La copa de José en el saco de Benjamin
(44:6) Y como él los alcanzó, díjoles estas palabras. (44:7) Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice mi señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos. (44:8) He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, te lo volvimos á traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro? (44:9) Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor. (44:10) Y él dijo: También ahora sea conforme á vuestras palabras; aquél en quien se hallare, será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa. (44:11) Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo. (44:12) Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fué hallada en el costal de Benjamín. (44:13) Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno, y volvieron á la ciudad.
(44:14) Y llegó Judá con sus hermanos á casa de José, que aun estaba allí, y postráronse delante de él en tierra. (44:15) Y díjoles José: ¿Qué obra es esta que habéis hecho? ¿no sabéis que un hombre como yo sabe adivinar? (44:16) Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos á mi señor? ¿qué hablaremos? ¿ó con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos: he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquél en cuyo poder fué hallada la copa. (44:17) Y él respondió: Nunca yo tal haga: el varón en cuyo poder fué hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz á vuestro padre.
Judá intercede por Benjamin
“Beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José”. Amos 6:6
“Y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan ...”. Génesis 37:24-25
“Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los egipcios que con él comían; porque los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a los egipcios … . Y bebieron, y se alegraron con él”. Génesis 43:32-34
Los hermanos de José, hace 22 años, se sentaban a comer pan, para nada afligidos del quebrantamiento de su hermano. En el capítulo 43, notábamos como comían en la presencia de José, pero separados, José siendo para ellos como un egipcio desconocido y temible. Faltaba todavía su arrepentimiento total de lo que habían hecho y pensado hace tantos años.
José, con una sabiduría que Jehová le había dado, recreaba una situación semejante, poniendo una trampa por la copa de plata en el saco de Benjamín. De todos los hermanos, el único que no fue culpable de la venta de José era Benjamín, pues él no estaba con ellos cuando se lo vendieron. Así la culpa cayó sobre el inocente. Eso iba a ser la prueba para ver si los hermanos en verdad se habían arrepentido del pecado de haber abandonado a su hermano José, echando mentiras a su padre y dejándolo sufrir tanto. Esta vez, ¿iban a abandonar a Benjamín para regresar a su casa con historias de la injusticia de aquel hombre egipcio? José les daba la oportunidad. “José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre”.
Pero escuchamos cuidadosamente lo que habló Judá como portavoz para los hermanos. “Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos”. Ya no hablan de su justicia, de ser hombres nobles y honestos. No hablan ya de haber regresado el dinero encontrado en las bolsas. Ni siquiera dicen que fue una trampa, que realmente no robaron la copa de José. No, nada menos “Dios ha hallado la maldad de tus siervos”.
Judá entonces se pone a declararle a José toda la verdad acerca de su pasado. Habla de su padre, y de su tristeza de haber perdido a José. Cuenta de su promesa a su padre de ahora devolver el hijo menor, Benjamín, cuesta lo que cueste. “Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre; te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre”. Acepta para sí mismo toda la culpa, sin hablar de inocencia y falsas acusaciones.
¿No vemos en esta escena tan preciosa y conmovedora el punto a donde cada pecador tiene que venir? Mientras ellos declaraban su honestidad e inocencia, no podía haber una reconciliación con José. José lloraba en secreto por sus hermanos, su corazón anhelando una reconciliación completa. Pero no quería apresurar esta reconciliación, esperando un arrepentimiento total. Ellos traían su dinero y su presente pero no era eso que ganaba el corazón de José. Así Dios trabaja con el pecador; el hombre en su estado alejado de Dios piensa poder ofrecer algo que a Dios le sea aceptable. Pero no es eso lo que Dios busca, sino el corazón arrepentido. “Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; Y salvará á los contritos de espíritu”. Salmo 34:18
Así en el día futuro, Dios va a probar los corazones de la nación de Israel. Va a haber un remanente que en verdad se arrepentirán por su pecado tan grave de haber rechazado a su Mesías, el Señor Jesucristo. “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”. Zacarías 12:10 Van a decir después, cuando él se revela a ellos “Y se dirá en aquel día: He aquí este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová á quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salud”. Isaías 25:9 Así en esta historia tan hermosa de José, tenemos su interpretación y sus muchas aplicaciones, y ¡damos gracias a Dios por su palabra, tan amplia y tan maravillosa!
19 octubre de 2014