(136:10) Al que hirió á Egipto en sus primogénitos, Porque para siempre es su misericordia. (136:11) Al que sacó á Israel de en medio de ellos, Porque para siempre es su misericordia; (136:12) Con mano fuerte, y brazo extendido, Porque para siempre es su misericordia. (136:13) Al que dividió el mar Bermejo en partes, Porque para siempre es su misericordia; (136:14) E hizo pasar á Israel por medio de él, Porque para siempre es su misericordia; (136:15) Y arrojó á Faraón y á su ejército en el mar Bermejo, Porque para siempre es su misericordia. (136:16) Al que pastoreó á su pueblo por el desierto, Porque para siempre es su misericordia. (136:17) Al que hirió grandes reyes, Porque para siempre es su misericordia; (136:18) Y mató reyes poderosos, Porque para siempre es su misericordia; (136:19) A Sehón rey Amorrheo, Porque para siempre es su misericordia, (136:20) Y á Og rey de Basán, Porque para siempre es su misericordia; (136:21) Y dió la tierra de ellos en heredad, Porque para siempre es su misericordia; (136:22) En heredad á Israel su siervo, Porque para siempre es su misericordia.
(136:23) El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, Porque para siempre es su misericordia; (136:24) Y nos rescató de nuestros enemigos, Porque para siempre es su misericordia. (136:25) El da mantenimiento á toda carne, Porque para siempre es su misericordia. (136:26) Alabad al Dios de los cielos: Porque para siempre es su misericordia”. (Salmo 136:1–26)
Otra vez me faltaba tiempo para hacer un estudio normal de continuar con el libro de Malaquías. Fui ayer a la asamblea de Tijuana, Baja California, México y pase el día del Señor con mis hermanos allá. Mi esposa está ayudando a mi hija Jenny quien dio a luz a un niño hace unos diez días y yo otra vez estoy de viaje, dando clases en el norte. Estoy agotado después de trabajar en mi taller esta mañana, y viajar después, dando clase esta noche. Pero quería compartir algo que me parece muy bonito, de algo que estudiamos en Tijuana ayer.
Los hermanos están leyendo en los Salmos, y se leyó el Salmo 136. “Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia. Alabad al Dios de los dioses, Porque para siempre es su misericordia. Alabad al Señor de los señores, Porque para siempre es su misericordia”. Versos 1-3 Así sigue, 26 versículos y 26 veces el recuerdo “Porque para siempre es su misericordia”. El hermano Pepe nos refirió a Mateo 20, donde habla del señor que buscaba trabajadores para trabajar en su viña. Encontró a algunos que hicieron contrato con el temprano en la mañana. “Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña”. Así los primero hicieron su contrato para trabajar. Pero desde aquel momento, los demás que trabajaron, confiaron en la bondad y misericordia del amo. “Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo”.
Se nota que esta parábola habla sobre todo de la nación de Israel. Ellos hicieron contrato con Dios para guardar la ley. Dijeron, en cierto sentido, que iban a trabajar las doce horas y entonces esperar su sueldo. Pero no, no podían, y el acto de intentar da al hombre una soberbia miserable que no le deja ni gozar de lo que tiene. Este simple pensamiento se me ocurrió leyendo el Salmo 136: “Para siempre es su misericordia”. Nunca ha sido a través de las obras que el hombre se ha acercado a Dios, ni en el tiempo de Moisés ni el tiempo de David. Siempre ha sido a través de su misericordia y gracia. El Salmo habla de la creación del mundo y sigue con la historia de Israel. “Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, Porque para siempre es su misericordia. Al que sacó a Israel de en medio de ellos, Porque para siempre es su misericordia. Con mano fuerte, y brazo extendido, Porque para siempre es su misericordia. Al que dividió el Mar Rojo en partes, Porque para siempre es su misericordia”.
¡Que tremendo es reconocer y regocijar en la misericordia de Dios! “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia …”. Tito 3:3-5
“El que da alimento a todo ser viviente, Porque para siempre es su misericordia. Alabad al Dios de los cielos, Porque para siempre es su misericordia”.
19 de agosto de 2013