Dios Llama a Abram
La fe de los primeros patriarcas
Estoy de viaje visitando mis nietos y ayudando en la cosecha de betabel (betarraga en Sur América, remolacha en la R.D.). Se usa para hacer azúcar y no para comer. Ha sido difícil encontrar tiempo libre siendo que mis nietos exigen mi tiempo y siendo que vivo lejos de ellos, es difícil negarles el tiempo. Pero ahora ha llovido y la tierra no es buena para cosechar, siendo que hay mucho lodo y tengo un poco de tiempo libre para hacer un estudio, continuando en la vida de Abram.
“Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev”.
Vimos la semana pasada que la senda de Abram, después de escuchar por primera vez la voz de Jehová Dios, tenía algunas complicaciones. Primero dejó que su padre tomara el liderazgo, que resultó en la pérdida de tiempo en Harán. Después, llevó consigo su sobrino Lot, que compartió la fe de su tío, no tenía el mismo ánimo para caminar en obediencia a la voz de Jehová. Pero en estos versículos arriba, no vemos nada de falla en su fe. A pesar de los paganos que le rodeaban, Abram caminaba como peregrino en una tierra ajena, con la esperanza que la tierra iba a ser propiedad de su descendencia. Eso ocupaba fe de dos niveles; primero, que Dios le iba a dar un hijo, y segundo, que los habitantes actuales de la tierra fueran desalojados. Pero Abram tenía la fe suficiente para vivir con esta esperanza y puso sus altares mientras peregrinaba según la voluntad de Dios.
Nosotros igual somos peregrinos como Abram. No tenemos herencia terrenal, sino celestial, pero igual Abram. “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. … Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. … Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”. Hebreos 11:9-16 Hemos escrito recién sobre la importancia del altar familia. Es el lugar donde nosotros podemos comunicar con nuestro Dios y Padre. Es a través de la lectura de la Biblia con la familia y también la oración familiar. Son cosas que son persevantes en un mundo que de todo está en contra los pensamientos y la voluntad de Dios. Preservaba a Abram todo el tiempo que así caminaba en la senda de fe.
Pero desgraciadamente vemos que las circunstancias cambiaban en la vida de Abram. La falta de lluvia producía escasez de pasto para sus ovejas y ganado. No consultaba a Dios como acostumbraba hacer. Simplemente veía lo que parecía prudente, dado las circunstancias. Pero su decisión de apartar de la senda de fe tenía consecuencias graves, consecuencias que nosotros vimos hasta el día de hoy. “Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti”.
¿No hubiera podido Jehová sostener a Abram en Palestina? Seguro que sí, pero su mente le decía “soy ganadero y tengo que tener pasto. Me voy donde hay pasto y agua”. Su viaje resultó en problemas y dificultades que empezaron con una “mentira blanca”. La mentira tenía que ver con su esposa, que era en realidad su media hermana, pero a la vez era su esposa y la negaba. Porque Abram caminaba en aquel entonces afuera de la voluntad de Dios, no tenía confianza que Dios le iba a proteger, y se refugiaba en las maquinaciones de uno que no tiene buena conciencia delante de Dios.
Si puedo atreverme de hacer una comparación sin querer ofender, ha habido muchos cristianos, que por falta de ingresos en el país donde viven, buscan emigrar a países que parecen ser más prósperos. Pero siendo que las visas para ir a tales lugares con fin de trabajar no son muy disponibles, buscan como ir de otra forma, y se apoyan bajo mentiras, documentos falsificados, y otras cosas. Simplemente quiero hacer la pregunta, ¿Sea esto la voluntad de Dios? ¿Va a resultar en la bendición espiritual? ¿Sería bueno pedir una carta de recomendación cuando uno sabe que anda con la intención de ganar su vivienda bajo pretexto de mentiras y engaño? Allí lo dejo para la conciencia de cada cual.
Vemos en Abram que su desvío de la senda de fe resultaba en mucha prosperidad. Pero tal prosperidad traía consecuencias que no eran para su bendición espiritual. Además, las mentiras que echaba para con su esposa resultaron que un hombre egipcio lo reprendiera. “Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete”.
14 octubre de 2013