(3:13) Vuestras palabras han prevalecido contra mí, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? (3:14) Habéis dicho: Por demás es servir á Dios; ¿y qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos tristes delante de Jehová de los ejércitos? (3:15) Decimos pues ahora, que bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son los prosperados: bien que tentaron á Dios, escaparon. (3:16) Entonces los que temen á Jehová hablaron cada uno á su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fué escrito libro de memoria delante de él para los que temen á Jehová, y para los que piensan en su nombre. (3:17) Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer: y perdonarélos como el hombre que perdona á su hijo que le sirve. (3:18) Entonces os tornaréis, y echaréis de ver la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve á Dios y el que no le sirve”. (Malaquías 3:9–18)
“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Vemos aquí en la segunda parte del capítulo Jehová rogando a su pueblo por medio del profeta volver a seguirle con fidelidad. La expresión “ventanas de los cielos” me hace pensar de otra época en Israel durante el tiempo del profeta Eliseo, cuando la ciudad de Samaria estaba totalmente encerrado por los Sirios (un pueblo muy notable en las noticias de hoy en día). Estaban muriendo de hambre en la ciudad, cuando Eliseo anunció “Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria”. Eso no fue por un arrepentimiento de parte del pueblo. No, no era nada menos la gracia sobreabundante de Jehová por medio del profeta de la gracia, Eliseo.
Pero, no todos creían el mensaje de Eliseo. “Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”. Hablaba la voz de incredulidad firme, como algo imposible para Jehová abrir las ventanas del cielo. Pero conocemos el fin de la historia. Jehová hizo huir los Sirios tal que dejaron todas sus pertenencias atrás y era suficiente para todos que morían de hambre en la ciudad. Todos menos el príncipe disfrutaron la abundancia. El murió atropellado en la puerta, pues solo la incredulidad estorba la gracia.
Pero volviendo a nuestro capítulo, vemos como el pueblo hablaba en contra Jehová por las dificultades de la vida, diciendo que no valía la pena caminar en obediencia a Jehová. “Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon”. Si somos honestos, podemos confesar que hemos pensado cosas semejantes. Quizás no hemos dicho “por demás es servir a Dios” pero muy posible es que hemos visto la aparente prosperidad de los malvados y hemos pensado “tentaron a Dios y escaparon”. Eso fue la queja de Job, y de Habacuc. Pero tenemos que mirar nosotros a aquel que no a su propio hijo perdonó para vencer el pensamiento que Dios sea injusto.
Y que gozo ver aquí en Malaquías que había tales, que a pesar de toda la negatividad que les rodea, podían vivir en otro plano. “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve”. ¿No es de suma importancia la palabra “Entonces”? Cuando las condiciones eran tan malas, y la gran mayoría estaban diciendo que no valía la pena servir a Jehová, fue entonces que los que realmente temían a Jehová buscaron otros del mismo sentir.
Estoy en la conferencia en Tijuana y ayer en estudio vimos el capítulo 2 de 2 Timoteo, versos 19-26 donde leíamos de la separación de los vasos a deshonra. Pero como fue mencionado, no es simplemente negativo (separarse) sino también positivo; “sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”. Así en el tiempo de Malaquías, había algunos que temían a Jehová y encontraron otros corazones semejantes. Así en el tiempo del nacimiento de Jesús, Dios tenía su pueblo fiel, como Zacarías y Elizabeth, Simon y Ana, y todos los que como Ana esperaron la venida de Mesías. Un pequeño número, indudablemente, pero sus afectos enlazados con el Dios de Israel. Hay algunos hoy en día que se desaniman por ver el estado ruinado de la iglesia de Dios y deciden quedarse en la casa y no ir a ningún lado. Pero no, como Jehová tomó en cuenta y apreciaba los fieles de los días de Malaquías, así es hoy en día también. “Serán para mí especial tesoro”.
Querido lector, ¿quieres ser parte del tesoro especial?
15 de septíembre de 2013