(13:7) Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas: mas tornaré mi mano sobre los chiquitos. (13:8) Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos partes serán taladas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella. (13:9) Y meteré en el fuego la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y probarélos como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío: y él dirá: Jehová es mi Dios”. (Zacarías 13:1–9)
| Vendrá de Sión el Libertador, | |
| Que quitará de Jacob la impiedad; | |
| (11:27) | Y este es mi pacto con ellos, |
| Cuando quitare su pecados. |
“En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia”. ¿Puede haber una profecía más entendible y clara que esta? “La sangre de Jesucristo, su hijo, nos limpia de todo pecado”. 1 Juan 1:7 “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. John 1:29 Habla en nuestro capítulo en Zacarías de un manantial. Aunque no se explica en el tiempo de Zacarías, seguro que el manantial habla de la sangre de Cristo que ha de purificar los israelitas de fe en el día futuro. “Y este es mi pacto con ellos, cuando quitare su pecados”. Romanos 11:27
En los versos 2-6 vemos como la profecía falsa ha de ser totalmente eliminada. Sabemos cuan fuertes son las bandas familiares, y cuán difícil es que veamos las faltas de miembros de nuestra propia familia. Los padres tienen la tendencia de poner ojos ciegos a las flaquezas y pecados de sus hijos cuando son grandes y les hacen excusas. Pero en aquel día, la injusticia no será permitida ni siquiera dentro de la misma familia. “Y acontecerá que cuando alguno profetizare aún, le dirán su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Jehová; y su padre y su madre que lo engendraron le traspasarán cuando profetizare”.
Pero envuelto en esta profecía del milenio, vemos la profecía maravillosa del hombre con las heridas en sus manos. “Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues he estado en el campo desde mi juventud”. El Señor Jesús era el hombre “manso y humilde de corazón”. El carpintero de Nazaret se ánodo a sí mismo, hecho como un siervo. Filipenses 2:7 Pero fuel aquel hombre que sufrió las heridas de los clavos en sus manos y en sus pies, una cosa totalmente desconocida en los días de Zacarías. “Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos”.
¿Quiénes son, pues, que hacen la pregunta sobre las heridas? Vimos en el capítulo 12 los de Judá que “mirarán a mí, a quien traspasaron”. Pero los ignorantes aquí nos hacen pensar de las diez tribus de Israel que fueron llevados cautivos por los asirios y fueron esparcidos entre los gentiles. Hasta el día de hoy no han sido restaurados a su tierra, pero serán en aquel día también restaurados. Ellos por no haber estado en la tierra de Israel en el tiempo del rechazo y crucifixión del Señor Jesús hacen la pregunta sobre las heridas en sus manos, heridas que tiene hasta el día de hoy. Nuestro hermano Roberto Thonney nos ha hecho reflexionar sobre las heridas, la única cosa en el cielo hecho por los hombres.
El capítulo termina con otra profecía fácil de entender. “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos”. Otra vez, recordamos del buen pastor quien dio su vida para las ovejas, cuan diferente que el pastor inútil, el falso profeta que promete proteger al pueblo, pero cuando ve el lobo viniendo, hace su fuga y huye. Todos los que no creyeran en el Señor Jesús, su mesías verdadero, aceptarán a aquel falso profeta y serán dejados a sufrir las consecuencias, como vemos en los versículos siguientes. “Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; más la tercera quedará en ella. Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios”. La mayoría, o dos terceras van a confiar en el pastor inútil. La tercera parte, o el remanente de Israel, han de confiar en el buen y verdadero pastor, el Señor Jesús, y aunque pasen por el fuego, serán purificados para vivir adorando su rey durante el milenio. En aquel dicho, por fin, el dicho del profeta Oseas “no mi pueblo” será anulado una vez y para siempre jamás dirá el Señor Jesús “Pueblo mío”.
¡Amen, sea así, ven, Señor Jesús!
30 de junio de 2013