MEDITACIONES

de     P. F.

Jacob pelea con el ángel  *

Génesis 32:13–23*

“(32:1) Y JACOB se fué su camino, y saliéronle al encuentro ángeles de Dios.  (32:2) Y dijo Jacob cuando los vió: El campo de Dios es este: y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim.  
(32:3) Y envió Jacob mensajeros delante de sí á Esaú su hermano, á la tierra de Seir, campo de Edom.  

Jacob prepara su encuentro con Esaú

(32:4) Y mandóles diciendo: Así diréis á mí señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y detenídome hasta ahora;  (32:5) Y tengo vacas, y asnos, y ovejas, y siervos y siervas; y envío á decirlo á mi señor, por hallar gracia en tus ojos.  
(32:6) Y los mensajeros volvieron á Jacob, diciendo: Vinimos á tu hermano Esaú, y él también vino á recibirte, y cuatrocientos hombres con él.  (32:7) Entonces Jacob tuvo gran temor, y angustióse; y partió el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos cuadrillas;  (32:8) Y dijo: Si viniere Esaú á la una cuadrilla y la hiriere, la otra cuadrilla escapará.  
(32:9) Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete á tu tierra y á tu parentela, y yo te haré bien.  (32:10) Menor soy que todas las misericordias, y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; que con mi bordón pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos cuadrillas.  (32:11) Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga quizá, y me hiera la madre con los hijos.  (32:12) Y tú has dicho: Yo te haré bien, y pondré tu simiente como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.  
(32:13) Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino á la mano un presente para su hermano Esaú.  (32:14) Doscientas cabras y veinte machos de cabrío, doscientas ovejas y veinte carneros,  (32:15) Treinta camellas paridas, con sus hijos, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos.  (32:16) Y entrególo en mano de sus siervos, cada manada de por sí; y dijo á sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada.  (32:17) Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo ¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para quién es esto que llevas delante de ti?  (32:18) Entonces dirás: Presente es de tu siervo Jacob, que envía á mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros.  (32:19) Y mandó también al segundo, y al tercero, y á todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme á esto hablaréis á Esaú, cuando le hallareis.  (32:20) Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob viene tras nosotros. Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro: quizá le seré acepto.  (32:21) Y pasó el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el campamento.  

Jacob lucha con Dios y vence

(32:22) Y levantóse aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc.  (32:23) Tomólos pues, y pasólos el arroyo, é hizo pasar lo que tenía.  
(32:24) Y quedóse Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.  (32:25) Y como vió que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba.  (32:26) Y dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices.  (32:27) Y él le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.  (32:28) Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido.  (32:29) Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjolo allí.  (32:30) Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel: porque vi á Dios cara á cara, y fué librada mi alma.  
(32:31) Y salióle el sol pasado que hubo á Peniel; y cojeaba de su anca.  (32:32) Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo: porque tocó á Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo”. (Génesis 32:1-32)


“En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros. Mas Jehová es Dios de los ejércitos; Jehová es su nombre. Tú, pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre”. Oseas 12:3-6

La semana pasada vimos como Jacob oraba a Jehová reconociendo sus promesas de bendición sin condiciones y confesando su miedo de su hermano Esaú y sus cuatrocientos hombres.  En nuestra porción de hoy vemos como Jacob seguía un camino doble.  Por un lado, oraba y rogaba a Dios por su protección de Esaú; por otro lado, era el Jacob de siempre, planificando como podía influenciar a Esaú para no maltratarle.  Esaú había perdido la bendición de Isaac pero iba a recibir de la mano de su hermano Jacob quizás algo más grande de lo que hubiera heredado de su padre.  Jacob le regaló a Esaú 530 animales con un valor de quizás medio millón de dólares de hoy en día.

Esta noche de oración y lucha era una noche memorable en la vida de Jacob.  “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices”.  Jacob se enseñaba como un hombre valiente y fuerte, que aun con su muslo descoyuntado podía seguir luchando.  Había empezado su vida como el favorito de su mama, pues le gustaba hacer las cosas de mujeres.  Trabajaba en la tienda, cocinando y haciendo cosas que agradaba a su mama, mientras Esaú era el hombre macho, cazando y caminando por las montañas y desiertos.  Pero ahora después de veinte años de trabajo duro, Jacob es un hombre que ha pelado con el clima y con los animales, trabajando día y noche.  Físicamente era un hombre fuerte pero débil espiritualmente.  Sea como sea, Jacob era un hombre diferente que Esaú, pues valoraba y buscaba la bendición de Dios.

Reconociendo Jacob que el hombre que luchaba con él era un ángel (me parece que era el mismo Señor Jesús) rogaba para una bendición.  “No te dejaré, si no me bendices”.  Como dice en Oseas 12 “Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó”.  Las lágrimas de Esaú no habían sido exitosas.  “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado (que no halló lugar de arrepentimiento), aunque la procuró con lágrimas. Heb 12:17  Las lágrimas de Esaú habían sido sin arrepentimiento.  Jacob, aunque le faltaba mucho que aprender, había dicho con sinceridad “menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo”.  Esaú, por su lado, había tratado de culpar a Jacob para la pérdida de la primogenitura, pero en verdad la había vendido por un precio muy barato.

Así aunque no podemos admirar ni imitar los hábitos de Jacob, podemos ver que en el fondo era un hombre de fe real.  Apreciaba la herencia espiritual de su abuelo Abraham.  Esaú, en cambio, era un hombre carnal y sin fe.  Todo lo que hacía tenía que ver con lo profano, o sea, lo mundanal.

¡Y que bendición recibió Jacob del ángel!  “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”.  Jacob confesaba que su nombre era “engañador”.  Su nuevo nombre Israel quiere decir “Un príncipe con Dios”.  ¿Qué es el príncipe?  ¡Es el hijo del rey!  El nuevo nombre no de una vez se ve en la vida de Jacob.  En verdad, a rara vez usaba a su nuevo nombre.  Seguía siendo “Jacob” en más que un sentido.  Su vida seguía desgraciada por muchos años más.  Pero Dios había declarado que su nombre era Israel y que su futuro era para la bendición, de vencer sobre sus enemigos incluso su hermano Esaú.

¿Es usted “el hijo del rey”, mi amado lector?

FELIPE FOURNIER
25 mayo de 2014