Vimos hace dos semanas la bonita visión de la redención de la nación de Israel, mostrado como Josué envuelto en vestiduras viles, pero revestido con justicia y todo por la obra de Jehová. En nuestro capítulo, la quinta visión de Zacarías, vemos como Zorobabel y Josué iban a tener el poder del Espíritu de Dios para terminar con la obra de la construcción del templo. Este poder se ve en las lámparas y su aceite. “He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él; … Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”.
¿No nos hace pensar estos versículos de la promesa del Espíritu Santo para morar en los creyentes en el Señor Jesús en el día de la gracia? Nosotros somos renacidos por la palabra de Dios y el Espíritu de Dios mora en nosotros como templo. “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios”. 1 Corintios 6:19 En aquel entonces, había muchos obstáculos para terminar con la construcción. El profeta Hageo hablaba de los obstáculos que venían del mismo pueblo; flojera y falta de interés en la obra de Dios. “Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada”. Pero ahora en la visión de Zacarías, habían sido animados para continuar pero había los habitantes de la tierra, gentiles sin interés y oposición abierta contra el trabajo. ¿Cómo iban a soportar la oposición cuando eran tan débiles? “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella. Vino palabra de Jehová a mí, diciendo: Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán”. ¡Que grande ánimo para este pueblo tan débil tener la promesa que a pesar de la debilidad y obstáculos como “montes” el trabajo no iba a ser impedido hasta terminar!
Ante ayer estaba conversando por teléfono con el hermano Medardo de Chiapas, Mexico y me dijo “el enemigo está caminando atrás del sembrador, buscando comer la semilla”. Así es en los últimos días; el enemigo, sabiendo que tiene poco tiempo, está trabajando fuertemente para destruir la obra de Dios, ambos en la predicación del evangelio y también contra los que quieren dar lugar al Espíritu Santo para reconocer la presencia del Señor en medio de dos o tres. No dudamos de la debilidad y flaqueza de ellos que profesan ser congregados al solo nombre del Señor Jesús. Pero creo que podemos tomar aliento justo como ellos en aquel día de Zacarías tomaron aliento. “Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán”.
Pero hubo algunos que dijeron “la obra es tan débil comparado con el templo de Salomón”. Y fue muy cierto, cosa que el profeta Hageo había confirmado. “Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y ¿cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos”? Ellos, al principio, habían menospreciado el día de las pequeñeces. Pero ahora, viendo a Zorobabel y unos cuantos más trabajando, se alegraron. “Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra”.
¡O mis amados amigos, si hemos menospreciado el día de las pequeñeces, que seamos entre los que regocijan ahora, gozando de la obra de Dios aunque sea día de debilidad! Vemos como el enemigo ha estado tratando de destruir la obra de Dios, sea por impedir al pecador que viniera a Jesús como Salvador o sea para esparcir y desanimar al pueblo de Dios. Pero el Señor aún está trabajando, y no hay nada que puede impedir la obra del Espíritu, aun en los días de debilidad. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”.
21 de abril de 2013