He estado viajando y recuperando de una cirugía en mi hombro izquierdo, una reparación de la coyuntura deteriorada. Me dolía bastante al principio pero gracias al Señor ahora solo me duele de noche y menos que antes. Cada día parece un poco mejor. La semana pasada tuve la oportunidad de estar con mis hermanos en Aberdeen, Idaho, donde vive mi hija, yernos y nietos para su conferencia Bíblica. Pasamos tres días provechosos en el estudio de la palabra, la oración, y predicación del evangelio. Estudiamos Filipenses 3 y quiero notar los últimos versículos del capítulo, como una comparación a lo que tenemos en el profeta Zacarías, quien hablaba del pasado y del futuro de Israel y su herencia terrenal.
Fue comentado en Aberdeen que es muy posible que digamos, siendo que dice de estos que su fin es perdición, que no son creyentes y así los versículos no son para nosotros. Pero no debemos así decir, porque el apóstol esta enseñando también que los que solo piensan “en lo terrenal” llegan a ser enemigos de la cruz de Cristo. Esto puede pasar también a un creyente verdadero. En verdad es la tendencia de nuestras almas pensar solo en lo terrenal. Los judíos en el tiempo de Zacarías pensaban en lo terrenal porque su herencia era terrenal. El peligro por ellos era que enfocando en su herencia, se les olvidara a su Dios, Jehová. Esto vamos a ver, Dios mediante, en el estudio de Malaquías. Pero nosotros no tenemos herencia terrenal, como dice el apóstol Pablo en Filipenses 3. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. La cruz de Cristo nos ha preparado para el cielo y no ha dado ciudadanía en aquel lugar. La cruz de Cristo es una ofensa a este mundo, y si somos identificados con este símbolo del rechazo de Cristo, también vamos a ser rechazados de este mundo.
Hemos estado orando por varios que están sufriendo dolores del cuerpo. Lo que yo he sufrido con mi hombro no es nada comparado con otros, como la hermana Irish, la hermana de Sol, la esposa de Rafa Gonzalez que muchos de ustedes conocen. Ella sufre de deterioración severa de su columna, y no se sabe si una operación le va a ayudar o empeorar. O el niño Chuyito (de 13 años) de aquí de Reynosa, Tamaulipas, México (donde estoy ahora haciendo visita); el niño aceptó al Señor Jesús como su Salvador y pensaba pedir su lugar como participe en la mesa del Señor cuando se le atacó unos dolores fuertes de la cabeza. Descubrieron por unos estudios un tumor en su cerebro bien serio que tenía que ser operado de una vez para evitar la pérdida de su vista y otras consecuencias más graves. Si le operaron hace dos meses, y aunque los doctores perdieron la esperanza de salvarle la vida, todavía está en vida, pero con muchas complicaciones de su salud por estar tanto tiempo en la cama. Hasta ahora no se sabe si sea la voluntad del Señor para salvarle la vida y restaurarle sus fuerzas o no.
Todo esto nos hace reflexionar en los cuerpos “de la humillación nuestra”. Hermanos, estos cuerpos van a ser transformados algún día muy pronto. Entre tanto, sufrimos, y vemos a otros sufrir. Pero no será así para siempre jamás. Vamos a tener cuerpos de gloria semejantes al cuerpo suyo, un cuerpo que una vez sufría mucho más que nosotros, pero ahora no puede sufrir.
Pero para terminar con nuestro estudio de Zacarías, citamos los últimos dos versículos del capítulo. “En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ; y las ollas de la casa de Jehová serán como los tazones del altar. Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová de los ejércitos; y todos los que sacrificaren vendrán y tomarán de ellas, y cocerán en ellas; y no habrá en aquel día más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos”. ¿Se acuerda como en el tiempo de Jesús, el Señor se metió en el patio del templo y encontró algo que no era para nada “santidad”? “subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”. Juan 2:15-16
En aquel día venidero, todo será SANTIDAD a Jehová, hasta las mismas ollas que una vez se usaban como vasos de vino para adorar a los dioses extraños de Babilonia. Pero ya no más; si el dios del mundo sea hoy en día el dios de DINERO u otra cosa, esto no va a continuar. Tendrá su fin en el reino del REY de REYES, el Señor Jesucristo.
20 de julio de 2013