La semana pasada leímos de la restauración de la ciudad de Jerusalén como el centro donde el Señor Jesús va a morar, una ciudad habitada de muchos y sin muros. En el capítulo de esta semana, leemos de la purgación o redención de los mismos habitantes, usando como ejemplo el sacerdote de aquel entonces, Josué. “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel”.
No estamos sorprendidos del acusador, Satanás, que siempre está dispuesto a acusar. Leemos en Apocalipsis 12:10 que este es un título de Satanás y un trabajo a que él se dedica día y noche. “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Pero en aquel día futuro, el pueblo de Israel será como Josué, un tizón arrebatado del incendio. “Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas”.
¿No vemos en esto un ejemplo bonito del pecador, salvo y limpio en la sangre de Jesucristo, vestido con la vestidura de justicia? Josué no hizo nada en nuestro capítulo. Estaba de pie y sin moverse, todo le fue proveído; sus vestiduras viles fueron quitadas, fue vestido con ropas de gala y una mitra puesta sobre su cabeza. No supongamos que Zacarías hubiera podido anticipar aquel momento del derramamiento de la sangre de Jesucristo, pero profetizaba del futuro de Israel, limpiados delante de Dios de toda su idolatría y pecado, y sin que ellos hicieran cualquier cosa. “No por obras, para que nadie se gloríe”. Efesios 2:9
“Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo”. Nuestro capítulo habla específicamente del hombre, el siervo de Dios llamado aquí el Renuevo. Nosotros sabemos sin cualquier duda de quién habla, el Señor Jesucristo. Zacarías está declarando que el trabajo de Dios en aquel día, la construcción del templo a través del débil y pequeño remanente solo era una sombra del día venidera, porque trabajaban todavía debajo del señorío de los gentiles, y el Mesías no había sido manifestado. Pero vivían en esperanza, tanto como nosotros en el día de hoy vivimos en esperanza de la venida del Señor. La esperanza da ánimo y fuerza para continuar a pesar de las dificultades. La esperanza de Israel se nota en el fin del capítulo: “Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día. En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera”.
La esperanza de nosotros se ve en 1 Tesalonicenses 4:14-17 “... Por lo cual, os decimos esto en Palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que quedamos hasta la venida del Señor, no seremos delanteros a los que durmieron. Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de Arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en el Cristo resucitarán primero; luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, y juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras”.
7 de abril de 2013