijo: Mira ahora de quién son estas cosas, el sello, el cordón y el báculo. Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció”.
Este proceso de arrepentimiento tenía su obra completa en el capítulo 44 de Génesis cuando Judá manifestaba su sinceridad a través de decir en tantas palabras “cueste lo que cueste, no voy a causar a mi padre la misma angustia que antes, aunque yo tuviera que hacerme esclavo”.
Así vemos la profundidad de la bendición que venía a Judá a través de su arrepentimiento. No era porque era menos culpable que los demás; más bien, que había llegado a un punto de arrepentimiento profundo, no con meras palabras sino con sus hechos. Acaso pensamos que el arrepentimiento y la confesión son la misma cosa, pero no es cierto. Es un proceso que a veces toma años de llevar a cabo mientras el Señor está obrando en nuestros corazones para que demos cuenta de donde realmente estamos espiritualmente. A veces padecemos de algo que he notado en mí mismo; autoengaño. Nos convenzamos que todo está bien cuando realmente hay mucho que falta.
¡Ayúdanos, Señor, para reconocer nuestros pecados!
11 enero de 2015