MEDITACIONES

de     P. F.

Habacuc 3: Con todo, yo me alegraré en Jehová  *

Habacuc 2:20; 3:1–19 *

“(2:20) Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra”.  (Habacuc 2:20)


“ (3:1)   ORACION de Habacuc profeta, sobre Sigionoth.
  (3:2)   Oh Jehová, oído he tu palabra, y temí:
  Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,
  En medio de los tiempos hazla conocer;
  En la ira acuérdate de la misericordia.
  (3:3)   Dios vendrá de Temán,
Y el Santo del monte de Parán, (Selah.)
Su gloria cubrió los cielos,
Y la tierra se llenó de su alabanza.
(3:4)   Y el resplandor fué como la luz;
Rayos brillantes salían de su mano;
Y allí estaba escondida su fortaleza.
(3:5)   Delante de su rostro iba mortandad,
Y á sus pies salían carbones encendidos.
(3:6)   Paróse, y midió la tierra:
Miró, é hizo temblar las gentes;
Y los montes antiguos fueron desmenuzados,
Los collados antiguos se humillaron á él.
Sus caminos son eternos.
(3:7)   He visto las tiendas de Cushán en aflicción;
Las tiendas de la tierra de Madián temblaron.
(3:8)   ¿Airóse Jehová contra los ríos?
¿Contra los ríos fué tu enojo?
¿Tu ira contra la mar,
Cuando subiste sobre tus caballos,
Y sobre tus carros de salud?
(3:9)   Descubrióse enteramente tu arco,
Los juramentos á las tribus, palabra segura. (Selah.)
Hendiste la tierra con ríos.
(3:10)  Viéronte, y tuvieron temor los montes:
Pasó la inundación de las aguas:
El abismo dió su voz,
La hondura alzó sus manos.
(3:11)  El sol y la luna se pararon en su estancia:
A la luz de tus saetas anduvieron,
Y al resplandor de tu fulgente lanza.
(3:12)  Con ira hollaste la tierra,
Con furor trillaste las gentes.
(3:13)  Saliste para salvar tu pueblo,
Para salvar con tu ungido.
Traspasaste la cabeza de la casa del impío,
Desnudando el cimiento hasta el cuello. (Selah.)
(3:14)  Horadaste con sus báculos las cabezas de sus villas,
Que como tempestad acometieron para derramarme:
Su orgullo era como para devorar al pobre encubiertamente.
(3:15)  Hiciste camino en la mar á tu caballos,
Por montón de grandes aguas.
(3:16)  Oí, y tembló mi vientre;
A la voz se batieron mis labios;
Pudrición se entró en mis huesos, y en mi asiento me estremecí;
Si bien estaré quieto en el día de la angustia,
Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.
(3:17)  Aunque la higuera no florecerá,
Ni en las vides habrá frutos;
Mentirá la obra de la oliva,
Y los labrados no darán mantenimiento.
Y las ovejas serán quitadas de la majada,
Y no habrá vacas en los corrales;
(3:18)  Con todo yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salud.
(3:19)  Jehová el Señor es mi fortaleza,
El cual pondrá mis pies como de ciervas,
Y me hará andar sobre mis alturas”.  (Habacuc 3:1–19)
Al jefe de los cantores sobre mis instrumentos de cuerdas.

“Más Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra”.  Con este versículo terminó el capítulo 2, pues en este momento el profeta Habacuc se da cuenta que el santo Jehová no iba a equivocar, o en juicio o en misericordia, o con los judíos, o con los gentiles.  “Calle delante de él TODA LA TIERRA”.  Así puede el profeta en el capítulo 3 simplemente rendirse delante de tal Dios y alabar lo que ha hecho en el pasado y mirar hacia el futuro.

En los versos 4-15, me parece que el profeta está meditando en la grandeza de Dios Jehová y sus hechos en tiempos pasados a favor de su pueblo Israel.  Habla de los ríos y del mar y posiblemente refiere al rio de Egipto que fue hecho sangre y el mar Bermejo que abrió para dejar pasar los Israelitas pero llegó a ser el sepulcro de los Egipcios.  Pero cuando llega el verso 16, el profeta esta confesando que el pensar del mismo poder de Dios ejercitado en contra la nación, le causa a Habacuc bastante angustia.  “Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas”.  Pero en este punto volvió en los pensamientos del profeta la confianza en Jehová, fruto de sus meditaciones y conocimiento del carácter de Dios.  Para decirlo así, por tanto que podía en las limitaciones de su época, Habacuc conocía a Dios.  Por eso le sale las palabras de alabanza que siguen, que debe de ser de gran ejemplo a nosotros, pues Habacuc no regocijaba en las circunstancias buenas, sino en JEHOVÁ.

“Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Jehová el Señor es mi fortaleza,
El cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar”.

¡O queridos amigos, que haya en nosotros semejante confianza en el Señor!  Nosotros vivimos en el día de la gracia, cuando Dios se ha revelado en la persona de su Hijo, en una forma totalmente desconocido en los días de Habacuc.  ¡Cuanto más a nosotros nos conviene regocijar en la persona, y no en las circunstancias!

Cito de un hermano respetado que vivía hace más que cien años.  “El hombre desea y busca vivir agradablemente, pero no le interesa vivir felizmente.  A él le gustaría vivir agradablemente, o sea en las circunstancias favorables y prósperas; pero para vivir felizmente, o sea en el favor de Dios, en la luz de Su presencia, en el sentido de Su amor, y en la esperanza de Su presencia en la gloria, eso no le interesa nada.  Es la obra de Dios en el alma, trabajando a través del corazón y la conciencia, hacer al hombre reconocer que pueda vivir felizmente, encontrando su vida solo en la circunstancia más grande, eso es su relación con Dios, habiendo descubierto que esta relación esta por siempre establecido por gracia en la reconciliación preciosa cumplida en la sangre de Cristo”.

FELIPE FOURNIER
3 de febrero de 2013