MEDITACIONES

de     P. F.

El Ataúd de José   
(una meditación del hermano Lon Hulen de Los Ángeles)  *

Génesis 50:22–26*

“(50:22) Y estuvo José en Egipto, él y la casa de su padre: y vivió José ciento diez años.  (50:23) Y vió José los hijos de Ephraim hasta la tercera generación: también los hijos de Machîr, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José.  (50:24) Y José dijo á sus hermanos: Yo me muero; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de aquesta tierra á la tierra que juró á Abraham, á Isaac, y á Jacob.  (50:25) Y conjuró José á los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.  (50:26) Y murió José de edad de ciento diez años; y embalsamáronlo, y fué puesto en un ataúd en Egipto”.  (Génesis 50:22-26)


Primero quiero dar gracias al hermano Lon Hulen por haberme corregido de algo de escribí la semana pasada acerca del tiempo de ausencia de José de la tierra de promesa.  Dije que no había visto la tierra desde que fue vendido a la edad de 17 años pero eso no es correcto, porque fue a Palestina para sepultar a su papa Jacob.

Dije que pensaba empezar una meditación sobre la vida de Moisés, pero antes de empezar; el hermano Lon ha escrito algunos pensamientos más profundos sobre el ataúd de José, y pensaba que valía la pena traducirlo, como he hecho con otros pensamientos que el hermano ha contribuido en el pasado.


“El Ataúd de José”  


“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”;  Hebreos 9:27

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  Hebreos 11:1

“Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos”.  Hebreos 11:22

La sentencia de muerte fue dada por Dios mismo después de la desobediencia de Adán. Génesis 2:15-17.  Leemos en Romanos 5:12 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.  ¡Que sencillamente Dios expresa la condición del hombre!  Ahora el libro de Génesis comienza con un cuadro de Dios haciendo la creación, maravilloso y glorioso y termina con un ataúd en Egipto.  ¡Qué gran contraste!

Consideremos el ataúd de José y luego brevemente echaremos un vistazo en los huesos que contenía el ataúd durante su viaje a su lugar de descanso en la tierra de Canaán.  José era un hombre de fe, creyendo plenamente lo que Dios había dicho a su bisabuelo Abraham.  Génesis 15:7-21. “A tu descendencia he dado esta tierra,” y dijo a Abram “Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza .... .  Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí”.

José agradaba a Dios y se sometía a él en todos sus caminos.  José vivía ante Dios.  José tenía la mente de Dios.  José siempre fue ‘real’.  Así que cuando llegó el momento de José para morir leemos en Génesis 50:24-26: “Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob”.

(1)  “E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos”.

[Quiero comentar que cuando Jacob murió a la edad de 147 años, Génesis 47:28, José tenía 56 años.  José iba a vivir 54 años más antes de morir a la edad de 110, Génesis 50:22.  Quizás las condiciones favorables para los hijos de Israel continuaron durante muchas décadas antes de que se presentó un nuevo rey en Egipto que no conocía a José (Éxodo 1:8).]

Pero, al tiempo que se tomó el juramento, todo para los hijos de Israel andaba bien—ningunos hornos de ladrillo o duros amos de la tarea difícil había todavía en la tierra de Gocen.  La tierra produjo los productos que los alimentaron.  No había circunstancias difíciles que nublaran el horizonte.  Pero José sabía lo que la fe sabía—que lo que Dios prometió que era capaz de realizar.

José había sido un gran hombre en Egipto y si su corazón había estado allí él hubiera sido embalsamado y un gran memorial (pirámide) construido para su sepultura.  Él fue embalsamado pero su cuerpo fue colocado en un ataúd, una estructura de madera, en lugar de una pirámide de roca poderoso que habría soportado el tiempo de miles de años.  Hoy en día, la gente hubiera podido verlo como una momia en el Museo Británico.  José no quería que sus huesos quedaren en la tierra de Egipto.  Él quería que sus huesos fuesen enterrados en la tierra de Canaán.  Pero José no tenía ningún calendario para salir de Egipto.  Él sabía que Dios seguramente visitaría a los hijos de Israel y que hizo un juramento de ellos para subir sus huesos desde ahí.  Los hijos de Israel cumplieron su juramento a él.  Los egipcios no pusieron ningún obstáculo.

(2)  No tengo conocimiento de que se nos dice sobre la ubicación del ataúd de José en Egipto, pero creo que fue en un lugar de honor y protección de un hombre tan grande, y además, en un lugar donde los hijos de Israel pudieran sacarlo en el momento de su partida.  Además, sería situado en un lugar donde los egipcios podían ver.  Fue tenido en gran estima por los egipcios; todo lo debían a José hasta sus propias vidas.

Por lo tanto, durante el período de tiempo de las buenas condiciones de vida de los hijos de Israel, el ataúd estaba en reposo.  Se encontraba en reposo durante el tiempo de Moisés en Egipto.

(3)  Pero, cuando los hijos de Israel, conducido por Moisés y librado del poder de Faraón, salieron de Egipto, tomaron los huesos de José con ellos.  Éxodo 13:19 “Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros”.  Aprecio la exactitud de las Escrituras—los huesos de José que son el tema y no la caja que los contenía.

De aquí para adelante los huesos de José viajaron con los hijos de Israel, probablemente desapercibido y no tanto recordados.  Donde quiera que los hijos de Israel viajaban—el desierto, cruzando el mar Rojo, 40 años de vagabundeos en el desierto, cruzando el Río de Jordania, las guerras de Jehová en la conquista de la tierra de Canaán—los huesos de José también viajaban.  Sus huesos también se llegaron más lejanos y más lejanos de Egipto.

(4)  El tiempo vino para el entierro de los huesos de José.  Josué 24:32 “Y enterraron en Siquem los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de dinero; y fue posesión de los hijos de José.”  Es un momento—¡terminó el viaje!  Nosotros como creyentes en el Señor Jesucristo estamos en un viaje también, pero no como los huesos de José y ese viaje puede acabar en cualquier momento a la venida del Señor.  ¡Qué gozo será el suyo y el nuestro!  Puede animar a nuestros corazones mientras las circunstancias que nos rodean son cada vez más sombríos y oscuros.

Un comentario más. Josué 24:29 “espués de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años”.  José era ciento diez años de edad cuando murió y ahora Josué, un descendiente de Efraín muere a la misma edad.

¡Qué admirables son los caminos y obras de Dios!

Traducido por el hermano FELIPE FOURNIER, esperando que sea de animo y bendicion.
15 marzo de 2015