(12:9) Y será que en aquel día yo procuraré quebrantar todas las gentes que vinieren contra Jerusalén. (12:10) Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito. (12:11) En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Adadrimón en el valle de Megiddo. (12:12) Y la tierra lamentará, cada linaje de por sí; el linaje de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; el linaje de la casa de Nathán por sí, y sus mujeres por sí; (12:13) El linaje de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; el linaje de Simei por sí, y sus mujeres por sí; (12:14) Todos los otros linajes, los linajes por sí, y sus mujeres por sí”. (Zacarías 12:1–14)
El capítulo 12 de Zacarías contiene una profecía no muy difícil de entender, si es que hemos captado bien la bendición futura para la nación de Israel. Hay algunos en la profesión cristiana que rechazan esta verdad, aunque para mí no lo entiendo nada, pues las escrituras son tan claras acerca del cumplimiento de las promesas que Dios hizo a Abraham hace tantos años. “Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz”. Gen 22:17-18 Hay una doctrina vieja y errónea que está presentándose entre algunos que deben saber mejor que trata de espiritualizar las enseñanzas del antiguo testamento, haciendo toda cosa pertenecer a la iglesia. Es parte de la triste senda de apartar de las buenas doctrinas enseñadas durante el tiempo de la recuperación de la verdad de congregarse solo al nombre del Señor Jesús.
Pero yo no sé cómo podemos equivocar, leyendo nuestro capítulo 12 de Zacarías, acerca de la bendición futura de Israel y como va a conquistar a sus enemigos. “Profecía de la palabra de Jehová acerca de Israel. Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho: He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella … y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén. Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá. En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David”. ¿No es interesante leer la comparación a David, el joven pastor de ovejas quien peleó contra el gigante Goliat? Nos hace pensar también a nuestro amado Salvador, el Señor Jesucristo, quien en debilidad fue crucificado, pero fue triunfante sobre todo el poder de Satanás. “Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios”. 2 Cor. 13:4
Los últimos versículos del capítulo hablen del tiempo cuando haya de cumplir el día de expiación, nombrado como la sexta fiesta de Jehová en Levítico 23. “A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová”. En Levítico no habla porque hayan de afligir sus almas, pero aquí en Zacarías nos dice el porqué. “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”. ¿Quién puede ser el a quien traspasaron menos el Señor Jesús? Van a llorar y serán lágrimas de un profundo arrepentimiento por su rechazo de su mesías verdadero. Como hemos visto recién aquí en Zacarías 11, hay otro “pastor” que es nada más que el “asalariado” que no ayudará a los judíos apóstatas que le siguen. “Porque he aquí, yo levanto pastor en la tierra, que no visitará las perdidas, no buscará la pequeña, no curará la perniquebrada, ni llevará la cansada á cuestas; sino que se comerá la carne de la gruesa, y romperá sus uñas”. Zacarías 11:16 Pero el remanente fiel que vemos en nuestro capítulo 12 verá a su David verdadero, el buen pastor quien dio su vida por las ovejas, y llorará.
¡Como las verdades de la escritura nos llenan de gozo, viendo como el Señor Jesús será glorificado y admirado por aquella nación suya, los hijos de Abraham! O amigos míos, ¡no seamos nosotros engañados por los que profesan una vista intelectual y egoísta de la escritura que aplica todo a la iglesia del nuevo testamento! Las profecías de Zacarías deben llenarnos con gozo real, sabiendo que algún día el hombre una vez rechazado, menos preciado, y vendido por 30 piezas de plata va a ser exaltado y glorificado por la misma nación tan culpable, pero ellos también purificados entonces por la sangre de aquel bendito hombre.
23 de junio de 2013