Nacen Jacob y Esaú
(25:23) Y respondióle Jehová:
| Dos gentes hay en tu seno, | |
| Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas: | |
| Y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, | |
| Y el mayor servirá al menor. |
Esaú vende su primogenitura
(25:29) Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo cansado, (25:30) Dijo á Jacob: Ruégote que me des á comer de eso bermejo, pues estoy muy cansado. Por tanto fué llamado su nombre Edom. (25:31) Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. (25:32) Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy á morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? (25:33) Y dijo Jacob: Júrame lo en este día. Y él le juró, y vendió á Jacob su primogenitura. (25:34) Entonces Jacob dió á Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y levantóse, y fuése. Así menospreció Esaú la primogenitura”. (Génesis 25:19-34)
La semana pasada vimos la muerte de Abraham. En este capítulo somos introducidos a los dos hijos de Isaac y Rebeca, Esaú y Jacob. Podemos decir que ambos eran patriarcas, puse Esaú era padre de la nación de los Edomitas, y Jacob era padre de los Israelitas. Pero de Esaú leemos muy poco, siendo que era un hombre sin fe y sirve de ejemplo negativo en el libro de Hebreos. “No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”. Heb. 12:16-17 Pero de eso veremos adelante.
Hemos visto a Rebeca como una muchacha lista de seguir a un extranjero para encontrar a su marido, un hombre que nunca había visto antes. Vemos en este capítulo que ella era también una mujer de oración. Por unos veinte años del matrimonio entre Isaac y Rebeca no había niños. Pero Isaac oró para su esposa y Jehová contestó su oración. “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer”. Pero no era un embarazo fácil, pues los gemelos en su vientre pelaban antes de nacerse. No nos sorprende que hasta el día de hoy haya una fuerte enemistad entre estos dos hijos de Abraham. Los descendientes de Esaú son hasta el día de hoy árabes con un odio para su hermano Jacob (Israel). Pero Rebeca consultó a Jehovah acerca de la pelea en su vientre. Jehovah le respondió “Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor”.
Así la palabra de Dios y los caminos de Dios no son como los del hombre. La naturaleza siempre da preeminencia al primogénito. Pero en la familia de Dios, todo es por gracia. Jacob no era mejor que Esaú; no, era la gracia que hizo una diferencia entre los dos. Así la palabra de Dios antes del nacimiento de los dos niños era que el mayor servirá al menor. Nada podía estorbar ni cambiar los caminos de Dios. La astucia después de Jacob y Rebeca para engañar a Isaac no eran necesarios.
Vemos algo triste en esta familia, una preferencia del padre para Esaú y la madre para Jacob. No es bueno así favorecer a los niños y creo que en este caso hizo mucho daño a las relaciones entre la familia. “Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob”. No nos dice porque Rebeca amaba más a Jacob pero el motivo de Isaac para favorecer a Esaú no era nada bonito; el amor del estómago.
Pero Jacob, a pesar de ser un hombre quizás mimado de su mama, aprendió cocinar bien. Su hermano Esaú sabia cazar, pero aparentemente no sabía cocinar. Y este día que salió para la caza y volvió cansado y hambriento no era un día bueno, pues perdió su primogenitura. Jacob tomó ventaja de la condición agobiado de su hermano, haciéndole una oferta. “dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edóm. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura”. No era un buen negocio. ¿Una sola comida para la herencia? Pero Esaú era un hombre sin paciencia. Hubiera podido esperar un poco y seguro que su mama le hubiera preparado algo que no llevaba precio como el guisado de Jacob. Pero él quería comer de una vez; no quería esperar. Hizo por su excusa que estaba a punto de morir, pero no lo creo yo. Tenía hambre, pero no estaba al punto de la muerte.
Vemos arriba el verso de Hebreos, como Esaú tampoco quería esperar para otro placer de la vida, el sexo. Era un hombre fornicario. Pero tomando estas cosas sin ejercitar paciencia, vemos como perdió mucho. Ojala que mis lectores que son jóvenes presten atención al mal ejemplo de Esaú para no seguir sus errores. El fornicario no quiere esperar para el matrimonio para tener relaciones sexuales, y en este mundo en el día de hoy no se considera nada, aun hasta el punto de que los jóvenes son animados para experimentar. Pero la Biblia nos dice una cosa contraria a la corriente de este mundo. El sexo se reserva para el matrimonio. Vemos el precio que pagó Esaú, demandando la comida “ahora”. Después acusó a Jacob de haberle “quitado” la primogenitura. Pero fue falso; él se la vendió, y la vendió barata y sin necesidad. No sigamos su mal ejemplo, mis queridos lectores.
2 marzo de 2014