Hemos llegado a otro libro poco conocido, el libro de Sofonías. Sabemos un poco más de Sofonías que el profeta Habacuc. Su genealogía está en el verso 1. “Palabra de Jehová que vino a Sofonías hijo de Cusi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías, en días de Josías hijo de Amón, rey de Judá”. Ezequías era el rey que había sido bastante fiel a Jehová, mas su hijo Manases era el rey más corrupto que Judá había sufrido. Así Sofonías era de sangre noble, de la casa de David, pero sus padres y abuelos no necesariamente eran hombres de fe.
Sofonías vivía en la época de Josías, el último rey fiel de Judá. Leemos de su carácter de Josías, rey que empezó a reinar a los ocho años, en 2 Reyes 22-23, una historia de suma interés y recomiendo su lectura. Fue en esta época que el sacerdote encontró el libro de la ley de Moisés, que increíblemente había sido perdido. Aunque parece ser imposible que la nación de Israel hubiera perdido la palabra de Dios, hay que tener en cuenta que el rey corruptisimo, Manases, había reinado 55 años, y aparentemente durante este tiempo de idolatría terrible habían perdido la ley de Jehová. Pero cuando el sacerdote Hilcías encontró el libro de la ley, se la enseñó al rey Josías quien de una vez la leyó. Se dio cuenta cuán lejos habían estado de obedecerla y envió a la profetisa Hulda quien le contestó así “Ha dicho Jehová el Dios de Israel: Decid al varón que os envió a mí: Así dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y sobre los que en él moran, todo el mal de que habla este libro que ha leído el rey de Judá por cuanto me dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses ajenos, provocándome a ira con toda la obra de sus manos; mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se apagará. … Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrán a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová”. Así Jehová prometió a Josías que a pesar del juicio que iba a venir, Jehová iba a dejarle a Josías morir en paz.
Volviendo a nuestro capítulo de Sofonías 1, vemos que el profeta sabía del juicio venidero, aunque el rey caminaba fielmente sirviendo a Dios y purgando la idolatría de muchos años. Pero parece que entre el pueblo todavía quedaba mucho de los efectos de los 55 años terribles. Vemos en este capítulo la mezcla que había en sus corazones y el resultado era una vergonzosa superstición en vez de la sobria adoración de Jehová. “Extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los habitantes de Jerusalén, y exterminaré de este lugar los restos de Baal … y a los que se postran jurando por Jehová y jurando por Milcom”. ¿Cómo es que juraron por Jehová pero también por un ídolo, Milcom? Bueno, en su superstición, habiendo perdido el sentido y temor del único Dios verdadero, se pusieron a cubrir las posibilidades, jurando por los dos. Y además dijo Jehová, “Asimismo castigaré en aquel día a todos los que saltan la puerta”. El saltar aquí era a través de una creencia que los dioses moraban en las entradas de la casa, y por no ofenderlos, saltaban o brincaban sobre la grieta a la entrada. No creo que sea tan diferente de los que hoy en día, llevan en su bolsa la pata de un conejo, pensando que les va a traer buena suerte.
Pero quizás lo peor de su estado degradado se nota en el verso 12. “Acontecerá en aquel tiempo que yo escudriñaré a Jerusalén con linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el vino asentado, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni hará mal”. En otras palabras, pensaron que Jehová realmente no se interesaba en la nación de Israel, su pueblo escogido. Según su pensamiento, ni iba a bendecir ni iba a maldecir. Podemos decir que habían llegado a ser como ateos o por lo menos, agnósticos. Decían en tantas palabras que si es que hay un Dios llamado Jehová, no se interesa en nosotros para nada.
Menciono todo esto para advertencia a nosotros, los que profesamos ser creyentes en el Señor Jesucristo. ¿Es posible que nosotros lleguemos a tales extremos de incredulidad? Aunque no es posible que perdamos nuestra salvación, si es posible que por caminar en desobediencia sin arrepentimiento llegamos a tal punto de incredulidad. Hay que recordar las palabras de Dios dichos por el profeta Habacuc “el justo por su fe vivirá”. ¡Ayúdanos, o nuestro Dios nunca abandonar la senda de fe!
10 de febrero de 2013