Hemos llegado a la octava visión de Zacarías, otra visión que tiene que ver con el juicio del Caldeo y Babilonia, ellos que habían sido usados como la vara de Dios contra su pueblo desobediente. Me siento un poco como Zacarías que dijo en el verso 4 “Señor mío, ¿qué es esto”? pues muy poco entiendo las semejanzas de los colores de los cuatro caballos y sus salidas. Pero hay algo que creo entender, y este es la expresión que vemos en el verso 5 “el Señor de toda la tierra”. El pueblo de Israel se había pensado en centro y todo de los pensamientos de Jehová Dios y así había sido. Pero ahora que estaban muy conscientes que los gentiles tenían señorío sobre ellos, tienen también que entender que Dios tiene sus planes para otras naciones también. Igual en el día de hoy, tenemos la tendencia que Dios solo trabaja entre nosotros; pero no es cierto. Él es el Señor de toda la tierra. Está obrando en muchas maneras que nosotros desconocemos.
Pero hay algo más en este capítulo que quizás sea más entendible. “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Toma de los del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías, los cuales volvieron de Babilonia; e irás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sofonías. Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac”. Es bien interesante que las coronas se pusieran sobre la cabeza de Josué el sacerdote, y no sobre la cabeza de Zorobabel, quien era el hijo de David y así de la línea real. Vemos también después que habla otra vez, como en el capítulo 3, del Renuevo, siempre un prototipo del Cristo. “Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos”.
Vemos a través de estos versículos verdades bonitas acerca de nuestro Señor Jesucristo, el Renuevo, la raíz de tierra seca (Isaías 53:2). Él va a ser ambos Sacerdote y Rey de Reyes. Para nosotros en el día de hoy también lleva muchos títulos en los cuales podemos apreciar sus virtudes. Es nuestro Señor, salvador, redentor, sacerdote, intercesor, patrón, consolador, y amigo. Usted puede añadir más títulos, si desea, por estudiar las escrituras y aprender más de Jesús.
El hermano Daniel Brimlow habló a los niños esta mañana sobre la diferencia entre la alabanza y la adoración. Alabamos al Señor por lo que ha hecho; le adoramos por quien es. Este tema resultó en la reunión después del partimiento de pan algo de reflexión para nosotros, meditando sobre la grandeza de su obra en la cruz, y su sangre redentora. Nos sentimos como uno invitados a cenar con tal Persona, como los publicanos y pecadores de Lucas 15. Yo estaba pensado del ciego de Juan 9, quien había sido curado de su ceguedad y poco a poco iba entendiendo que grande cosa Jesús le había hecho. Terminó de hablar con los que dudaban de la obra de Dios en el “Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer”. Dios le había enseñado la grandeza de su obra en él. Pero después de ser excomulgado por los religiosos de aquel entonces por sus palabras atrevidas en defensa del Señor Jesús, encuentra algo aún mayor. “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”. Así el hombre ciego primeramente entiende lo que Jesús ha hecho, y después se da cuenta de QUIEN ES, lo cual produce de su corazón agradecido ADORACIÓN, algo más profundo y tremendo que alabanza o agradecimiento, algo que se hace sin hablar ni una palabra.
5 de mayo de 2013