Jacob vuelve a Canaán
(31:19) Y Labán había ido á trasquilar sus ovejas: y Rachêl hurtó los ídolos de su padre. (31:20) Y recató Jacob el corazón de Labán Arameo, en no hacerle saber que se huía. (31:21) Huyó, pues, con todo lo que tenía; y levantóse, y pasó el río, y puso su rostro al monte de Galaad.
Labán persigue a Jacob
(31:25) Alcanzó pues Labán á Jacob, y éste había fijado su tienda en el monte: y Labán plantó la con sus hermanos en el monte de Galaad. (31:26) Y dijo Labán á Jacob: ¿Qué has hecho, que me hurtaste el corazón, y has traído á mis hijas como prisioneras de guerra? (31:27) ¿Por qué te escondiste para huir, y me hurtaste, y no me diste noticia, para que yo te enviara con alegría y con cantares, con tamborín y vihuela? (31:28) Que aun no me dejaste besar mis hijos y mis hijas. Ahora locamente has hecho. (31:29) Poder hay en mi mano para haceros mal: mas el Dios de vuestro padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables á Jacob descomedidamente. (31:30) Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses? (31:31) Y Jacob respondió, y dijo á Labán: Porque tuve miedo; pues dije, que quizás me quitarías por fuerza tus hijas. (31:32) En quien hallares tus dioses, no viva: delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tuviere tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Rachêl los había hurtado. (31:33) Y entró Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló, y salió de la tienda de Lea, y vino á la tienda de Rachêl. (31:34) Y tomó Rachêl los ídolos, y púsolos en una albarda de un camello, y sentóse sobre ellos: y tentó Labán toda la tienda y no los halló. (31:35) Y ella dijo á su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
(31:36) Entonces Jacob se enojó, y regañó con Labán; y respondió Jacob y dijo á Labán: ¿Qué prevaricación es la mía? ¿cuál es mi pecado, que con tanto ardor has venido en seguimiento mío? (31:37) Pues que has tentado todos mis muebles, ¿qué has hallado de todas las alhajas de tu casa? Ponlo aquí denlante de mis hermanos y tuyos, y juzguen entre nosotros ambos. (31:38) Estos veinte años he estado contigo: tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas. (31:39) Nunca te traje lo arrebatado por las fieras; yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, de mi mano lo requerías. (31:40) De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño se huía de mis ojos. (31:41) Así he estado veinte años en tu casa: catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado; y has mudado mi salario diez veces. (31:42) Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, y el temor de Isaac, no fuera conmigo, de cierto me enviarías ahora vacío: vió Dios mi aflicción y el trabajo de mis manos, y reprendióte anoche. (31:43) Y respondió Labán, y dijo á Jacob: Las hijas son hijas mías, y los hijos, hijos míos son, y las ovejas son mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío: ¿y que puedo yo hacer hoy á estas mis hijas, ó á sus hijos que ellas han parido?
(31:44) Ven pues ahora, hagamos alianza yo y tú; y sea en testimonio entre mí y entre ti. (31:45) Entonces Jacob tomó una piedra, y levantóla por título. (31:46) Y dijo Jacob á sus hermanos: Coged piedras. Y tomaron piedras é hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel majano. (31:47) Y llamólo Labán Jegar Sahadutha: y lo llamó Jacob Galaad. (31:48) Porque Labán dijo: Este majano es testigo hoy entre mí y entre ti; por eso fué llamado su nombre Galaad. (31:49) Y Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye Jehová entre mí y entre ti, cuando nos apartáremos el uno del otro. (31:50) Si afligieres mis hijas, ó si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre mí y entre ti. (31:51) Dijo más Labán á Jacob: He aquí este majano, y he aquí este título, que he erigido entre mí y ti. (31:52) Testigo sea este majano, y testigo sea este título, que ni yo pasaré contra ti este majano, ni tú pasarás contra mí este majano ni este título, para mal. (31:53) El Dios de Abraham, y el Dios de Nachôr juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por el temor de Isaac su padre. (31:54) Entonces Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó á sus hermanos á comer pan: y comieron pan, y durmieron aquella noche en el monte. (31:55) Y levantóse Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y retrocedió y volvióso á su lugar”. (Génesis 31:1-55)
“Y oía Jacob las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza. Miraba también Jacob el semblante de Labán, y veía que no era para con él como había sido antes”.
¿Es bueno cuando el mundo nos tiene envidia? Jacob había tenido todo el éxito que buscaba, pero no resultaba para su felicidad, sino trajo sobre él el rencor y envidia de su suegro y sus cuñados. Y así va a ser siempre; el mundo es una gran decepción de su principio hasta su fin.
“También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo”. Veinte años han pasados desde que Jacob tuvo la visión de la escalera con su cumbre en el cielo; veinte años desde que había escuchado la buenas palabras de vida y bendición incondicional. “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”. Veinte años de trabajo duro, de sufrimiento, de momentos de felicidad cuando nacieron sus niños pero mayormente la lección de la vida de Jacob hasta ahora es como el hombre sin comunión con Dios no puede ser feliz. Como vemos los versículos en este capítulo, me parece que la palabra de Jehová no era lo que llevaba lo más importante en la vida de Jacob, sino viendo que ya no era conveniente quedarse donde vivía su suegro. ¿Por qué no dijo a sus esposas “Jehová me ha dicho que nos vayamos” en vez de decirles “Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como era antes”?
Las esposas están de acuerdo con su marido y disgustadas con su padre. Con razón, sin duda, pues Labán no había tratado con Jacob con honestidad e integridad, igual como Jacob había intentado ganar la ventaja sobre su suegro. Y Jacob empieza a decirles a sus esposas cosas que me parece hubiera haber dicho hace tantos años pero no podía porque era obvio que enfocaba en ganar riquezas y no hacer la voluntad de Dios. “Dios no le ha permitido que me hiciese mal…Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento”. ¡Ojala que Jacob hubiera compartido antes del Dios de Bet-el!
Me toca la conciencia, mis queridos lectores. ¿Qué es lo que haya visto mi esposa, mis hijos en mi vida que ha sido de importancia? ¿No hubiera sido de interés a sus esposas las promesas que el Dios de Bet-el le había declarado hace tantos años? ¿Para qué luchar como Jacob todos estos años cuando Dios mismo ha prometido estar contigo y bendecirte?
“Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre. Y Jacob engañó a Labán arameo, no haciéndole saber que se iba”. En estos versículos vemos claramente los defectos en la vida de Jacob. Aprovechaba el tiempo de la ausencia de su suegro para hacer su fuga con su familia. No se despedía ni renunciaba su trabajo, sino simplemente se fue. Y que triste que su esposa quiere llevar consigo los ídolos. Raquel era más hermosa y más amada que su hermana Lea, pero había un defecto grande en su carácter. Jacob había sido atraído por las atracción de su hermosura, sin considerar lo más importante, lo espiritual. Creo que puede ser de ejemplo para ustedes jóvenes que todavía son solteros.
Vale la pena leer lo que sigue en el capítulo. Labán fue en buscaba de Jacob enfadado que había salido sin avisar y también porque sus dioses habían sido robados. Se ve la desconfianza y enojo entre los dos cuando se encuentran e intercambian palabras fuertes. Por fin, son apartados el uno con el otro que este dicho “Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro”. No eran palabras de amistad, sino pidiendo a Jehová mantenerles separados. En verdad, según lo que sabemos, nunca más volvieron a tener amistad.
Así vemos a Jacob y su familia con las consecuencias de haber dejado a Jehová afuera de su casa. Pasaba tantos años sin el altar familiar y el lugar de adoración. Eran años que resultaron en la perdida de comunión con su suegro y causaban contiendas en su casa. Mas dolores están esperando a Jacob, pero por el momento por lo menos está empezando a reconocer a Dios en su casa por la primera vez.
¡Que sigamos el ejemplo de Abraham e Isaac con sus altares y su comunión con Dios, y no el ejemplo de Jacob!
11 mayo de 2014