Disculpe por favor la tardanza de este estudio. Viajamos a visitar a la asamblea en Ensenada, Baja California, México donde los hermanos recién fueron desalojados del local donde se reunían por más que cincuenta años. Están ahora buscando un sitio adecuado para sus necesidades y sus oraciones por ellos son apreciados. Encontré los hermanos tristes pero no desmayados.
“Aconteció que en el año cuarto del rey Darío vino palabra de Jehová a Zacarías, a los cuatro días del mes noveno, que es Quisleu; …”. Así empieza nuestro capítulo en Zacarías, así dándonos de entender que han pasado dos años desde el profeta empezó su profecía al remanente de los judíos, y durante estos dos años habían estado trabajando con diligencia en la construcción del templo. Pero ahora acontece algo raro, que enseña para mi cuan engañosos son nuestros corazones, a veces hasta el punto de auto-engaño. “El pueblo de Bet-el había enviado a Sarezer, con Regem-melec y sus hombres, a implorar el favor de Jehová, y a hablar a los sacerdotes que estaban en la casa de Jehová de los ejércitos, y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años”?
El lloro y ayuno en el mes quinto había sido establecido por la tradición pues marcaba la fecha cuando el pueblo de Judá fue por fin llevado cautivo definitivamente. “Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán capitán de la guardia, que solía estar delante del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande”. Jeremías 52:12-13 En realidad, muchos años antes habían sido conquistados por los Caldeos pero el rey titular (Sedecías) que Nabucodonosor había puesto sobre el trono rebeló contra los Caldeos en desobediencia a la palabra de Jehová. El profeta Jeremías había estado recomendando que se ríndanse al rey de Babilonia. “Y á este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte. El que se quedare en esta ciudad, morirá á cuchillo, ó de hambre, ó pestilencia: más el que saliere, y se pasare á los Caldeos que os tienen cercados, vivirá, y su vida le será por despojo”. Jer 21:8-9 Ellos habían rebelado contra el gobierno de Dios, en realidad, pues como vimos en el libro de Habacuc, este juicio vino de Jehová y lo mejor que podían hacer era confiar en Dios y esperar en el, pues “el justo por su fe vivirá” dijo Dios a Habacuc. Hab 2:4 Jeremías había comunicado con ellos a través de carta (pues Jeremías fue dejado en Jerusalén por el mismo Nabucodonosor) diciendo “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, á todos los de la cautividad que hice trasportar de Jerusalén á Babilonia: Edificad casas, y morad; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos; Casaos, y engendrad hijos é hijas; dad mujeres á vuestros hijos, y dad maridos á vuestras hijas, para que paran hijos é hijas; y multiplicaos ahí, y no os hagáis pocos. Y procurad la paz de la ciudad á la cual os hice traspasar, y rogad por ella á Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz“. Jer 29:4-7
Así el lloro y ayuno era una cosa humana, no establecido por Jehová, Dios de Israel, sino establecido por los hombres. En Babilonia habían ayunado y llorado en el mes quinto y otra vez en el mes séptimo, recordando la destrucción de Jerusalén y después la homicida de Gedalías. Volviendo a nuestro capítulo, vemos que habían seguido esta costumbre, pero Jehová conocía sus corazones y les dijo por medio del profeta que nunca había sido una cosa admirable delante de Dios. Mejor hubiera sido arrepentir por su rebelión, y no por la segunda caída de Jerusalén. “Vino, pues, a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos”? Había sido una cosa externa, pero no había sido un arrepentimiento verdadero.
Así vemos como la rebelión no es una cosa para celebrar, aunque los hombres siempre suelan hacerlo. En mi país, se celebra la rebelión contra Inglaterra el 4 de julio. Pero a nosotros nos conviene recordar que somos ciudadanos de otra nación, una nación celestial. Es muy difícil recordar, pues por naturaleza somos nacionalistas al lugar de nuestro nacimiento. Lo que Dios quería de los hijos de Israel explicó el profeta Zacarías (aunque no dijo ni “si” ni “no” acerca de su pregunta sobre el ayuno). “Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano”. ¡Ojala que en esto vemos también la voz de Dios por nosotros! Qué fácil es seguir la tradición sin corazón para con Dios.
16 de mayo de 2013