| (21:5) | Decid á la hija de Sión: |
| He aquí, tu Rey viene á ti, | |
| Manso, y sentado sobre una asna, | |
| Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo. |
Nuestro capítulo 9 de Zacarías empieza un tema nuevo para el profeta, porque en este capítulo Zacarías habla algo semejante a su antecedente, el profeta Daniel, pues profetiza de la destrucción de los poderes de los reinos a través del imperio griego, lo cual pasó cuando Alejandro el griego destruyó a los poderes de Persia. “La profecía de la palabra de Jehová está contra la tierra de Hadrac y sobre Damasco; porque a Jehová deben mirar los ojos de los hombres, y de todas las tribus de Israel … ”. Se nota que el problema es eso, que no miran a Jehová, el Dios de Israel, y no solo el Dios de Israel, sino el Dios de toda la tierra. Las ideas modernas dicen (y siempre han dicho) que el hombre debe poder escoger su religión y su dios, pero no debemos olvidar que hay un solo Dios, y este es el Dios de Israel, quien es el mismo que envió a su Hijo, el Señor Jesucristo.
Lo que me capta la atención en este capítulo es el verso 6 comparado con el verso 9. Verso 6 nos habla de la soberbia de los Palestinos, el pueblo que ahora habita en la parte de Israel llamado Gaza y pasan su tiempo lanzando cohetes y enviando bombeadores de suicidio para molestar a los hijos de Israel. “Y habitará en Asdod un extranjero, y yo talaré la soberbia de los Palestinos”. Otra vez, el profeta está hablando del extranjero Alejandro el griego que iba a venir, pero su poder a través de la mano de Jehová, quien iba a defender a su pueblo de los griegos pero no iba a defender a los Palestinos. Lo que me interesa es la palabra “soberbia”. Así es el hombre, lleno e inflado con sí mismo, como decimos en español “se cree”. Ahora pues, vemos el contraste en el verso 9 …
“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”.
¿Quién puede ser menos el Señor Jesús? “Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima”. Mateo 21:1-7 ¿No es una maravilla ver a nuestro Señor Jesucristo, visto en Apocalipsis como Rey de Reyes y Señor de Señores, pero aquí el hombre humilde y sencillo? Los reyes y generales de la tierra en tiempos pasados les gustaban tener su memoria grabada cuando estaban montados sobre caballos grandes y fuertes, sea a través de escultura o pintura o foto. ¡Pero no vemos al Señor Jesús entrando triunfante en Jerusalén sobre un caballo grande! No, el entra montado sobre el animal menos honroso y ostentoso, la asna. Hay un día cuando aquel hombre humilde saldrá montado en un caballo para ejecutar juicio. Pero ahora es el mismo humilde salvador que ofrece salvación a todo aquel que cree en él.
El capítulo sigue en los versos 11-17 hablando del reino griego y el poder de conquista que iba a estar en su mano, dado por Jehová. Pero la promesa de Dios era proteger a la nación de Israel, el pequeño remanente restaurado. “Porque he entesado para mí a Judá como arco, e hice a Efraín su flecha, y despertaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente”. Esta época no tiene libros históricos en la Biblia pero se puede leer de ello en los libros no canónicas del Apócrifa, incluido a veces en la Biblia Católica. Son interesantes pero no forman parte de la palabra de Dios.
“Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo; porque como piedras de diadema serán enaltecidos en su tierra. Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará a los jóvenes, y el vino a las doncellas”.
2 de junio de 2013