Muerte de Sara
(23:3) Y levantóse Abraham de delante de su muerto, y habló á los hijos de Heth, diciendo: (23:4) Peregrino y advenedizo soy entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerto de delante de mí. (23:5) Y respondieron los hijos de Heth á Abraham, y dijéronle: (23:6) Oyenos, señor mío, eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestras sepulturas sepulta á tu muerto; ninguno de nosotros te impedirá su sepultura, para que entierres tu muerto. (23:7) Y Abraham se levantó, é inclinóse al pueblo de aquella tierra, á los hijos de Heth; (23:8) Y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte mi muerto de delante de mí, oidme, é interceded por mí con Ephrón, hijo de Zohar, (23:9) Para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al cabo de su heredad: que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros. (23:10) Este Ephrón hallábase entre los hijos de Heth: y respondió Ephrón Hetheo á Abraham, en oídos de los hijos de Heth, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: (23:11) No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerto. (23:12) Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra. (23:13) Y respondió á Ephrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te place, ruégote que me oigas; yo daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré en ella mi muerto. (23:14) Y respondió Ephrón á Abraham, diciéndole: (23:15) Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata: ¿qué es esto entre mí y ti? entierra pues tu muerto. (23:16) Entonces Abraham se convino con Ephrón, y pesó Abraham á Ephrón el dinero que dijo, oyéndolo los hijos de Heth, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes.
(23:17) Y quedó la heredad de Ephrón que estaba en Macpela enfrente de Mamre, la heredad y la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todo su término al derredor, (23:18) Por de Abraham en posesión, á vista de los hijos de Heth, y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad. (23:19) Y después de esto sepultó Abraham á Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que es Hebrón en la tierra de Canaán. (23:20) Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, por de Abraham, en posesión de sepultura adquirida de los hijos de Heth”. (Génesis 23:1-20)
En este capítulo leemos la historia, bien interesante, de la muerte de Sara y la compra de su sepultura. “Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla”.
El matrimonio de Abraham y Sara era de muchos años. No sabemos exactamente, pues la Biblia no nos enseña en qué edad se casaron, pero si sabemos que se casaron antes de salir de Ur. Nos dice que Abraham tenía 75 años cuando salió de Harán después de la muerte de su padre, para irse a donde Jehová le había enseñado antes. Siendo que Abraham llevaba 10 años más que su esposa y aquí en la muerte Sara tenía 127 años, podemos decir que llevaban por lo menos 70 años de matrimonio.
No nos sorprende, entonces, que Abraham lloraba. Las lágrimas y el duelo son parte de nuestra condición como seres humanos en un mundo de pecado. La muerte vino por causa del pecado. El creyente es sujeto a los mismos dolores y tristezas que el mundo perdido, pues sufrimos con lo demás de la creación. “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”. Romanos 8:22-23
Pero no lloramos como los demás, como tampoco Abraham lloraba totalmente desconsolado, pues el que confiaba que Dios era poderoso de resucitar a su hijo Isaac, indudablemente creía que iba a ver su amada esposa de nuevo. Y para nosotros, 1 Tesalonicenses 4 nos enseña la verdad acerca de nuestros dolores. “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús”. 1 Tes. 4:13-14 ¡Que bello pensamiento que nuestros seres queridos que han muertos en la fe de Jesucristo están “durmiendo en Jesús”! Claro que sentimos la pérdida y el dolor y las lágrimas, pero no como los que no tienen esperanza.
Abraham quería comprar un terreno para sepultar su esposa. El capítulo nos enseña cómo la gente de aquel entonces negociaba para la venta de un terreno. Todo a la apariencia se hace amablemente, como si pensaban hasta regalar la tierra a Abraham, pero en verdad formaba parte de su cultura así negociar. Fin de todo, Abraham pagó un precio muy alto para la cueva. Sin duda Efrón esperaba que Abraham negociara para un precio menos alto que los 400 siclos de plata que pedía. “Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú y yo? Entierra, pues, tu muerta. Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes”. Pero Abraham no intentó negociar; pagaba el precio alto sin quejas.
¿Qué lección puede haber por nosotros, cristianos en el día de la gracia, del ejemplo de Abraham? Bueno, quizás hay eso que no debemos ser deudores a este mundo. Hablando en una forma más clara, la Biblia nos enseña en los Proverbios, Eclesiastés, y en otros sitios que debemos ganar nuestra vivienda a través de labor honesto. En los Estados Unidos hay algunos que viven sin trabajar, a través del apoyo del gobierno y los que no quieren trabajar, con un poco de astucia y echando unas cuantas mentiras, pueden así vivir. No conviene al cristiano tener tal testimonio delante del mundo. Además, hay en muchos países una lotería que promete suerte a los que quieren apostar su dinero. Puede ser una tentación a nosotros enriquecernos sin trabajar, pero creo que el ejemplo que nos da Abraham es bueno.
Esta cueva era la única posesión de Abraham de terreno en este mundo. Así a nosotros el mundo es nada más una sepultura. Si todas nuestras esperanzas están aquí en este mundo, va a llegar a ser una grande decepción. Pero no fue así con Abraham, pues nos dice en Hebreos 11 “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.
Este capítulo también tiene significado dispensacional. En el capítulo 22 tenemos la muerte y la resurrección (en figura) de Cristo. En el capítulo 23 tenemos la muerte de Sara, que nos habla de la nación de Israel puesto a un lado. En el capítulo 24 vemos el siervo saliendo en busca de la novia de Isaac, un prototipo del Espíritu de Dios ahora en la época de la gracia buscando una novia para Cristo.
Espero estar en México la semana que viene, pero si puedo hallar tiempo, seguiremos con la bonita historia de la búsqueda de la novia de Isaac.
26 enero de 2014